Cómo prevenir el deterioro cognitivo en adultos mayores con una alimentación saludable

En el marco del Día Mundial del Cerebro, la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (Inddhh) y el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE) realizaron un conversatorio centrado en la salud cerebral en personas mayores, con énfasis en la alimentación como herramienta de prevención del deterioro cognitivo.

La presidenta del Consejo Directivo del IIBCE, Silvia Olivera Bravo, planteó un escenario que obliga a repensar las políticas de salud pública. “Desde 2018 hay más adultos mayores de 65 años que menores de cinco, y en 2050 una de cada seis personas será mayor de 65”, indicó. En América Latina, esta transición demográfica se da en paralelo a un aumento sostenido de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Según explicó, mientras que en países desarrollados la curva de incidencia comienza a estabilizarse, en América Latina y Sudáfrica se proyecta una triplicación de casos en los próximos años. Asimismo, remarcó que una de cada cuatro personas en el mundo sufre algún tipo de trastorno mental, siendo los más frecuentes la depresión, el estrés y la ansiedad.

Olivera Bravo destacó la importancia de los enfoques integrales y señaló que “dentro de los pilares de la salud cerebral hay mucho énfasis en los abordajes nutricionales”. También hizo referencia al “eje intestino-cerebro”, una conexión bidireccional entre ambos órganos mediada por el nervio vago. “Una buena microbiota favorece y ayuda a preservar la salud cerebral”, afirmó.

El licenciado Diego Querzé, responsable de Neuronutrición en el Instituto FLENI de Argentina, compartió recomendaciones prácticas para una alimentación que contribuya a proteger el cerebro. Explicó que la neuronutrición combina la nutrición con la neurología para analizar qué aspectos de la dieta inciden en la función cerebral. Según señaló, hay que considerar tres factores: los nutrientes, el tipo de dieta y el comportamiento alimentario.

Advirtió sobre los riesgos de las dietas excesivamente restrictivas, especialmente en adultos mayores, por los desajustes metabólicos que pueden provocar. En cambio, sostuvo que una alimentación equilibrada contribuye a la producción de neurotransmisores, la neuroplasticidad y la regulación inmunológica y metabólica.

En cuanto a qué comer, Querzé recomendó priorizar vegetales de hoja verde como espinaca, lechuga o acelga, presentes a diario al menos en una comida. A ellos se suman todo tipo de verduras, sin límite de cantidad; frutos secos, especialmente nueces (media taza por día); frutos rojos como frutillas, arándanos y frambuesas; y granos enteros e integrales.

También recomendó consumir pescados de aguas profundas como salmón, atún, brótola, merluza o pollo de mar, por su aporte de ácidos grasos omega 3 y 6. Otras fuentes saludables son el pollo o pavo sin piel, y el aceite de oliva extra virgen.

Entre los nutrientes clave, destacó las vitaminas del complejo B (B6, B12 y ácido fólico), los antioxidantes como las vitaminas E y C, y los flavonoides. Estos se encuentran en frutas, verduras, té verde, chocolate negro, legumbres, huevos, cereales integrales, plátanos, lácteos y carnes magras. En algunos casos, sugirió evaluar el uso de suplementos, siempre bajo indicación profesional.

Respecto a los alimentos que conviene limitar, Querzé fue claro: reducir el consumo de carnes rojas, elegir cortes magros y retirar la grasa visible. También recomendó evitar la manteca, los quesos duros por su alto contenido de sal y grasa, y los fritos como método habitual de cocción. En cuanto a los dulces, sugiere restringirlos a dos o tres veces por semana.

Advirtió sobre los efectos negativos de los alimentos ultraprocesados, ricos en grasas saturadas, azúcar y sodio, ya que “afectan nuestra salud cerebral”, disminuyen la concentración, aumentan los problemas cognitivos y la tasa de enfermedades neurodegenerativas, “que es lo que estamos viendo en el último tiempo”.