Salud mental en los lugares de trabajo

Un artículo publicado en la Revista Española de Salud Pública formula interesantes consideraciones sobre un tema que está en el tapete de la opinión pública, especialmente desde la pandemia causada por el COVID-19: la salud mental en los lugares de trabajo. Los autores de este trabajo (del cual hemos extraído algunos pasajes para nuestros lectores) son Regina Allande-Cussó, Juan Jesús García-Iglesias, Javier Fagundo-Rivera, Yolanda Navarro-Abal, José Antonio Climent-Rodríguez y Juan Gómez-Salgado.

1. OMS

El artículo expresa que, “según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), casi la mitad de la población mundial ha padecido en algún momento de su vida algún tipo de enfermedad mental repercutiendo ésta en su autoestima, en sus relaciones sociales y en el afrontamiento de la vida diaria. En esta misma línea, algunos estudios realizados por la Unión Europea estiman que el 38,2% de su población padece algún tipo de trastorno mental cada año, siendo la ansiedad (14%) el trastorno más habitual, seguida del insomnio (7%), la depresión grave (6,9%), somatizaciones (6,3%), las dependencias del alcohol y las drogas (>4%), el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) (5%) en los jóvenes y las demencias (1-30% dependiendo de la edad). La depresión es considerada la condición más incapacitante para el desempeño de una vida social/laboral y familiar favorable; y junto a la ansiedad, se estima que cuesta a la economía mundial un billón de dólares anuales en pérdida de productividad, según un informe realizado recientemente por la OMS. (…) Aunque la emisión de partes de baja y de alta laborales está a cargo de los médicos de atención primaria, debe contar también con la opinión y el conocimiento del médico del trabajo de la empresa, que es quien mejor puede valorar si la persona es apta o no para el desempeño del puesto de trabajo o la posible reincorporación laboral tras un proceso de baja”.

2. Entorno

Para los autores, “un entorno de trabajo adverso puede ocasionar tanto problemas físicos como psíquicos, y conducir a situaciones de estrés, depresión, consumo nocivo de sustancias, ausentismo laboral y disminución de la productividad. Los problemas de salud mental derivados del trabajo representan una importante carga de enfermedad para la sociedad y la economía de un país, puesto que provocan un mayor número de jubilaciones anticipadas, ausentismo y presentismo. El presentismo es un término empleado para denominar aquellas personas que acuden a su puesto de trabajo por miedo a perderlo a pesar de padecer una enfermedad o tener alguna lesión. Desde una perspectiva cualitativa, los problemas de salud mental derivados del trabajo puede afectar negativamente en las relaciones laborales, puede provocar una falta de motivación y de creatividad de la persona afectada, y otras consecuencias como una baja satisfacción laboral, un aumento de la rotación del personal o continuos traslados internos, sumado a una mala imagen de la empresa hacia el exterior.

Ni que decir tiene que todos estos problemas pueden afectar considerablemente en la productividad, en los costes y en las capacidades de la empresa para su competitividad en el mercado. Por estos y otros motivos se hace palpable la necesidad de incluir la salud mental entre las prioridades de atención en materia de salud pública, así como estimular estrategias para la promoción de la salud mental en los lugares de trabajo y el desarrollo de medidas para la prevención de problemas relacionados con la salud mental en estos entornos”.

3. Mujeres

Según este trabajo, “si bien es cierto, se observan diferencias entre hombres y mujeres, especialmente relacionadas con las desigualdades de género derivadas de menores ingresos, mayor exposición a la pobreza, exceso de trabajo, discriminación socioeconómica, violencia de género, entre otras, pudiendo aumentar la posibilidad de padecer problemas de salud mental. En este sentido, se estima que los casos de depresión son aproximadamente el doble de frecuentes entre las mujeres que entre los hombres. Generalmente, las mujeres presentan tasas superiores de depresión, estrés, ansiedad, somatizaciones y trastornos de la alimentación, mientras que los hombres padecen con mayor frecuencia abuso de sustancias y trastornos antisociales.

No se debe pasar por alto que en la mayoría de las sociedades las mujeres son las principales responsables de las labores domésticas no remuneradas como cocinar, limpiar y cuidar a las personas dependientes, soportando un doble rol en caso de estar empleadas o de no reconocerse su trabajo si no tienen un empleo externo. Este fenómeno de doble rol puede conllevar manifestaciones de fatiga, estrés o depresión”.

4. Prevención

Finalmente se valora que, “para crear ambientes de trabajo que favorezcan la salud mental de los trabajadores, desde el Foro Económico Mundial y la Organización Mundial del Trabajo (OIT) se ha creado una guía en la que se describen una serie de medidas a adoptar por las organizaciones. Entre ellas, se encuentran las siguientes: a) tomar conciencia del entorno de trabajo y de cómo se puede adaptar para promover una mejora de la salud mental de los distintos empleados, b) aprender de las motivaciones de los directivos y empleados de la organización que han adoptado medidas, c) no reinventar la rueda y fijarse en las medidas adoptadas por otras empresas, d) evaluar las necesidades de cada trabajador y las oportunidades de que dispone, con el fin de elaborar mejores políticas en materia de salud mental en el lugar de trabajo y e) analizar cuáles son las fuentes de apoyo a las que pueden recurrir las personas para pedir ayuda. Las intervenciones en materia de salud mental deben conformar una estrategia integrada de salud y bienestar de la organización”.

Dr. Rodrigo Deleón

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