Uruguay mantiene solidez financiera pese a riesgos globales y crecimiento moderado

En un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, mercados volátiles y revisiones a la baja del crecimiento global, el Comité de Estabilidad Financiera del Uruguay emitió el pasado lunes un mensaje de confianza: el sistema financiero nacional se mantiene estable, sólido y con capacidad suficiente para seguir respaldando el desempeño de la economía.

La evaluación fue realizada el martes 17, durante la reunión semestral del Comité, integrado por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el Banco Central del Uruguay (BCU), la Superintendencia de Servicios Financieros (SSF) y la Corporación de Protección del Ahorro Bancario (Copab). Según el comunicado difundido tras el encuentro, el diagnóstico se basa en niveles robustos de solvencia y liquidez, una baja morosidad y una posición patrimonial firme del sistema bancario.

“Las pruebas de tensión confirman que el sistema está bien preparado para absorber posibles escenarios adversos”, sostiene el documento, aludiendo a los ejercicios periódicos que simulan crisis para medir la resiliencia del sistema financiero.

Panorama global incierto

El informe no desconoce los desafíos externos. Entre los principales focos de preocupación, el Comité menciona el incremento de la incertidumbre económica mundial debido a nuevas medidas arancelarias impuestas por algunas de las principales economías, que podrían alterar el comercio y los flujos de capital internacionales.

Además, se destacan los efectos prolongados de la guerra en Ucrania y la reciente escalada de violencia en Medio Oriente, que mantienen alta la percepción de riesgo en los mercados globales. Estos elementos han generado volatilidad financiera y han llevado a una revisión a la baja de las proyecciones de crecimiento económico a nivel mundial.

América Latina bajo vigilancia

En la región, el monitoreo también es constante. El informe señala que Argentina, aunque muestra ciertas señales de mejora en sus indicadores macroeconómicos, continúa enfrentando desafíos profundos en materia fiscal y social. Por su parte, Brasil exhibe un crecimiento apoyado por sectores dinámicos, aunque con vulnerabilidades vinculadas al desequilibrio de sus cuentas públicas.

Solidez local y desafíos puntuales

A nivel doméstico, el Comité reafirmó que el sistema financiero uruguayo mantiene adecuados niveles de solidez y liquidez. La evolución del crédito continúa siendo moderada, con bajos niveles de incumplimiento, lo que contribuye a la estabilidad general.

En cuanto a la situación puntual de algunas empresas vinculadas a contratos de capitalización en el sector ganadero –tema que ha captado atención pública en las últimas semanas–, el Comité concluyó que no representa un riesgo sistémico para la estabilidad financiera. No obstante, se adelantó que se trabaja en ajustes normativos para mejorar la gestión de riesgos asociados a este tipo de operaciones en el futuro.

Vigilancia permanente

Como cierre, el Comité ratificó su compromiso de monitorear de forma constante el entorno macroeconómico y financiero, tanto local como internacional, y de coordinar las acciones necesarias para preservar la estabilidad del sistema.

La declaración, en tiempos de turbulencia global, refuerza un mensaje de continuidad y previsibilidad. En una región acostumbrada a sobresaltos financieros, Uruguay vuelve a destacar por su capacidad institucional para anticipar riesgos y mantener la confianza.

Crecimiento económico más moderado y apuesta a la estabilidad en un año de ajustes cautelosos

El panorama macroeconómico de Uruguay para 2025 se perfila con luces y sombras. Según el último informe de Itaú publicado el 16 de junio pasado, el país experimentó una expansión del Producto Bruto Interno (PBI) del 3,4% interanual en el primer trimestre del año, encadenando así siete trimestres consecutivos de crecimiento. No obstante, el banco proyecta que el crecimiento se desacelerará al 2,3% anual, con “riesgos a la baja”, en un contexto de recuperación moderada y con señales de enfriamiento en algunos frentes clave.

