El Ministerio de Salud Pública dio a conocer recientemente los datos actualizados sobre suicidios en Uruguay. Aunque el número total de muertes se mantuvo casi inalterado respecto a 2023 (764 casos frente a 763 del año anterior), el análisis por franjas etarias y regiones confirma una tendencia inquietante que se consolida año tras año: Uruguay es hoy el séptimo país del mundo con mayor tasa de suicidios y el tercero en América Latina, con cifras que casi triplican el promedio mundial.
Este dato contrasta fuertemente con otros indicadores que suelen destacarse en el exterior: alto Índice de Desarrollo Humano, lugar privilegiado en rankings de felicidad, e incluso recomendaciones internacionales para retirarse en el país tras la jubilación. Pero, bajo esa superficie, las estadísticas muestran un panorama muy distinto, atravesado por desigualdades generacionales, geográficas y sociales.
Entre los sectores más golpeados se encuentra la juventud urbana, en particular la franja de 20 a 24 años. Es el tramo de edad que más creció en suicidios en los últimos años, con una tasa récord en 2024: 33,2 por 100.000 habitantes, un 55% por encima del promedio nacional. Se trata de una generación precarizada, afectada por la falta de oportunidades, el abandono de estudios superiores, el desempleo y los consumos problemáticos. Muchos no logran comenzar, o sostener, un proyecto de vida adulta.
En el otro extremo, los adultos mayores de 80 años, sobre todo quienes viven en áreas rurales o en pequeños pueblos del Interior, también encabezan las tasas más altas. A menudo aislados, con escasas redes de apoyo, limitados servicios de salud y una profunda sensación de soledad, representan una tragedia silenciosa, muchas veces invisibilizada.
Número alto y preocupante
En este contexto, Paysandú fue noticia en 2023 al alcanzar el podio nacional con una tasa de suicidios de 37,3 –un 74% por encima de la media del país–, superado solo por Lavalleja y Rocha. Aunque en 2024 el departamento volvió a su promedio histórico (21,5), la brusca variación invita a preguntarse si esa mejora será sostenible o si se trató de un hecho aislado. Entre 2019 y 2023, Paysandú tuvo uno de los crecimientos más marcados del país, con un aumento acumulado del 163%.
Las posibles causas son múltiples: el impacto de la desindustrialización (como los despidos en la industria del portland o las suspensiones en la cervecera), el envejecimiento poblacional en zonas rurales, el alcoholismo, la migración juvenil, la falta de servicios de transporte y comunicación en localidades como Quebracho, y la desconexión creciente entre generaciones.
A esto se suma un dato que invita a pensar en clave regional: las altas tasas de suicidio en ciudades vecinas de la provincia de Entre Ríos (como Colón, Concordia o Gualeguaychú), que duplican el promedio argentino, y en algunos casos superan incluso a los departamentos más afectados de Uruguay.
Algo está ocurriendo a ambos lados del río. Como decía Aníbal Sampayo, “el Uruguay no es un río, es un cielo azul que viaja”. Pero hoy ese cielo parece nublado. Y en su reflejo, se ven los gurises que no logran comenzar la vida, y los viejos que no encuentran cómo terminarla.
Hernán Scorofitz
Psicoanalista. Docente UBA (Universidad de Buenos Aires)

