Cambio climático ya está presente, pero combatirlono justifica compartir algunas posturas radicales

Para el Ing. Quim. Joaquín Guillamon Moreira, el cambio climático no nos plantea una amenaza futura, sino que ya es un presente innegable y como tal hay que actuar. El profesional sanducero, investigador de una fundación que trabaja para el Laboratorio Tecnólogico del Uruguay (LATU), aportó sus reflexiones personales a propósito de la reciente conmemoración, el 5 de este mes, del Día Mundial del Medio Ambiente, y la vez acotó que lamentablemente existen grupos que, guiados por buenos propósitos, apuestan a posturas radicales por las que se oponen a todo emprendimiento que entienden, amenaza el equilibrio natural.
Precisó el profesional que en la misma semana en que “en nuestro Departamento celebramos los 162 años de Paysandú Ciudad, a nivel mundial también se conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha para recordar porque todos compartimos un mismo hogar: la Tierra. Nuestro planeta enfrenta grandes desafíos — como la contaminación, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático–, pero también nos ofrece la oportunidad de hacer las cosas mejor”.

Subrayó que el cambio climático “no es una amenaza futura: es una realidad presente. Sus efectos ya se sienten en distintos rincones del planeta, desde olas de calor sin precedentes y sequías prolongadas hasta huracanes más intensos y el deshielo acelerado de los polos”.
“De hecho, aquí en nuestra querida ciudad de Paysandú, las inundaciones del río Uruguay, causadas por el efecto de ‘El Niño’, se están dando cada vez más seguido y con mayor severidad, causando que muchos sanduceros tengamos que salir de nuestras casas. No estamos hablando de un problema exclusivo de científicos o ambientalistas. Estamos ante una crisis global que afecta los distintos ecosistemas y la salud de nuestro planeta; y esto luego afecta en nuestra salud, nuestra seguridad alimentaria, nuestra economía y, en última instancia, la estabilidad de nuestras sociedades”, reflexionó.
Para el Ing. Quim. Guillamon el clima de nuestro planeta es un sistema muy frágil que puede sufrir alteraciones significativas ante pequeños cambios en la atmósfera de nuestra Tierra, “y esto puede causar consecuencias directas sobre el bienestar humano y ecológico. Aunque no lo veamos a simple vista, la atmósfera terrestre naturalmente posee una combinación de determinados gases que hacen posible la vida en nuestro planeta: el oxígeno (O2) es el gas que nos da la vida mediante cada respiración que damos; en cambio, otro gas últimamente maldecido, como el dióxido de carbono (CO2), es el principal responsable de mantener la temperatura terrestre a niveles tales que hacen viable la vida en nuestro planeta. Básicamente, la molécula de CO2 absorbe la radiación infrarroja de los rayos solares y retiene parte de dicha energía en forma de calor, lo cual provoca un aumento de la temperatura de la atmósfera usualmente conocido como ‘efecto invernadero’”.

Destacó que el efecto invernadero es un proceso que ocurre naturalmente en la atmósfera de la Tierra, y es un fenómeno que se conoce desde larga data. En pocas palabras, la presencia de CO2 en la atmósfera “permite que la Tierra se mantenga en un rango de temperatura en el cual podemos vivir. El problema es que si la concentración de CO2 (u otros gases considerados ‘gases de efecto invernadero’ (GEI)) aumenta, más calor se va almacenando en la atmósfera y esto provoca un aumento de la temperatura media del planeta, comúnmente denominado ‘calentamiento global’. Este problema, sin duda, ha empeorado desde que nuestra sociedad depende casi por completo de los combustibles fósiles”.

Posturas rígidas

Consideró asimismo el investigador que “en el debate sobre el desarrollo sostenible y la protección ambiental, existen grupos dentro de la sociedad que adoptan posturas muy rígidas en defensa del medioambiente. Estos sectores, motivados por una profunda preocupación por la degradación ecológica, a veces sostienen que no se debe intervenir en ciertos ecosistemas, que no se debe modificar el paisaje ni realizar actividades humanas que, a su juicio, puedan poner en riesgo el equilibrio natural”, al punto que “desde su perspectiva, cualquier acción que implique la alteración del entorno es vista como una amenaza. Esta visión, aunque nace de una intención legítima de proteger la naturaleza, puede llevar a posiciones absolutas que impiden el diálogo, dificultan la implementación de soluciones sostenibles e incluso frenan avances tecnológicos o económicos que podrían ser compatibles con el cuidado ambiental”.

