Porque leer también es estar acompañado; el libro invita al encuentro y tejer vínculos

Autores sanduceros, lectores entusiastas y generaciones distintas se encontraron en torno a la palabra escrita en una jornada que celebró al libro como puente de encuentro. La Biblioteca “María Teresa Vásquez Varela” de la Asociación de Jubilados y Pensionistas de Paysandú (Ajupe) festejó el Día del Libro con una velada poética que reunió a escritores locales, socios de la institución y asistentes del Centro de Día Pasionaria. La actividad tuvo lugar el 27 de mayo, con la música de Alberto Vargas como telón de fondo, en una tarde donde los libros y la memoria compartida fueron protagonistas.

La jornada fue inaugurada por Daniel Maidana, quien evocó a la docente y lectora que da nombre a la biblioteca. “Está más que merecido que nuestra pequeña-gran biblioteca lleve el nombre de una mujer que estuvo en nuestra asociación desde el génesis mismo”, expresó. A continuación, Ana Gonnet, responsable del servicio, dio la bienvenida a los asistentes.

Participaron los escritores sanduceros Antonino Campos, Ricardo Cattani y Andrés Irazoqui, quienes compartieron textos y vivencias como autores. Desde el taller de lectura del Centro de Día, una usuaria leyó un texto propio, en uno de los momentos más emotivos de la jornada, que puso en evidencia la lectura como herramienta de expresión y encuentro.

LA BIBLIOHELADERA DEL CENTRO DE DÍA

El Centro de Día Pasionaria impulsa desde hace más de seis años la biblioheladera. “Surgió desde los propios usuarios”, contó la psicóloga Andrea González, referente del centro. La propuesta nació con el objetivo de tener una biblioteca accesible, y se concretó cuando la educadora Julia Souza contactó a la Red de Biblioheladeras y consiguieron una heladera reciclada para albergar libros.

Desde entonces, la colección creció gracias a donaciones y compras realizadas con fondos del centro. Los libros son seleccionados por los propios usuarios, que también definen los temas de los talleres semanales, como plantas nativas, yuyeras, autores uruguayos o cuestiones de género. “También hemos abordado otras temáticas vinculadas a sus vidas cotidianas”, explicó González.

Más que un objeto, la biblioheladera es un símbolo de cercanía y cuidado. “Cuando hace mucho frío y algunos no pueden venir al centro, nosotros les llevamos libros a sus casas, como una manera de seguir cerca”, relató la psicóloga. Así, la lectura se convierte en un hilo que conecta a las personas entre sí y con la institución.

LEER CON OTROS

Durante la semana del libro, el equipo del Centro de Día visitó un CAIF, donde leyeron cuentos a niños pequeños y representaron una historia sobre el invierno y el abrigo, en vínculo con el proyecto “Tejer para niños”, a través del cual confeccionan mantas para donar. “La lectura no está aislada, es parte de un hilo que une todas las actividades que hacemos”, subrayó González.

Aunque la inauguración formal de la biblioheladera aún está pendiente, el dispositivo ya fue redecorado y está en funcionamiento. “En realidad, siempre nos sentimos parte de la red; fuimos a la Feria del Libro, donde cantó nuestro coro, y participamos todo el año en distintas actividades”, comentó.

COMPROMISO CON LAS PERSONAS MAYORES

El Centro de Día también formó parte de un seminario regional en Salto, junto a delegaciones de Salto, Paysandú, Río Negro y Tacuarembó, enfocado en la prevención del maltrato hacia personas mayores. “Participamos en la comisión de seguimiento y trabajamos sobre los distintos tipos de violencia y los dispositivos que pueden ayudar a prevenirlas. También fui convocada como técnica para integrar la mesa sobre el rol de los centros de día en este tema”, señaló González.

Desde las páginas de un libro hasta la calidez de un cuento compartido o una manta tejida con dedicación, cada iniciativa muestra que la lectura no es solo una actividad individual. Es un acto colectivo que genera vínculos, rescata memorias y proyecta futuro.