Qué ver: La separación, en Amazon Prime Video

Irán es un país del que ahora se habla mucho debido a sus conflictos con Israel, pero hace unos años también se habló mucho de su cine. Como la crítica siempre anda buscando a los “nuevos genios” para descubrirlos al mundo, hace como veinte años el cine iraní acaparó los festivales y se hizo un lugar entre lo que “había que ver” si uno se consideraba un cinéfilo en serio.
Aparecieron en las pantallas del mundo muchas películas valiosas que venían de ese país, así como otras no tan buenas que igual llegaron a las pantallas del mundo empujadas por el fenómeno de esa moda.

Y, como siempre sucede, cuando el furor pasó, algunos de los directores envejecieron, porque no eran tan jóvenes cuando se los descubrió en occidente, y otros directamente fallecieron, la moda iraní en el cine parecía que se acababa para siempre. Y se acabó. Como moda, no como filmografía, ya que, de vez en cuando siguieron apareciendo películas de esa procedencia.
Una de ellas fue La separación, que supuso la carta de presentación mundial de Asghar Farhadi, un director que ya tenía realizadas varias películas, pero que no era conocido internacionalmente. La historia que se puede ver en el filme es, efectivamente la de una separación matrimonial, pero, como estamos en Irán, el asunto se complejiza de una manera inesperada.
La separación del matrimonio que tiene una hija se vuelve inevitable cuando el marido no quiere dejar Irán, porque siente que debe cuidar a su padre con Alzheimer. Pero ella sí quiere irse, no quiere que su hija crezca en ese país donde las mujeres no tienen los mismos derechos que los hombres. Así que se las toma llevándose a su hija.
El marido, al quedarse solo, no tiene más remedio que contratar a una mujer para cuidar a su padre y ahí viene el verdadero problema.
Problema para la película y para el mismo director Farhadi, que no tuvo ninguna autocensura para retratar ciertos aspectos de la sociedad en la que vivía, lo que terminó con su autoexilio en Europa. Viendo su forma de filmar, este realizador se las arregló muy bien para seguir con su carrera en Francia y España, ya que su cine no era el “más iraní” que se producía en el país de los ayatollahs. Es decir, lo que vemos en La separación no podría ocurrir en otra parte que no sea Irán, pero está filmado de una forma muy occidental.
El drama de la pareja puede ser el de cualquier pareja del mundo, la sensación de pérdida de la hija adolescente también y si bien eso se ve atravesado por el problema que genera la interacción de la mujer que debe cuidar al abuelo, Farhadi, muy a contracorriente del resto de sus colegas directores, presenta todo de la manera más universal. El relato corre siguiendo los cánones del cine de cualquier parte, lo que posibilitó seguramente su éxito fuera de fronteras.

¿Quiere decir esto que Farhadi vale menos como director? ¿Que los demás directores son más “puros” y apegados a una tradición nacionalista que los vuelve superiores? Bueno, pensar así es una especide chauvinismo que hemos visto ya varias veces en la historia del cine y que, al final del día, o de los años y décadas, no llevó a ningún lado.
O mejor dicho, llevó a reconocer que algunos directores que se consideraron “vendidos” por no seguir las modas de sus propios países, valían tanto o más que los que hacían un cine más “nacionalista”. Farhadi, tan preocupado por plasmar en la pantalla un drama familiar como también ciertos problemas propios de la sociedad iraní, sabe que la vida de una sociedad puede afectar mucho la vida privada. Y viceversa.
El cine sigue siendo un vehículo insuperable para contar historias tanto grandes como pequeñas, siempre teniendo el cuenta que eso del tamaño, como se sabe, no importa si hablamos de verdadera calidad.
La separación puede ser tremenda en sus implicancias sociales, pero también lo es en su drama personal.
Fabio Penas Díaz