Tema con complejidades

Consideró que el problema surge “cuando estas posturas no consideran la complejidad de las realidades sociales, económicas y culturales de los territorios. Una protección ambiental efectiva no puede basarse únicamente en la negación o en el inmovilismo, sino que debe construirse desde el conocimiento técnico, el consenso social y el compromiso con el desarrollo responsable. Proteger el medioambiente no implica ‘no hacer nada’, sino hacer las cosas de otra manera: con planificación, respeto y visión a largo plazo”.
Observó en este sentido que “todo lo que hacemos tiene un impacto en el planeta. Desde cosas simples como encender la luz o usar el celular, hasta actividades más grandes como fabricar productos o construir nuestros hogares, todas nuestras acciones generan emisiones de CO2, el principal gas responsable del cambio climático”, en tanto trajo a colación que “este problema no es nuevo. Desde la Revolución Industrial, hace más de 200 años, hemos ido desarrollando tecnologías, industrias y formas de vida que dependen en gran medida de combustibles fósiles como el petróleo, el gas y el carbón. Estos recursos nos han permitido desarrollarnos y avanzar como sociedad, pero también han hecho que liberemos cada vez más CO2 a la atmósfera y estemos creando un caos en la naturaleza. ¿El resultado? Un planeta que se calienta, con cambios en el clima que afectan a todos”.

A la vez, “la buena noticia es que podemos hacer algo al respecto. El combate al cambio climático requiere una acción integral y coordinada en múltiples frentes. Una de las principales estrategias es la medición de la huella de carbono, que permite identificar y cuantificar las emisiones”, en tanto complementariamente, mejorar la eficiencia energética y en el uso de recursos contribuye a disminuir el consumo de energía y materias primas, “reduciendo así la presión ambiental y los costos operativos. Estas acciones se ven potenciadas por la generación de electricidad a partir de fuentes renovables, que reemplazan a los combustibles fósiles y reducen significativamente las emisiones”.

Sin soluciones mágicas

“Otra línea clave es la electrificación de procesos, especialmente en sectores como la industria y el transporte, que permite sustituir tecnologías basadas en combustibles fósiles por alternativas más limpias. Esta electrificación se vuelve aún más eficaz cuando se acompaña del uso de sistemas de almacenamiento de energía, como baterías y tecnologías basadas en hidrógeno, que permiten gestionar la variabilidad de las fuentes renovables y garantizar un suministro energético continuo. Finalmente, las tecnologías de captura de carbono representan una herramienta crucial para mitigar las emisiones en sectores difíciles de descarbonizar, como la producción de cemento o acero. Estas líneas de acción, implementadas de forma complementaria, constituyen una base sólida para la transición hacia una economía baja en carbono”.

Para el Ing. Guillamon igualmente “no existen soluciones mágicas para este problema –turbinas eólicas, autos eléctricos, hidrógeno, y ni que hablar de los autos a combustión interna–, toda actividad humana tiene un impacto en nuestro planeta. Pero no hacer nada, como proponen muchos, tampoco es una buena opción, ya que nos dirigimos a un escenario con potenciales consecuencias catastróficas para la vida en la Tierra. Hoy por hoy ya existen herramientas que podemos utilizar para disminuir las emisiones de CO2 que liberamos en nuestras vidas cotidianas. Uruguay, y Paysandú en particular, tiene hoy la posibilidad de ser parte de este cambio tan necesario para cuidar nuestra casa común y debemos aprovechar esta oportunidad”, refiriéndose a la posibilidad de producir hidrógeno verde y combustibles sintéticos a partir de este proceso.
Observó que si la temperatura de la atmósfera se eleva hasta niveles peligrosos, “no es solo las inmediaciones de la desembocadura del hermoso río Queguay lo que potencialmente se podría ver afectado, sino que en general la vida en todo nuestro planeta será cada vez más difícil. No hay un planeta ‘B’. La crisis climática nos desafía, pero también nos une en una causa común: cuidar la Tierra, nuestro único hogar”.