Una reinauguración con una mirada renovada y temática

Las puertas de la sala Juan Pivel Devoto volvieron a abrirse este viernes con otro espíritu. Sucedió en el marco del 4.º Encuentro Nacional de la Red Uruguaya de Cementerios y Sitios Patrimoniales, pero también en una jornada que marcó un punto de inflexión para la memoria institucional de Paysandú: la reinauguración de las salas del Museo Histórico, con una museografía renovada, una apuesta por la narrativa local y un uso más vivo de sus espacios patrimoniales.

Detrás de esta transformación estuvo la historiadora María Julia Burgueño, quien supo ser coordinadora de Museos de la Intendencia entre 2010 y 2015. Convocada este año por la intendente Nancy Núñez como asesora, Burgueño no dudó en asumir el desafío de revitalizar el museo.

“En marzo, cuando me llama la intendente para asesorar sobre los museos y patrimonio, bueno, hicimos un diagnóstico de situación, de cómo estaba el Museo Histórico, la Casa del Espíritu sanducero, y establecimos algunas ideas, que ahora se han ido concretando”, explicó Burgueño a EL TELEGRAFO.
Una de las primeras decisiones fue devolverle funcionalidad a la sala Juan Pivel Devoto, transformándola en un espacio para conferencias y exposiciones. “Antes tenía otra función, pero ahora, por ejemplo, tuvimos la presentación del congreso y la presentación de un libro. Y hay una exposición también de cuadros de un pintor sanducero”, señaló.

Las otras dos salas también fueron rediseñadas, manteniendo los objetos históricos, pero dotándolos de un nuevo relato curatorial. “Van a encontrar los mismos objetos que había en el Museo Histórico y en el antiguo Museo de la Tradición, pero ahora con un guión museográfico. Es lo que Paysandú tuvo a lo largo del tiempo: la importancia de los jesuitas, de la Defensa… para hablar en grandes rasgos de la época artiguista, pero también todo el siglo XIX y el siglo XX”, detalló.

Una de las novedades es la incorporación explícita del componente industrial de Paysandú, a menudo olvidado en discursos más clásicos. También se habilitaron espacios en la planta alta dedicados a la educación y a la cultura gauchesca, como expresión del medio rural sanducero.

Las mejoras edilicias, aunque limitadas, resultaron clave para la reapertura. “Se hizo una pequeña intervención en los techos, que es el gran problema que tiene esta casa, que es muy vieja. Una intervención provisoria. La idea es que luego se haga, en el futuro, una intervención un poquito más profunda”, explicó.
El trabajo se hizo de forma colectiva. “Acá trabajamos la gente de museos, en especial Enrique Moreno, que es museólogo, y se encargó de todo el diseño, trabajando con la gente de acá, con mi asesoramiento. O sea, trabajamos en equipo”, subrayó.
No se trató de acumular piezas, sino de darle sentido a la exhibición. “El museo tiene que ser algo vívido. Primero que menos es más, siempre fue el gran problema: no acumular objetos. Y además que fuera temático”, enfatizó.
La sala dos, la primera que encuentra el visitante al entrar a mano izquierda, propone empezar por el río. “Paysandú surge en el río. ¿Qué hay en el río? Bueno, todo lo que pueda ser importante: los saladeros, los frigoríficos, las industrias y demás”, explicó Burgueño.

Desde allí se despliega el recorrido histórico, con piezas emblemáticas como los muebles de Pinilla y elementos de época anteriores a la Defensa. “Eso es lo que se trató de hacer”, resumió.
Según Burgueño, la reapertura también responde a una necesidad ciudadana. “La ciudad necesita un espacio así. Es muy visitado por las escuelas y muy visitado por el turista, porque la gente que viene de otro lugar quiere saber de la historia del lugar”, observó. “A veces la gente de acá, de Paysandú, dice ‘yo ya la conozco’. Está perfecto, puede ser. Pero también la gente que no es de acá le interesa ir a un museo, ¿no? Eso es lo que hacemos cuando vamos a otro lugar. Este es el lugar”.

Con humildad, aclaró: “Yo vine acá como asesora, no como directora. No vivo más en Paysandú, ya hace muchos años, y vine así, a reorganizar”.

Burgueño también recordó su anterior gestión, entre 2010 y 2015. “Tenía cuatro museos a mi cargo. Estaba este museo, estaba el Museo de la Tradición, estaba el de Leandro Gómez. Yo fui la responsable de que se llevaran los restos de Leandro Gómez al batallón, porque se llovía, porque estaba abandonado, porque había una humedad bárbara. Se cerró”, rememoró.

De este modo, el Museo Histórico se reabre con otro pulso. Uno que busca contar la historia de Paysandú con los mismos objetos, pero con una nueva mirada. Una mirada viva, crítica, organizada y consciente de que el pasado también necesita ser contado de otro modo.