Afrontar el final de la vida

(Espacio contratado)

En nuestro país se discute otra vez una ley de eutanasia. Es un tema complejo que tiene distintas formas de abordaje. Queremos también aportar al debate público sobre este delicado tema, lo hacemos recordando algunos numerales del documento que lleva como título “afrontar el final de la vida”.
La dignidad de la persona se fundamenta en el mismo hecho de pertenecer a la especie humana. Decir que es “digna” es el mejor modo de expresar su valor absoluto, único e insustituible.

La vida es bella e irrepetible, pero, al mismo tiempo, es limitada y la acompañan diversos sufrimientos, así como la muerte.
Valoramos enormemente la forma de accionar de la medicina paliativa. Lo propio de ella es cuidar, aliviar y consolar, humanizando el proceso de la muerte de forma profesional, afectuosa, cercana con el paciente y su familia. La sedación paliativa es una indicación médica científica y éticamente correcta. La misma consiste en la disminución deliberada del nivel de conciencia del enfermo mediante la administración de fármacos apropiados, por vía y en dosis adecuadas. Exige un control clínico permanente del efecto buscado y requiere para su inicio el consentimiento explícito o implícito del paciente o, en caso de incapacidad, delegado en un familiar directo. Destacamos la autonomía responsable como un elemento fundamental en referencia a la dignidad de la persona.

El ser humano -por naturaleza- es libre y se perfecciona en su ejercicio. Basar la dignidad de la persona únicamente sobre su autonomía constituye una visión antropológica reducida.
La misma enfermedad, la medicación y otras circunstancias limitan necesariamente la capacidad de decisión de la persona. Además, la eutanasia implica actos que no se circunscriben solo al paciente, siempre involucra a otros, con posibles daños.
Seguiremos reflexionando sobre este delicado tema y siempre frente a la cultura del descarte, optando por la cultura de la vida.