Cada viernes, un grupo de mujeres de Piedras Coloradas se reúne para aprender a elaborar mermeladas y panes, pero también para compartir saberes y fortalecer vínculos. La propuesta, liderada por una emprendedora local, Nilda Aguilar, busca generar oportunidades de formación gratuita que puedan traducirse en ingresos propios. “Pensamos que es la manera de salir adelante: ayudándonos entre todas”, resumió.
“El proyecto surgió porque siempre me interesó brindar a la sociedad capacitaciones que pudieran convertirse en fuentes laborales”, destacó Nilda, quien encabeza la iniciativa como referente de “Manos en la masa” en Piedras Coloradas. En ese camino, se contactó con el maestro panadero Julio Berrío, impulsor del proyecto Brotar, con quien comenzó a diseñar la propuesta. A través de una convocatoria abierta, se inscribieron más de 40 mujeres, muchas de ellas jefas de hogar y otras ya vinculadas al rubro gastronómico. El equipo de colaboradores lo integran Berrío en panadería, Natalia Piñeyro en elaboración y conservación de mermeladas, Gabriel Balderramos en marketing, Rubén Barranco y Laura, junto a Elbio Ruiz, encargados de los traslados de los docentes y también de algunas participantes. Rosana González y Eliana Gutiérrez colaboran en la gestión, y fue gracias a una carta dirigida a la directora de UTU Guichón, Gabriela Orihuela, que lograron el préstamo de la cocina donde hoy funciona el taller. “Todo esto es totalmente honorario. Pensamos que es la manera de salir adelante: ayudándonos entre todas y viendo que podemos hacer mucho cuando hay voluntad y miramos a nuestro prójimo con amor”, explicó Nilda.
TALLERES CADA VIERNES
Desde fines de mayo, se reúnen cada viernes por la tarde en el Anexo de UTU de Piedras Coloradas. “Me encanta ver progresar a las personas”, dijo la impulsora de este proyecto, jubilada y dueña de un emprendimiento de marroquinería que bautizó Enni. Sin ser docente, cuenta con una larga trayectoria cercana a maestras y profesoras, algunas de ellas amigas, y no duda en usar sus vínculos y energía para organizar cada detalle de los talleres, desde el traslado de los capacitadores hasta la compra de insumos.
Las clases comenzaron el 30 de mayo y por ahora se dictan todos los viernes, de 15 a 19. Están a cargo de un maestro panadero y una emprendedora, que guían a las participantes en la elaboración de mermeladas, reducciones y panificados. Aprovechan productos que se encuentran en muchas casas, como naranjas, frutillas, zapallo, higos o pomelos, lo que permite aprender sin necesidad de grandes inversiones.
Los grupos se forman por afinidad: cada cinco personas se organizan para cocinar juntas, reparten los ingredientes y se encargan en conjunto de las tareas. “Se les dice qué ingredientes necesitan y se divide por cada una”, explicó Nilda, quien también gestiona pedidos de donaciones, descuentos en insumos y mantiene el vínculo con instituciones como UTU.
Pero más allá del aprendizaje técnico, lo que más resalta es el entusiasmo que se genera. “El cambio que he notado es que van a sus casas y practican. Están esperando cada viernes para ir a clase”, señaló. Y agregó con emoción: “Lo más maravilloso es que comparten información entre ellas”. Un ejemplo de esto ocurrió en Orgoroso, donde una participante que asiste a los talleres compartió lo aprendido con otras vecinas, y juntas elaboraron mermeladas.
ASPIRANDO A GENERAR NUEVOS EMPRENDIMIENTOS
El espíritu solidario es una constante. Cada grupo se turna para colaborar con la limpieza, todas se ayudan entre sí y el clima de respeto se cuida especialmente. “Lo hablamos siempre: desde el respeto, todas las opiniones son válidas”, subrayó la organizadora, quien siente que su rol es “mantenerlas informadas, coordinar, ayudar en lo que se necesite”.
Entre los principales desafíos está lograr que algunas de las participantes puedan desarrollar sus propios emprendimientos, tal vez uniendo fuerzas para montar pequeñas panaderías. “Mientras nos unamos para bien, las cosas salen”, afirmó convencida. Y aseguró que están trabajando para formalizar el proyecto, con la idea de presentarlo a instituciones y quizás lograr que algún organismo lo reconozca como una posible fuente laboral.

