Trump en el centro del ring, pero con un final incierto

Desafiante, parado en el medio del ring, y en el que denominara el “Día de la Liberación”, el presidente de los Estados Unidos Donald Trump protagonizó la entrega del capítulo principal de su programa de recuperación de su país, el “Make America Great Again” (MAGA), que en este caso es la nómina de los aranceles (impuestos) para el resto del mundo que en su óptica ha estado “despojando” todos estos años a los estadounidenses de sus riquezas, incluyendo particularmente los puestos de trabajo. Decimos el capítulo principal porque se trata de un menú en el que supuestamente están incluidos en una lista los aranceles máximos que Trump está dispuesto a aplicar desde el vamos, a partir de una tasa general adicional de 10 por ciento y luego con discriminación por países, los que de acuerdo al criterio del mandatario están expoliando a los Estados Unidos en una diversidad de formas y porcentajes, por lo que a su juicio lo que hace su país es devolver el golpe arancelario desmedido que hace tiempo vienen aplicando sus socios comerciales.
Para ello, y luego de “adelantos” ya formulados desde el inicio de su mandato en el caso del aluminio, el acero y los automóviles, el presidente Donald Trump declaró una “emergencia económica nacional” y anunció aranceles de al menos 10% para todos los países, con tasas aún más altas para 60 países considerados los “más infractores”, según funcionarios de la Casa Blanca.
Los aranceles masivos que el presidente Donald Trump anunció contra docenas de países se presentaron como “recíprocos”, igualando lo que otros países cobran dólar por dólar estadounidense, incluso considerando barreras no arancelarias como el impuesto al valor agregado y otras medidas similares.
Pero el cálculo real que la administración Trump parece haber utilizado no parece ser recíproco en absoluto. Igualar los aranceles de los países dólar por dólar es una tarea increíblemente difícil, que implica analizar minuciosamente la lista arancelaria de cada país y comparar una compleja gama de productos, cada uno con diferentes cargos para sus distintas variantes.
En cambio, la administración Trump parece haber utilizado un cálculo bastante simple: el déficit comercial del país dividido entre sus exportaciones a Estados Unidos multiplicado por la mitad. Eso sería todo.
En el caso de América Latina las medidas anunciadas incluyen un arancel de 10% a todas las importaciones procedentes de países de América Latina, en tanto Venezuela y Nicaragua enfrentarán tasas más elevadas, del 15% y el 18%, respectivamente.
A su vez China ahora enfrentará un arancel del 54% bajo la nueva política, en tanto Beijing, la UE, Japón y Corea del Sur ya amenazaron con aranceles de represalia. La noticia tuvo su impacto inicial: tras el cierre del mercado, las bolsas estadounidenses cayeron bruscamente, al igual que los mercados asiáticos, en respuesta al anuncio de los aranceles. Destacados economistas declararon a los medios internacionales su temor de que los aranceles pudieran provocar una recesión mundial.
Por supuesto, los países afectados –el resto del mundo, en realidad– no han demorado en responder a estos anuncios. Una portavoz del gobierno francés acusó a Trump de querer ser el “amo del mundo”, en un inusual ataque personal contra el presidente estadounidense. Sophie Primas declaró a la emisora de radio francesa RTL que los aranceles serían un “duro golpe” para las economías internacionales y europeas, pero aseguró que Europa seguirá negociando con Estados Unidos. La UE está preparando contramedidas.
Repercusiones de similar tenor se han dado en prácticamente todos los países, sobre todo a partir del criterio de Trump respecto al porcentaje de los aranceles, que se entienden se basan en parámetros confusos, contradictorios y en muchos casos aparecen como con contenido ideológico, pero a la vez se indica que se mezclan aranceles con lo que son barreras sanitarias y otros elementos utilizados para llegar a esos niveles.
Lo que sí es seguro, es que estos aranceles, de mantenerse inamovibles, serán de duro impacto para la economía mundial en general, pero sobre todo para el consumidor estadounidense, desde que algunos estudios ya están arrojando que cada consumidor deberá pagar entre 4.000 y 5.000 dólares más por año debido a estos aranceles, que en los hechos no son otra cosa que impuestos a los productos que ingresan y que por lo tanto el fabricante deberá cargar sobre el comprador final.
El profesor de economía Justin Wolfers, de la Universidad de Michigan, afirmó que también se espera que el costo de vida aumente un 6%, ya que las empresas trasladarán los costos adicionales a los consumidores.
“Esto se reflejará en los precios prácticamente mañana mismo”, afirmó. “Es un problema que perjudicará especialmente a los estadounidenses de clase trabajadora y media. Por lo tanto, veremos cómo las consecuencias empiezan muy pronto”, añadió el profesor.
Mientras tanto, como se preveía, la Unión Europea prepara contramedidas tras el anuncio del presidente de EE. UU., Donald Trump, de imponer aranceles del 20% a las importaciones del bloque, una medida que la UE califica de “duro golpe para la economía mundial”. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió de las “enormes consecuencias” de esta decisión, alertando que la incertidumbre aumentará y que podría desencadenarse el auge del proteccionismo.
Se da el contrasentido, por otro lado, que algunos de los aranceles más severos del presidente estadounidense Donald Trump afectarán a los países más pobres y vulnerables del mundo, incluyendo aquellos que se encuentran en medio de mortíferas guerras civiles y emergen de crisis económicas agobiantes.
El histórico anuncio arancelario del presidente Donald Trump tendrá un fuerte impacto duradero en el sur de Asia, donde Estados Unidos es un importante destino de exportación para muchos países de la región, según analistas.
Pero, la interrogante que surge tras esta puesta en escena es cuál es realmente el juego de Trump en su ruleta de aranceles, porque en uno de los apartados de sus anuncios se indica que se trata de aranceles máximos, y que el mandatario ha presentado un menú para que los “socios” comerciales caigan de a uno a negociar, ya con la espada en el pecho. Y esa es la estrategia, según se especula, el tirar 100 sobre la mesa para dejar cincuenta o menos, pero siempre con una posición ventajosa respecto a cómo estaban dadas las cosas en las relaciones comerciales. Ergo, esta “pateada de tarros” a la Organización Mundial de Comercio y las relaciones comerciales bilaterales son en los hechos un puñetazo sobre la mesa junto al garrote para obtener ventajas comerciales desde una postura de fuerza, con el intento adicional de que algunas multinacionales regresen con sus emprendimientos a Estados Unidos y crear empleos que ahora están en el extranjero –para lo que necesitarían no menos de tres a cuatro años, es decir más allá de su administración de gobierno–, asumiendo el riesgo de que la inflación trepe en EE.UU. –y a nivel global– a niveles desaforados en el corto plazo.
Es decir, el remedio elegido puede resultar peor que la enfermedad, dando la razón a quienes ya habían afirmado que los aranceles del presidente Donald Trump son una apuesta en una “mesa de póker global”, de alto riesgo, advirtiendo sobre los tiempos inestables que se avecinan.