Hermann Schreck es uno de los psicólogos más reconocidos y reconocibles de nuestro medio, no solo por su profesión, sino también por la publicación de libros y también porque ha sido invitado ya a diversos países para dictar talleres y conferencias sobre su especialidad, que es el consumo problemático de drogas y el tratamiento de la adicción.
Sin embargo, una cosa es que los países vecinos lo conozcan y por eso lo inviten, y otra es que lo hagan desde Rusia. “Fue una idea de un colega, Kirill Khlomov, a quien conocí en un congreso en Chile en 2019, en donde me invitó a viajar a Moscú para presentar ahí mi trabajo. Pero claro, se vino la pandemia. El congreso se hizo igual pero online. Cuando en el 2022 parecía que al fin iba a poder viajar, estalla la guerra de Ucrania, así que recién pude ir por primera vez en 2023”, explica Schreck.
Esa primera conferencia en Moscú se realizó en la Russian Presidential Academy of National Economy and Public Administration (Ranepa) “para psicólogos y estudiantes de Psicología. A partir de ahí surge una segunda invitación al año siguiente, pero ahí a Moscú se le agregaba San Petersburgo, y en invierno, con temperaturas de hasta 30 grados bajo cero, lo que fue toda una experiencia que no me gustaría repetir”, confiesa entre risas.
En ese segundo viaje aparece la idea de editar sus dos libros –Soltar las muletas y Crónica de un amor confundido– en ruso y que ya llevan tres ediciones en ese país.
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Y este año lo invitaron por tercera vez “pero esta vez a cuatro ciudades en un viaje de casi un mes. Estuve en Sochi, San Petersburgo, Voronezh y Kerch, esta última en la península de Crimea, una zona especial porque es donde se desarrolla principalmente el conflicto con Ucrania”.
Más allá del interés porque nos hable de su trabajo, las preguntas sobre la actual guerra son inevitables y Schreck apunta que “en los tres años consecutivos en los que estuve en Rusia vi una evolución del ni siquiera hablar del tema, hasta verlo instalado en la charla habitual, además de ver todas las defensas colocadas y la fuerte presencia militar por todas partes”.
En lo relativo puntualmente a su trabajo explica que “fui a entrenar a colegas para trabajar con personas con problemas en lo que tiene que ver con las drogas, en cada ciudad dicté un seminario de tres días y en algunas ciudades di conferencias para todo público. Y por supuesto que el conflicto también tiene sus vinculaciones con el consumo de drogas, no solo si hablamos de los soldados en el frente, hay que recordar que gran parte de la población tiene amigos y parientes en Ucrania y allá están muy interesados en el enfoque con el que yo trabajo, donde no pongo en centro de atención en el consumo de sustancias, sino en acompañar a la persona con problemas que además consume drogas”.
Gente parecida, países diferentes
Si bien Schreck no se cansa de aclarar que “las personas somos personas en todos lados” y que muchos de los motivos que los llevan a consumir drogas son parecidos a los que se pueden ver por aquí, también apunta que “Rusia es un país donde el consumo está fuertemente penalizado, y que si bien no se puede decir que la droga sea un tema tabú, está muy cerca de eso, por eso que me inviten a mí y a otros colegas que tenemos una visión más descontracturada del tema, son aperturas, más allá de que cuando se iba a publicar mi primer libro fue primero revisado para ver si podía llegar a ser censurado por creer que promomueve el consumo”.
Que a un profesional lo inviten a dar cursos ya se podría considerar todo un logro, pero como cuenta Schreck también han publicado sus libros y ahora le están pidiendo la publicación de un tercero “lo que me sorprende mucho y por supuesto me deja muy feliz”.
Otra cosa que resalta es “la calidez y generosidad con que fui recibido, nada que ver con la imagen de personas frías que tenemos desde acá”.
Uruguay para el mundo
Pero los rusos ¿conocen el Uruguay? No podíamos dejar de preguntar eso y el psicólogo y viajero dice que “sí, saben que existimos. En mis introducciones les hablo de algunos personajes como Natalia Oreiro y el Pepe Mujica y los conocen perfectamente, más aún que a los jugadores de fútbol. Oreiro es toda una celebridad allá por sus telenovelas y su música, así que me viene muy bien para las presentaciones. Y ahora la Ranepa está haciendo un convenio con la Universidad de la República, así que el contacto no va a hacer más que crecer”.
Pero continuando con las grandes diferencias que se pueden imaginar desde un país como el nuestro sobre una sociedad como la rusa, Schreck aclara que “yo siempre fui muy respetuoso con las culturas y realidades en mis viajes, más allá de que pueda tener mis opiniones, porque a veces desde afuera es muy fácil opinar y no te das cuenta de que tenés solo una parte del puzzle de una sociedad muy compleja, por eso más que hablar, escucho y lo que vi en temas como el de la guerra o Putin es que son parteaguas, hay gente que está a favor como en contra”.
La sorpresa del éxito
Con una sencillez no muy propia de una persona a la que le están ocurriendo cosas que ni siquiera soñó conque le llegaran a pasar, Schreck cuenta que todas sus charlas fueron un éxito a sala llena –salas llenas de allá, o sea, inmensas– y que todos los libros que llevó se vendieron. “No entiendo muy bien que está pasando pero me encanta que pase, así que ya acepté la invitación para regresar el año que viene”, dice entusiasmado. Otra realidad evidentemente. Otra realidad dentro de un país que hoy por hoy es noticia en el mundo por una guerra, pero que también está formado por personas tan abiertas al mundo que se fijaron en un psicólogo sanducero para que ponga su grano de arena en un problema como el de las drogas, que, haya guerra o haya paz, se ha instalado en todas las sociedades del mundo.

