Experta chilena destacó la nutrición láctea para optimizar crecimiento y eficiencia en terneras

La doctora Ana Velásquez Muñoz, de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Salud Pública, de la Universidad Católica de Temuco, Chile, enfatizó en su exposición durante la primera jornada de las 52.ª Jornadas Uruguayas de Buiatría, que la fase de crianza o predestete de terneras de lechería “es la etapa más costosa en la producción de hembras de reemplazo”.

Sostuvo que “potenciar la inmunidad y nutrición desde el nacimiento al destete aumenta significativamente la probabilidad de cumplir con los objetivos sanitarios, de crecimiento, productivos y reproductivos, permitiendo que estos animales alcancen su potencial genético”. Y precisó que el manejo del calostro “es fundamental para reducir el riesgo de enfermedades y mortalidad en las primeras semanas de vida, pero también hay evidencia de un efecto a largo plazo en la reproducción”.

Por otro lado, expresó que la alimentación de los terneros en sistemas de crianza artificial “debiese ajustarse al desarrollo del sistema digestivo, desde prerumiante a rumiante, con un enfoque particular en aumentar el consumo de leche en el primer mes de vida, momento en el que el consumo de alimentos sólidos permanece bajo”.

Entiende que “un buen manejo del calostro, en conjunto con un aumento de la oferta de alimento lácteo, en conjunto con el ofrecimiento de un concentrado de iniciación de buena calidad y palatable son una estrategia clave para asegurar un correcto desarrollo de las hembras de reemplazo. Esto no solo favorece su crecimiento, sino que también genera beneficios en bienestar animal y futura producción”.
Explicó que el manejo y administración del calostro “es fundamental para asegurar la adecuada transferencia de inmunidad pasiva. Según las recomendaciones actuales, los terneros recién nacidos deben recibir calostro con una concentración mínima de 50 mg/ml de inmunoglobulina G, equivalente a 22% Brix al medir con refractómetro. Además, este calostro debe provenir de una ordeña higiénica y con baja contaminación bacteriana. La administración de calostro, debe realizarse lo antes posible posterior al nacimiento, proporcionando del 10 al 12% del peso vivo”.
Aclaró en su disertación que “es de suma importancia monitorear la inmunidad pasiva en la ternera, dado que existen cuatro categorías de inmunidad pasiva, las cuales están asociadas con la presentación de enfermedades y mortalidad durante la crianza. Idealmente, el 40% de las terneras deben estar en la categoría ‘excelente’ y menos de 10% en la categoría ‘pobre’ lo que equivale a una falla en la transferencia de inmunidad pasiva”. Por otro lado, “la oferta de leche bajo sistemas convencionales (10% del peso) ha mostrado efectos negativos sobre el bienestar animal, el crecimiento o, desarrollo del parénquima mamario y futura producción de leche”.

La profesional chilena indicó que durante las primeras 4 semanas de vida, “la principal fuente de calorías y nutrientes proviene del alimento lácteo, ya que el consumo de concentrado de iniciación se mantiene bajo, independiente de la cantidad de leche ofrecida. Al aumentar la oferta de alimento lácteo a un mínimo del 20% del peso vivo al nacimiento se mejora el bienestar animal, reduciendo comportamientos asociados al hambre y la búsqueda de alimento en beneficio de comportamientos como el juego y el descanso. Además, al proporcionar nutrientes por sobre los requerimientos de mantención, los animales pueden compensar por eventos de salud, condiciones adversas en el ambiente y los estresores comunes de la crianza artificial. Por consiguiente, se ve un efecto directo en el aumento de la ganancia de peso diaria durante el predestete”.

Finalmente, Velásquez Muñoz expresó que “se ha descrito que el aumento en la oferta de leche también incrementa el parénquima mamario y la producción de leche en la primera lactancia, con incrementos superiores a los 1.000 kg en 305 días de lactancia. Si bien la nutrición láctea intensificada tiene limitaciones, estas pueden controlarse con manejos simples para obtener los beneficios asociados con un manejo adecuado de la alimentación láctea.

CLAVE EN LA EFICIENCIA

Un factor clave en la eficiencia de los sistemas productivos lecheros “es la crianza de hembras de reemplazo y que estas sean capaces de lograr todos los objetivos de crecimiento, reproductivos, sanitarios y de producción. Durante décadas, se ha estimado que producir hembras de reemplazo representa entre el 15 al 20% de los costos totales de producción, siendo el segundo gasto más elevado de las lecherías”.
Dentro de este proceso, la fase de crianza o predestete (del nacimiento al destete) “es la más costosa y la alimentación con leche o sustituto lácteo representa aproximadamente el 40% de los gastos totales. Además, este periodo se caracteriza por una alta susceptibilidad a enfermedades y mortalidad”. En los últimos 20 años, la investigación sobre la crianza de terneras de lechería “a aumentado considerablemente, promoviendo cambios en recomendaciones, las que no solo se han enfocado en mejorar el crecimiento y la sobrevivencia, sino también en optimizar el bienestar animal. Los objetivos sanitarios del predestete incluyen una mortalidad inferior al 3% y una incidencia de enfermedades digestivas y respiratorias del 15 y 10%, respectivamente. Por otro lado, una ganancia de peso diaria (GPD) superior a los 800 gr/día se considera óptima. En términos reproductivos, el encaste debiese ser a los 12 a 13 meses de edad con el 55% del peso adulto y el primer parto entre los 21 a 24 meses con el 85% del peso adulto”.

Sin embargo, explica que “lograr estos objetivos es sumamente difícil si no se satisfacen los requerimientos nutricionales desde el nacimiento. Por otro lado, la nutrición de los terneros en sistema de crianza artificial, debiese considerar y adaptarse a la transición fisiológica del ternero, desde la fase de prerumiante a rumiante”.

Hay que considerar que la crianza artificial de terneras de lechería “es intensiva y caracterizada por manejos que generan estrés en los animales. A su vez, el periodo de crianza o predestete es bastante reducido en tiempo en comparación con sistemas productivos de bovinos de carne y tradicionalmente, se ha implementado una restricción en la oferta de alimento lácteo, con el fin de estimular un desarrollo ruminal temprano mediante la introducción de alimentos sólidos”. No obstante, la investigación de las últimas dos décadas “nos ha entregado evidencia de que una adecuada provisión de calostro en conjunto con una mayor oferta de leche, se asocia con beneficios en el crecimiento, salud y el bienestar de los terneros”.