Problemas tenemos todos (soluciones, no)

Un escenario preocupante de cara al futuro planteó el director de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), al referirse a la intensificación de las amenazas climáticas para la salud, durante su participación en la inauguración de la Conferencia Mundial sobre Clima y Salud 2025, celebrada en Brasilia. Allí urgió a los países a “situar la salud en el centro de las políticas sobre clima y garantizar el acceso a la financiación climática”.
Mientras el continente enfrenta temperaturas que no dejan de batir récords, asociado a ello se producen fenómenos climáticos con potencial destructivo cada vez más frecuentemente, y crecen los brotes de enfermedades. Frente a esto, el director de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Jarbas Barbosa, llamó a tomar medidas urgentes y advirtió que quienes están más expuestos a estas amenazas son las poblaciones en mayor situación de vulnerabilidad. “Sufren la mayor carga de estos impactos climáticos, aunque son las menos responsables de ellos”, afirmó.

La conferencia es una reunión oficial que precede a la 30ª Conferencia de las Partes de la ONU sobre el Cambio Climático (COP30), que también se celebrará en Brasil, en este caso en la ciudad de Belém, entre el 10 y el 21 de noviembre. Allí se espera que los países y las partes interesadas contribuyan al Plan de Acción de Belém para la Salud, una hoja de ruta para integrar la salud en la política climática mundial.
Barbosa repasó algunos datos que hablan del impacto que están sufriendo las Américas. “El 2024 fue el año más cálido que se ha registrado en la región desde 1900, y las olas de calor son la amenaza climática más letal”, afirmó. Agregó que los incendios forestales afectaron a 70.000 personas en Bolivia, Brasil, Canadá y Chile; las inundaciones afectaron a 5 millones de personas en diez países, incluidas las catastróficas inundaciones que se produjeron en el sur de Brasil, y las sequías contribuyeron a la inseguridad alimentaria y la malnutrición en Brasil y Colombia, donde hubo 1,2 millones de personas afectadas. Eso sin mencionar el impacto de los huracanes en las Américas Central y del Norte y el Caribe, que también han ganado en intensidad.

En cuanto a que las enfermedades sensibles al clima aumentaron, refirió que la región registró un número récord de casos de dengue, “que alcanzó los 13 millones, casi el triple del total de 2023, con más de 7.700 muertes”.
El Plan de Acción de Salud de Belém, al que aludió Barbosa, “se centra en promover servicios de salud resilientes al clima y garantizar el acceso a la salud para todas las personas, al tiempo que se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero” y remarcó que está alineado con la Iniciativa para la Eliminación de Enfermedades, que tiene el objetivo de eliminar 30 enfermedades y condiciones relacionadas con ella, para el año 2030, al igual que con la Iniciativa para una Mejor Atención de las Enfermedades No Transmisibles. En el marco de estas iniciativas se han desarrollado planes de seguridad hídrica y saneamiento resilientes al clima en 22 países, “lo que ha beneficiado a 84,5 millones de personas, siete millones de ellas solo el año pasado”.

Ahora bien. Uruguay ha sido un abanderado en materia ambiental y se ha posicionado como un ejemplo en transformación energética hacia la generación a partir de fuentes renovables. Además de ello, se han dado pasos significativos en áreas como la eficiencia energética y la economía circular, con acciones que buscan reducir el impacto en el efecto invernadero y en el cambio climático. En general esto ha sido reconocido aunque quizás se pudiera estar haciendo más por visibilizarlo a los ojos del mundo. Esto no quiere decir tampoco que no quede mucho más por hacer, incluso en estas mismas acciones y medidas que nos han traído hasta aquí, que podrían tener un estándar más alto de efectividad. Pero no todos reaccionan a la misma velocidad ni todos están comprometidos de la misma forma.

Igualmente hay quienes niegan la existencia del cambio climático e ignoran señales como las que repasaba el director general de la OPS, así como hay quienes se van al otro extremo y ven riesgos incluso donde lo que se plantean son soluciones. Este es el caso de la energía limpia, que no es ni más ni menos que lo que propone un proyecto como el que busca instalar en Paysandú la empresa HIF, que producirá combustibles sintéticos que son una alternativa a los fósiles, derivados del petróleo, señalado mundialmente como el principal causante de nuestros problemas. El proceso ya lo hemos detallado largamente en los múltiples artículos que hemos publicado sobre el proyecto y es además bien conocido porque es un popular experimento en la escuela uruguaya: se usa electricidad para descomponer la molécula de agua en, por un lado oxígeno y por el otro hidrógeno, que es el elemento que se empleará en el combustible, mientras que el oxígeno se libera al aire, en un proceso que no genera olores ni residuos. La condición de “verde” de ese hidrógeno la da el origen en fuentes renovables de esa electricidad, que es justamente la preocupación del mundo desarrollado y lo que hace rentable el producto a obtener, que es en realidad más caro que la naftas actuales.

Ya ha planteado la empresa que el consumo de agua –que era una de las preocupaciones– es muy reducido y que se ha transformado la idea original de forma de minimizar los impactos, incluso el visual desde la vecina orilla.
Eso sin entrar a hablar del impacto en la economía y en la generación de puestos de trabajo en la región. Poniéndolo todo en la balanza, no debería existir dudas de lo conveniente de la inversión.