La mortalidad y morbilidad asociadas con el sobrepeso o la obesidad son conocidas desde hace años.
El sobrepeso se refiere a un peso por encima del rango “normal”. Aunque imperfecto, el cálculo del índice de masa corporal (IMC, definido como el peso en kilogramos dividido por la altura en metros al cuadrado) es ampliamente aceptado para la determinación de bajo peso, peso normal, sobrepeso y obesidad. El sobrepeso se define como un IMC de 25 a 29,9 kg/m2, la obesidad como un IMC de >30 kg/m2 y la obesidad grave se define como un IMC >40 kg/m2.
A pesar de ser fuerte, la relación entre la obesidad y el cáncer es compleja, y no siempre determinante por lo que por ser un “factor que aumenta el riesgo”, no es una característica determinante para que el cáncer ocurra.
La obesidad infantil aumenta el riesgo de cáncer en la edad adulta. Según estudios, los principales factores de riesgo a nivel mundial para las muertes por cáncer combinado para ambos sexos fueron el tabaquismo, seguido del consumo de alcohol y un IMC elevado (rango sobrepeso/obesidad). La combinación con tabaquismo aumenta el riesgo en forma significativa.
Se vincula la obesidad con:
*39% de los casos de cáncer de endometrio, una relación muy fuerte y consistente.
*37% de los adenocarcinomas de esófago –más frecuente en varones–.
*25% de cáncer renal –más frecuente en mujeres–.
*11% de cáncer de colon y recto –solamente en varones–.
*9% de cáncer de mama en posmenopausia.
Se ha observado que cada aumento de un centímetro en la circunferencia de cintura aumenta el riesgo de cáncer de colon, en particular varones de mediana edad, y un aumento de 10 cm de cintura en 10 años aumenta ese riesgo en un 60%.
Existe una correlación lineal entre peso y riesgo para cáncer de hígado y de vesícula.
La cirugía bariátrica se ha asociado con menores riesgos de desarrollar cáncer de mama posmenopáusico, cáncer de endometrio, próstata, páncreas y colon.
¿Qué explica la asociación entre cáncer y obesidad?
Se plantean diversos procesos biológicos: inflamación crónica del cuerpo, alteración en la regulación de la muerte celular, mayor producción de sustancias proinflamatorias, aumento de vasos sanguíneos, exceso de grasa abdominal, cambios en la microbiota, insulina elevada y aumento de estrógenos en posmenopausia.
Conclusión
Se enfatiza la necesidad de adoptar estilos de vida saludables como un método eficaz para reducir el riesgo de cáncer. Esto incluye una alimentación balanceada, ejercicio regular, y la gestión apropiada del peso corporal. Se debe explicar que mantener un peso saludable puede reducir el riesgo de una persona de presentar cáncer.
Los siguientes rasgos se asocian a mejor control de peso: automotivación, regulación de la ingesta emocional y de la ingesta automática, el automonitoreo, restricción calórica flexible, imagen corporal positiva, además de factores socioeconómicos. Es clave el manejo apropiado del entorno emocional.

