En recientes ediciones de EL TELEGRAFO recogimos las inquietudes de organizaciones medioambientales de nuestro medio y de Entre Ríos respecto al grado de seguridad e inocuidad de las instalaciones y acciones paralelas tendientes a la instalación de la planta de hidrógeno verde en Paysandú. Estas preocupaciones abarcan desde la propia esencia de la planta hasta las acciones conexas de expropiación y otras instancias necesarias para el desarrollo del proyecto.
Estas organizaciones plantean dudas legítimas y consideran que las explicaciones dadas hasta el momento no son satisfactorias, debido a la falta de información clave. Esta situación ha llevado a algunos grupos a oponerse frontalmente al emprendimiento.
Es pertinente recordar que estos colectivos, tanto en Uruguay como en Argentina, han manifestado en otras ocasiones su rotunda negativa a proyectos como la forestación y la instalación de plantas de celulosa. En su momento, estas iniciativas generaron una fuerte resistencia, independientemente del partido político en el gobierno.
En este caso, mientras el gobierno saliente y la empresa HIF Global destacan los beneficios de la cuantiosa inversión —aproximadamente cuatro mil millones de dólares en Paysandú—, las organizaciones ambientalistas y colectivos ciudadanos continúan advirtiendo sobre los impactos negativos que, según ellos, podría tener la planta en el medio ambiente y la economía local.
Uno de los voceros de “Paysandú por un Uruguay Soberano”, opositor también a la instalación de la segunda planta de UPM y a otros emprendimientos megaindustriales, reclama por la falta de información pública sobre el proyecto. Cuestiona especialmente la transparencia del acuerdo entre el gobierno y la empresa, así como los procedimientos de recategorización del suelo y evaluación de impacto ambiental, que no habrían pasado por el Parlamento. Además, advierte que la planta podría operar con chimeneas que emitirían sustancias contaminantes las 24 horas, afectando a Paysandú y a las playas de Colón.
Estas inquietudes son comprensibles, como lo fueron en su momento las preocupaciones por los eventuales impactos ambientales de las plantas de celulosa. Sin embargo, en el pasado, la oposición entrerriana adoptó posturas extremas, llegando incluso a medidas condenables como bloqueos de rutas y puentes, con discursos alarmistas que auguraban nacimientos de niños con malformaciones y contaminación masiva del río Uruguay.
Nada de esto ha sucedido. Por el contrario, desde puertos entrerrianos, especialmente el de Concepción del Uruguay, se exportan cientos de miles de toneladas de madera procedente de la forestación argentina con destino a Asia, sin que estos mismos movimientos ambientalistas reaccionen ante esta contradicción. Es evidente que cuando la actividad genera empleo local, las críticas se moderan.
En el caso del grupo de vecinos de Colón preocupados por el emprendimiento de hidrógeno verde, es legítimo que se inquieten por una posible contaminación y su impacto en el turismo. Sin embargo, desde Uruguay se asegura que el proyecto incluirá estrictas medidas ambientales, alineadas con normativas internacionales, y que existirá un riguroso monitoreo de su funcionamiento.
Es importante también señalar que, mientras se denuncia la posible contaminación desde Paysandú, en Colón no existe una planta de tratamiento de efluentes cloacales, lo que implica que las aguas negras son vertidas directamente al río Uruguay. Esto nos recuerda el viejo refrán de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. La conciencia ambiental debe ser transversal y coherente en todos los ámbitos.
Para quienes priorizan este tema, la discusión no debe basarse en fundamentalismos o posturas inflexibles. Para la comunidad en general, que tiene intereses diversos, es necesario considerar una amplia variedad de factores: la posible contaminación, sí, pero también el análisis costo-beneficio, la magnitud de la inversión, la generación de empleo y el impacto positivo en la economía local.
Siempre existirá un cierto grado de impacto ambiental en cualquier actividad industrial, pero debe ser minimizado mediante controles estrictos y el cumplimiento de normativas. La historia de la humanidad ha estado marcada por el desarrollo y la evolución tecnológica, con sus beneficios y desafíos. Es irónico que algunos de quienes critican todo tipo de proyectos también se beneficien de los avances que estos generan.
La verdad absoluta rara vez está de un solo lado. Hay múltiples perspectivas, intereses y prioridades en juego. Lo importante es buscar un desarrollo sustentable, con una visión integral y un compromiso real con el bienestar general. El fundamentalismo ambiental, así como la falta de transparencia empresarial, no contribuyen a una discusión productiva.
En Uruguay, como en otros países en desarrollo, es fundamental romper con el círculo vicioso que nos hace postergar lo importante en aras de salir del paso. Debemos apostar a soluciones responsables y sostenibles, pensando en el futuro sin caer en extremos que nos impidan avanzar.

