Vivimos en la era de la adolescencia digital, una etapa de la vida atravesada por pantallas, aplicaciones, notificaciones, redes sociales y mensajes instantáneos.
Para los adolescentes de la actualidad, el mundo virtual pasó de ser un complemento a ser una extensión de su vida cotidiana. En ese mundo construyen sus vínculos, se informan, comunican, exploran, etcétera.
Esta nueva realidad plantea múltiples desafíos para madres, padres, educadores y profesionales de diversa índole necesitando comprender cómo influye la tecnología en la salud mental y la vida cotidiana.
Tecnología y desarrollo
Aquí hablo de desarrollo tecnológico, ya que fue progresivo el cambio que se fue estructurando para llegar a la gran masividad de conexión que tenemos hoy en día.
Los teléfonos eran muy limitados en 2008, tal vez lo más novedoso era que tenían una linterna. Con la aparición de internet y el desarrollo de software se pudieron descargar aplicaciones gratuitas, aparecieron posteriormente las redes sociales.
Y éstas también tuvieron cambios. Lo más notorio fue el botón de me gusta y compartir donde a través de estos accesorios las personas comienzan a compartir fotos, videos y parte de su vida.
En el 2010 las empresas competían para obtener la atención de los usuarios por más tiempo.
Salud mental y tecnología
Jonathan Haidt señala que los adolescentes que pasan más tiempo en las redes sociales son más propensos a sufrir depresión, ansiedad, irritabilidad y bajo control de impulsos.
Es importante aclarar que el equilibrio es fundamental; gran parte de los adolescentes que utilizan redes sociales no están en riesgo de tener trastornos relacionados a la salud mental.
Existen ciertos factores que influyen en el bienestar; por ejemplo tener pocas horas de sueño, la fragmentación de la atención, es decir que les cuesta concentrarse para finalizar o empezar una tarea, además de los vínculos o lo que es llamado privación social. Jonathan Haidt señala que los adolescentes que pasan más tiempo en las redes sociales son más propensos a sufrir depresión, ansiedad, irritabilidad y bajo control de impulsos.
El valor del contacto
El contacto humano, la mirada, la voz, la presencia corporal permite a las personas regular sus emociones. Frente a la desconexión que se presenta con los dispositivos se vuelve imprescindible que podamos estar presentes: deportes en grupos, juegos, conversaciones al aire libre, la familia reunida sin dispositivos.
Falta de sueño
Es muy importante para la reconfiguración del cerebro de un adolescente que pueda dormir las ocho o nueve horas recomendadas. De lo contrario pueden quedar con síntomas de irritabilidad y estar más ansiosos durante el día. La alta exposición a las pantallas se asocia a tiempos de sueño más cortos o interrupciones en el sueño a mitad de la noche. Los que más problemas tienen según los estudios, son los que navegan por internet en redes sociales desde la cama.
Problemas de atención
La atención es una decisión sobre lo que vamos a concentrarnos. Tener el teléfono cerca, que esté en el bolsillo o recibir 12 notificaciones por hora hace que la atención se vuelva débil o fragmentada.
La corteza prefrontal de un adolescente aún no está del todo desarrollada. Por lo tanto la capacidad de decir “no” ante un estímulo que desvía su atención es limitada. Por esa razón les cuesta tanto poder concentrarse.
Lo recomendable al estudiar es sacar en lo posible los distractores, el teléfono en otro lugar de la casa por ejemplo, ya que según las investigaciones, la sola presencia del teléfono cerca reduce la capacidad cognitiva.
Estar informados sobre los efectos en nuestra mente y cuerpo es de vital importancia para el cuidado consciente.
Utilizar la tecnología con un uso equilibrado se vuelve imprescindible. (097352937)

