Recientemente dábamos cuenta a través de un artículo de EL TELEGRAFO que de acuerdo con el Monitor Educativo presentado por la División de Investigación, Evaluación y Estadística (DIEE), junto a la Dirección General de Educación Inicial y Primaria (DGEIP), durante 2024 Primaria atendió a 26.032 estudiantes menos que en 2020, lo que equivale a un descenso de 7,6% de la matrícula.
La causa principal que se menciona es que la disminución no responde a un menor nivel de la cobertura ni a un traspaso al sector privado, sino que resulta del impacto de la gran caída de los nacimientos en el país registrada desde 2016.
Según Monitor Educativo, que facilita el acceso a la información sistematizada acerca de la Educación Inicial y Primaria, en el período 2002-2024 a nivel nacional y departamental, la repetición global en educación común (de 1º a 6º) se ubicó en 2%, un punto porcentual por encima de 2023 y 0,8 puntos por debajo de 2022. En cuanto a la asistencia, fue de 84,4%, valor similar a la de 2023, por debajo de los registros previos a la pandemia (86,2% en 2019).
A su vez en inicial, la tasa de asistencia fue de 76%, valor muy cercano al de 2023 y 8,4 puntos porcentuales menor al de Primaria. La tasa de asistencia fue mayor en el Interior que en Montevideo, en los grados más altos respecto a los más bajos y en los quintiles menos vulnerables.
Este descenso en la matrícula evidentemente tiene relación directa con el hecho de que la pirámide demográfica en el Uruguay ha agudizado la tendencia de los últimos años, que es de carácter global, pero que es más que nada un sello de los países desarrollados –no es nuestro caso, precisamente–, donde hay un mayor envejecimiento de la población y retroceso en los nacimientos, con familias que tienen cada vez menos integrantes.
Remitiéndonos a la realidad de la región, informes periodísticos indican que por ejemplo la caída en la cantidad de nacimientos por año en la Ciudad de Buenos Aires es preocupante y sus efectos son visibles. Los datos proyectados dicen que para el año 2028 la inscripción en primer grado tendrá un 33% menos de niños. De mantenerse esta tendencia, se llegará a ver que más de la mitad de los bancos de las escuelas permanecerán vacíos.
Desde 2019, en la ciudad mueren por año más personas que las que nacen, y solo por mencionar algunos ejemplos, lo mismo ocurre en ciudades tan distantes y disímiles como Bogotá, Madrid, Seúl, Tokio, Oslo, Múnich, Estocolmo, entre otras.
Y el origen radica en que las personas en condiciones de tener hijos hacer valer sus decisiones de no tener hijos o postergar los nacimientos, en base a argumentos razonables de acuerdo a sus prioridades o forma de pensar y ver la vida.
Sobre todo en países de la región, pero extrapolable también a una visión global, se menciona el factor económico, las consecuentes mayor cantidad de horas de trabajo por los componentes de la pareja, espacio reducido, necesidad de ayuda de fuera de la familia, etcétera. Pero muchas de las parejas que no tienen dificultades económicas, incluso aquellas cuyos sueldos combinados son holgados, tampoco tienen hijos, y por ende los argumentos tienden a centrarse en la competitividad de sus carreras, el aprovechamiento de la vida en sí, y en razones más abstractas, como dudas existenciales de la pareja o personal.
En reportaje del semanario La Mañana, el asesor en instituciones educativas Aníbal González Izaguirre, da cuenta sobre este tema, que en un informe de ANEP del año 2022, se establece que la población en edad escolar (de 0 a 17 años) disminuirá un 25% hacia el año 2030. Los nacimientos ocurridos después de este informe fueron menores a los proyectados, por lo que la caída será aún más pronunciada de lo previsto. Ante esta tendencia, “prevemos una gran racionalización de la oferta educativa, lo que supondrá los mayores cambios en la educación privada en la historia reciente del país. Estos incluirán cierres de jardines y colegios, fusiones, adquisiciones y posiblemente veamos diferentes innovaciones en las propuestas educativas atendiendo a esta y a otras tendencias sociales de la actualidad. En concreto, en cuanto a la oferta educativa privada, entendemos que, si nada cambia, en los próximos cinco años cerrarán unos 80 centros privados aproximadamente”.
Claro que este escenario no solo determina esta situación en la educación privada, sino que como da cuenta el monitor, la caída se da a nivel de todo el sistema, tanto estatal como privado, porque la caída de la natalidad es la causa principal.
En este contexto, desciende asimismo año a año la población en la matrícula en escuelas rurales. No desciende tanto la cantidad de escuelas porque la decisión de Primaria responde a que las escuelas se van quedando con menos niños pero se van manteniendo abiertas hasta lo más que se pueda, incluso hasta que queda sin niño, que es en el momento que se puede cerrar una escuela. Por lo que, digamos que de las aproximadamente 1.120 escuelas del medio rural, unas 900 son de maestro único, es decir, que tienen una cantidad de niños baja de tal modo que hay un solo docente en la escuela y de esas 900 hay unas 600 que tienen 10 niños o menos y unas 250 tienen cinco niños o menos.
En este caso estamos ante un fenómeno agudizado por la despoblación rural dentro de una tendencia nacional y global. Hay que tener en cuenta que en el último año, por ejemplo, Estados Unidos alcanzó en 2023 la tasa más baja de fertilidad de su historia, con la porción más grande de mujeres entre 25 y 44 años que nunca tuvieron un hijo. Un estudio del Pew Research Center reveló que 57% de los adultos menores de 50 años que indican que es improbable que formen una familia señalan la falta de interés como uno de los factores principales.
Por su parte, Rusia, donde la caída de la fecundidad es muy agudizada, temen que la intervención propagandística de occidente esté desalentando los nacimientos. El Congreso ruso aprobó en una primera lectura el polémico proyecto de ley que penaliza la difusión de propaganda que busque desalentar los nacimientos o promueva las familias sin hijos.
La realidad uruguaya indica que estamos en un país que tiene una de las mayores tasas de alfabetización del mundo y también de escolarización de niños en todos los estamentos de la sociedad, por lo que estamos lejos de otras realidades en las que el problema no es solo de natalidad, sino también de decisiones o posibilidades de que los niños reciban educación desde la más temprana edad.
Ergo, la caída de la matrícula escolar tiene una base fundamentalmente cultural, y por lo tanto sobre este factor debe actuarse en procura de por lo menos reducir esta tendencia que tiene que ver con el propio núcleo de cada familia, con la problemática de metas personales y/o de pareja, prioridades, creencias, escenario socioeconómico, etcétera.
Ello nos la pauta de que estamos ante una realidad de muy difícil reversión por ser multicausal y por lo tanto con respuestas a medida de difícil identificación y mucho más aún, de aplicar con alguna perspectiva de éxito. Y no solo en nuestro país, sino en el mundo entero, porque conlleva nada menos que cambiarle la cabeza, la forma de pensar y las prioridades a la gente.