Sabina Gertopan de Dorfman, una rica historia y un presente “muy feliz”

Octubrina “Sabina” Gertopan de Dorfman, festejó el pasado 8 de abril sus 94 años junto a sus hijos, nietos y bisnietos, una fecha muy especial en la que como cada año recibió además innumerables llamadas de sus seres queridos. El día anterior recibió a Pasividades en su hogar, en una entrevista en la que compartió algunas de sus vivencias en ese largo transitar, que la llevó desde Colonia 19 de Abril hasta Paraguay, donde vivió su niñez y adolescencia, para luego retornar al país y afincarse en nuestra ciudad, en la que muy jovencita formó junto a su esposo Moisés Dorfman –ya fallecido–, una hermosa familia.

Hija de Cecilia Kaplun y Ermindo Gertopan, nació en la Colonia 19 de Abril, y se crió en un hogar de 7 hermanos. “Eran agricultores” como muchos inmigrantes en aquella época, comentó, agregando que cuando ella tenía sólo 4 años (1935), como “no les fue bien, nos fuimos a Paraguay”. Eran años de gran inestabilidad política en aquel país, con permanentes cambios de gobierno. Sabina recuerda que en Asunción vivían en la calle Alberdi, pero también permanecen nítidos en su memoria algunos sucesos dramáticos de aquel momento. “Indios en la calle caminando, las indias con los chicos colgando, y mucha revolución. Subía un presidente, duraba poquito, subía otro presidente; colgaban en la plaza a la gente, nos escondíamos debajo de la cama porque se sentían las balas”, relató. “Entonces mi papá dijo ‘¡basta!, nos volvemos a Uruguay’”, recordó Sabina, que en aquel momento tenía 15 años. “Nos volvimos a Uruguay, viajamos en tren hasta Concordia, pasamos a Salto”, donde estuvieron poco tiempo, y finalmente regresaron a Paysandú.

En Asunción, “yo iba a la escuela República de Bolivia. Iba a venir el presidente y me dieron un ramo de flores para que se lo entregue, y al mes lo fusilan al hombre”, recordó entre tantas anécdotas de aquella niñez en aquel país.

LA FAMILIA Y SU PROPIA TIENDA

Ya instalada en nuestra ciudad la familia Gertopan Kaplun, “trabajé en la tienda ‘Las mil novedades’, ubicada en 18 de Julio esquina Monte Caseros, durante 5 años hasta que me casé”, contó. En las reuniones de la colectividad que se realizaban por aquellos años, conoció a quien luego sería su esposo. Tras un breve noviazgo de alrededor de un año, ella con 23 años, “nos casamos y a los 9 meses y 3 días nació Mario”, recordó, para acotar luego que “a los 5 años nació Mónica”. Inicialmente Moisés tenía un boliche en la Colonia 19 de Abril, también transportó remolacha y finalmente, en la década del ‘60 se dedicó al negocio de la chatarra, con la compra de hierro y materiales en desuso. Decidida a apoyar a su marido económicamente, pues “la cosa no iba bien”, Sabina resolvió abrir una mercería “en el comedor de mi casa”, según nos dijo, y luego, se instaló en un local contiguo. La tiendita ubicada en Verocay casi Uruguay se llamaba “Gardeña”, aunque el público siempre se refirió al lugar como Sabina. “Estuve 30 años en la mercería hasta que me jubilé”, contó, y agregó que hasta el día de hoy “hay que ver cuando ando en la calle, cuando voy a Comepa, cuando voy al súper, cómo todos me reconocen”, aunque ya hayan pasado más de tres décadas desde que atendía su tiendita. “Y después mi marido hizo esta casa grandota, pensando en que teníamos tantos nietos y en cuando venían los de Buenos Aires”, expresó y reflexionó que han transcurrido “más de 30 años ya en esta casa”.

UN MATRIMONIO DE MÁS DE 50 AÑOS Y MUCHOS VIAJES

Junto a su esposo compartió “toda una vida, 54 años estuvimos juntos”, celebró.
Como algunos de sus hermanos mayores permanecieron en Paraguay, “cuando vivía mi marido íbamos todos los años, con mi hermana y mi cuñado también”, contó. El año pasado incluso viajó junto a su hijo dos veces en avión, oportunidad en la que conoció el Museo Conmebol. Además, en excursiones junto a amigos de la comunidad judía viajaron “muchísimo”. “Fuimos dos veces a Israel, conocimos Córdoba, Rosario. Viajamos muchísimo”, aseguró. “Acá había (hay) un salón de la colectividad, nos reuníamos, hacíamos excursiones, era muy lindo todo eso, y quedó en lo mejor de mis recuerdos”, comentó.

“SOY FELIZ”

Al hacer una retrospectiva de lo que ha sido su vida, pero también mirando su presente, reafirmó: “sí, soy feliz. Vivo tranquila en esta casa, tengo seis maravillosos nietos en Buenos Aires y en Paysandú, y seis bisnietos, y dos que vienen en camino, hago una vida sana, tengo unos vecinos maravillosos con los que siempre puedo contar”.
Sabina es una ávida lectora. “Mi hijo me trae todos los días EL TELEGRAFO”, contó, y confió que en este momento está leyendo la última obra de la escritora española Julia Navarro, obsequio de su hija en su última visita, que desde hace unos 40 años reside en Buenos Aires. Además disfruta de limpiar su casa, cuidar las plantas, y “hago los mandados sola. Me encuentro con gente, me gusta conversar, ir al supermercado con el carrito. Me hago solita las compras, soy muy independiente”, reafirmó.
Ama a su familia, que siempre está presente, con visitas o llamadas diarias desde la distancia, y frecuentes reuniones familiares en las que ella se encarga de llevar la ensalada. “Tengo un nieto mayor que viene todos los días a verme”, comentó, resumiendo así los gestos de cariño recíproco que se expresan en esta familia y que hablan de ese vínculo muy estrecho que ha mantenido durante toda su vida con sus hijos, sus nietos y, ahora también, sus bisnietos.