Tan automedicados como valientes

La semana pasada se publicaron los datos de un nuevo relevamiento realizado por el Observatorio Uruguayo de Drogas de la Junta Nacional de Drogas (JND), en colaboración con la Dirección General de Planeamiento (DGPlan) y el Servicio Central de Informática de la UdelaR. Se trata del segundo estudio de este tipo luego que en el año 2015 se llevase a cabo una primera edición, en ese entonces con participación también de estudiantes de las universidades privadas. Por esa diferencia es que los estudios no son plenamente comparables y el análisis debe centrarse sobre todo en la foto de este momento más que en una evolución de la situación.
¿Y qué muestra la foto de este momento? Bueno, vayamos por partes. Lo primero a tener en cuenta es que se definió una muestra de tipo probabilístico de 6.500 casos, pero la muestra efectiva, es decir, quienes respondieron la encuesta, fueron 3.098 estudiantes de 18 a 35 años, una tasa de respuesta de 48%, con la que el máximo error esperado sería de 1,76%, según explicaron los autores del estudio. El relevamiento de campo fue realizado entre el 3 de abril y el 16 de mayo de 2024 mediante un formulario autoadministrado.
¿Y qué dicen los resultados? El informe destaca que el 80% de los estudiantes consumió alcohol en el último año y, en promedio, lo toman 3,5 días al mes. El 36% tuvo un consumo elevado en los últimos 30 días, mientras que el 10% del total de estudiantes presenta signos de un consumo problemático de alcohol. El segundo punto fue el del tabaco, y al respecto se encontró que el 48% de las personas consultadas lo consumió alguna vez, el 27% lo hizo en el último año y casi 17% en los últimos 30 días. Se detectó un consumo problemático de esta sustancia entre la población estudiada mucho menor que el registrado en la población general en el mismo rango de edad, solo de 3,4% frente a un 14,9% del resto de la sociedad.
En tercer lugar entre las drogas consumidas por los estudiantes universitarios se encuentra el cannabis. El 50% lo ha consumido alguna vez mientras que el 25% lo hizo en el último año y el 3,7% de los estudiantes presenta signos de consumo problemático. Y un detalle que hace notar el informe es que mientras en la población general los varones con uso problemático de cannabis son el doble que las mujeres, en el ámbito universitario ambos sexos presentan el mismo porcentaje. Refiere también el estudio que el 85% de esos consumidores de cannabis dijo haber obtenido la sustancia “de otra persona que le compartió o regaló”, un 13% declaró haberlo comprado a alguien que cultiva o que es miembro de un club y un 12% lo adquirió en una farmacia.
Pero de acuerdo con los comentarios que efectuaron los responsables del estudio el dato más llamativo aparece en el cuarto lugar con el consumo de psicofármacos en la población universitaria. Las cifras son superiores a las de la población general y uno de los resultados más relevantes de este informe es que el 41% los consumió sin prescripción médica. El 10% de los participantes de la encuesta declaró haber tomado antidepresivos en el último año. Entre las mujeres el consumo de este tipo de fármacos en la población universitaria es sensiblemente mayor al encontrado en la población general en el mismo rango de edad, se triplica la prevalencia de los últimos 30 días: 10% frente a 3,4%. El 13% de los estudiantes consumió tranquilizantes y el 7% opioides, mientras que el 4% indicó haber consumido estimulantes al menos una vez en la vida.
Otras sustancias que aparecen en el estudio: el 6% de la población consultada consumió cocaína alguna vez en su vida y el 1,4% declaró su consumo en el último año. El 8% dijo haber consumido alguna vez alucinógenos y el 6% éxtasis.
El en ese momento secretario Nacional de Drogas, Daniel Radío –quien participó de la presentación de estos resultados junto al rector interino de la Universidad de la República, Alvaro Mombrú–, señaló como el dato más preocupante el del consumo de psicofármacos, sin que ello suponga de manera alguna una minimización de los otros problemas evidenciados por el estudio.
Radío indicó que la investigación tiene el propósito de aportar conocimiento e insumos para el diseño e implementación de políticas públicas en la materia. Respecto al “alto nivel de consumo detectado para el caso de los psicofármacos” resumió que su magnitud “supera sensiblemente lo observado en población no universitaria de un tramo de edad con una incidencia de género muy importante”, lo que a su juicio, abre nuevas interrogantes, por ejemplo, “sobre la capacidad de adaptación y el manejo del estrés en el transcurso de la vida académica”. En una entrevista que publicáramos en setiembre de 2023 el psicólogo especialista en temas de adicción, Hermann Schreck, hablando sobre el problema del abuso del fentanilo en los Estados Unidos planteaba que es un error poner el foco en la droga y no atender los problemas que desencadenan el uso de una sustancia. Entre las razones por las que se recurre al consumo de una sustancia para evadir la realidad se encuentra “la forma de vida que estamos teniendo, con la falta de respuesta real que estamos dando los profesionales de la salud mental, a través de los efectores de salud”. Agrego que “es un gran debe que tenemos hacia la población, las condiciones de trabajo que tienen algunas actividades”. En cierta forma estos comentarios de Radío van en un sentido similar. En el Uruguay actual la proporción de personas en formación terciaria ha crecido mucho. Quizás en algún momento habría que detenerse a pensar si el costo no ha sido demasiado elevado. Porque más allá de profesionales, en la Universidad, así como en otras instituciones educativas y sociales, por qué no, a la postre se están formando personas y no es para nada lo ideal que el ingreso a la vida adulta esté asociado a un consumo problemático.