Escribe: Lic. Ps. Yasmin Buono- La ansiedad infantil como oportunidad de transformación

Estimados lectores; vivimos en un mundo donde hablar de ansiedad ya no es extraño, se ha convertido en parte de nuestro lenguaje, utilizado en prácticamente todas las edades: niños, jóvenes y adultos.

Lo que hace apenas una década era un diagnóstico asociado a adultos sobreexigidos, hoy atraviesa la infancia y adolescencia con la misma fuerza. La ansiedad se ha vuelto transversal a varios trastornos, pero lo más llamativo es que muchas veces los adultos ni siquiera detectan sus primeras señales en los más pequeños.

No se trata de evitar que los niños sufran. Gio Zararri, autor del libro El fin de la ansiedad en niños y adolescentes, plantea una verdad incómoda: los miedos no desaparecen con el tiempo, sino que se van transformando si no son comprendidos. Y la infancia, lejos de ser una etapa inmune al estrés, es justamente el terreno donde esos temores podrían arraigarse con más fuerza…o bien, en lo posible, ser resignificados y gestionados con inteligencia emocional.
De lo que se trata es de enseñarles a transitar y entender sus emociones. 

La ansiedad en este marco, no es un “enemigo” a combatir, sino una señal de alarma que indica que algo, algún aspecto de la vida del niño, necesita atención: un miedo no expresado, una demanda no comprendida, un entorno excesivamente exigente y desconectado.

¿Cómo lo llevamos a la vida cotidiana?

Es importante llevar la teoría a la práctica, por ejemplo educando desde la empatía y no desde el miedo. Cada vez que un niño se frustra, llora sin razón aparente o tiene miedo a algo que para un adulto “no tiene lógica” en vez de decir términos descalificativos como “calláte, no llores por semejante pavada” es recomendable poder tener un diálogo desde la empatía y decirle: “sé que esto te preocupa, vamos a entenderlo juntos, contás conmigo”.

El segundo camino fortalece la autoestima, la confianza en el otro y la capacidad de autorregulación futura. Sentir un ambiente seguro donde poder expresar lo que sucede y no ser rechazado es de gran importancia para la formación del psiquismo y la regulación del sistema nervioso.

Entender el lenguaje del cerebro infantil

Es imprescindible entender que un niño de tan solo dos años no responde a la lógica. No es que “no quiera obedecer” solamente, es que su cerebro no puede racionalizar. Pedirle que actúe como un adulto es completamente ineficaz. En ese sentido la paciencia, el amor, la palabra empática y el modelado, es decir tener en los adultos ejemplos de empatía, disponibilidad y respeto son las mejores herramientas.

Revisar el propio vínculo con la ansiedad

Muchos padres sin darse cuenta, proyectan sus propios miedos. Si han crecido en un entorno donde las emociones no podían ser expresadas porque venía una paliza o eran tabú, quizá puedan repetir ese patrón en sus hijos.

Educar emocionalmente implica primero mirarse a uno mismo, no se puede enseñar adecuadamente a gestionar la ansiedad si uno mismo la niega, la oculta o la transmite sin filtro.
Cuando un niño vive que sus emociones no son peligrosas, que puede hablar de lo que siente sin ser juzgado, que hay adultos disponibles, está desarrollando protección sobre su psiquismo.
Eso es prevención en salud mental.

(097352937)