Lágrimas por Agustín

ESPACIO CONTRATADO

En estos días hemos celebrado la memoria de San Agustín Obispo de Hipona y también la de su madre Santa Mónica.
Como madre, Mónica lloró y rezó por su hijo; en ella podemos ver la vida de tantas madres que sufren y que viven esperando la respuesta positiva de sus hijos.

En el libro de las confesiones de San Agustín, que recomiendo su lectura, el autor nos dice:
“Por este tiempo creía yo, creía ella y creía toda la casa, excepto sólo mi padre, quien, sin embargo, no pudo vencer en mí el ascendiente de la piedad materna para que dejara de creer en Cristo, como él no creía. Porque mi madre cuidaba solícita de que tú, Dios mío, fueses Padre para mí, más que aquél. En eso tú la ayudabas a triunfar sobre él, a quien servía, no obstante ser ella mejor, porque en ello te servía a ti, que así lo tienes mandado.

¡Ay de mí! ¿Y me atrevo a decir que callabas cuando me iba alejando de ti? ¿Es verdad que tú callabas entonces conmigo? ¿Y de quién eran, sino de ti, aquellas palabras que, por medio de mi madre, tu creyente, cantaste en mis oídos, aunque ninguna de ellas penetró en mi corazón para ponerlas por obra? Pero enviaste tu mano de lo alto y sacaste mi alma de este abismo de tinieblas.

Entre tanto, mi madre, fiel sierva tuya, lloraba por mí ante ti mucho más que las demás madres suelen llorar la muerte corporal de sus hijos, porque ella veía mi muerte con la fe y espíritu que había recibido de ti. Y tú la escuchaste, Señor; tú la escuchaste y no despreciaste sus lágrimas, que, corriendo abundantes, regaban el suelo debajo de sus ojos allí donde hacía oración; sí, tú la escuchaste, Señor”.

En las lágrimas de Mónica por Agustín, vemos el sufrimiento de tantas madres por sus hijos y el deseo de que encuentren el camino de la Vida y la felicidad.
Que aprendamos de la perseverancia de Mónica y del agradecimiento de Agustín.