El informe señala que, en términos desestacionalizados, el PBI aumentó 0,5% en el primer trimestre, impulsado principalmente por la inversión y el consumo privado. La demanda interna creció un 3,8% interanual, destacándose la formación bruta de capital (+4,2%) y el consumo privado (+2,1%). Sin embargo, este dinamismo encuentra un contrapeso en la incertidumbre regional y la lenta convergencia hacia niveles de crecimiento sostenibles.

Uno de los elementos estabilizadores del escenario es el comportamiento de la inflación. En mayo, el Índice de Precios al Consumo (IPC) aumentó apenas un 0,11% mensual, muy por debajo de la media de los últimos cinco años (0,38%). Esto llevó la inflación interanual a un 5,05%, dentro del rango objetivo del Banco Central del Uruguay (BCU), que se mantiene entre 3% y 6%.

“La moderación de los precios se explica por la caída en bienes como automóviles, camiones y pasajes aéreos, y también por un fortalecimiento del peso uruguayo”, indica el informe. Este comportamiento llevó al banco a revisar a la baja su proyección de inflación para 2025: ahora estima un 4,7%, frente al 5,1% del escenario anterior.

Moneda fuerte y pausa en el endurecimiento monetario

En línea con estas correcciones, Itaú también modificó su proyección del tipo de cambio, estimando que el dólar cerrará el año en 42,6 pesos uruguayos, por debajo de los 43 esperados previamente. La razón de fondo: un debilitamiento general del dólar a nivel global.

Frente a este contexto, el BCU decidió mantener la tasa de política monetaria en 9,25%, interrumpiendo el ciclo de subas iniciado en diciembre de 2024. Según el informe, la autoridad monetaria podría considerar recortes de tasa en la segunda mitad del año, “si las expectativas de inflación continúan relajándose hacia el objetivo de 4,5%”.

Déficit fiscal: cifras oficiales más pesadas

El frente fiscal presenta un panorama menos alentador. Aunque el déficit del Gobierno Central cayó a 3,1% del PBI en abril, el Ministerio de Economía elevó su proyección para todo 2025 a 4% del PBI, corrigiendo al alza respecto al 2,9% previsto a mediados del año pasado por la administración anterior.
Esta revisión responde, según Itaú, al pago de pasivos heredados y a ingresos más débiles de lo esperado. “El gasto primario real creció 3,4% interanual en el trimestre finalizado en abril, impulsado por el gasto no personal (+5,9%)”, apunta el estudio. El presupuesto quinquenal que el Ministerio de Economía presentará en los próximos meses será clave para trazar el rumbo fiscal de mediano plazo y entender las necesidades de financiamiento.

Soja récord y expectativas externas

En medio de este entorno económico contenido, una cosecha récord de soja actúa como amortiguador positivo. También el turismo receptivo ha mostrado signos de recuperación, beneficiado por los efectos colaterales de la situación económica argentina.

Sin embargo, Itaú advierte que el escenario sigue siendo frágil. Las exportaciones crecieron 4,2% interanual en el primer trimestre, pero las importaciones –en particular de bienes duraderos y prendas de vestir– lo hicieron en mayor medida (5,6%). Si bien el superávit comercial no es una meta en sí misma, estos movimientos reflejan una estructura de crecimiento que aún depende del consumo importado.

Una economía resiliente, pero vigilante

Uruguay mantiene, en este contexto, algunos atributos que le han dado estabilidad en la región: reservas internacionales en ascenso (19.500 millones de dólares proyectados para fin de año), una inflación controlada, desocupación en baja (7,8% estimado) y una moneda que no ha sufrido vaivenes bruscos.
Sin embargo, el desafío para el segundo semestre y el próximo quinquenio será preservar esa estabilidad sin desatender la sostenibilidad fiscal ni la competitividad externa. La economía uruguaya se mueve con cautela, consciente de que el viento de cola de los commodities o los flujos turísticos puede girar en cualquier momento.

Mientras tanto, el informe de Itaú funciona como un llamado a la prudencia, destacando que el margen de maniobra no es infinito. En tiempos de crecimiento moderado, cada punto porcentual –en inflación, PBI, tipo de cambio o déficit– cuenta.