Plaza Bella Vista: entre la memoria y el porvenir

Mientras se debate sobre su futuro, la plaza sigue siendo un punto de encuentro cultural y social para el barrio Bella Vista.

En los últimos meses, la plaza Bella Vista ha estado en el centro de las discusiones ciudadanas. Vecinos del barrio y autoridades departamentales coinciden en la necesidad de repensar este espacio público, remodelado en la década de 1980. Hay desde quienes plantean la necesidad de realizar mejoras puntuales hasta quienes impulsan una transformación integral de la plaza.

A mediados de julio, un grupo de vecinos se reunió para intercambiar ideas y, de esa convocatoria, surgió una lista de prioridades: mejorar la iluminación, resolver problemas de desagüe, restaurar la fuente, ampliar los juegos para niños y podar árboles que oscurecen el lugar. La conclusión fue que hay mucho por hacer y disposición a colaborar. Pocos días después, en la Junta Departamental, el edil nacionalista Marcelo Tortorella propuso incluir en el próximo presupuesto quinquenal un proyecto integral de transformación. Recordó que la reforma de los años ‘80 sustituyó el diseño original por un trazado “duro”, con hormigón y muros que, sumados a la forestación, generaron penumbras e inseguridad. “La plaza Bella Vista dejó de ser plaza, perdió el encanto para la concurrencia habitual de las familias”, expresó, reclamando una remodelación que le devuelva su carácter barrial e histórico.

En una recorrida por el barrio, conversamos con algunos vecinos para conocer sus puntos de vista.

“La plaza debería invitar al disfrute”

Carla Bernardoni, vecina desde hace más de cuatro décadas e integrante de la Comisión de Cultura del Centro Cultural Bella Vista, recordó que desde ese lugar “hemos mantenido diversas acciones sostenidas en el tiempo, acompañadas por numeroso público”. Estas actividades se desarrollan en la biblioteca popular “Enrique Chaplin” y, junto a otras como ferias, celebraciones de la Noche de San Juan o toques de bandas locales, conforman un paisaje cultural que mantiene vivo el vínculo comunitario con la plaza. “Por lo pronto, la plaza presenta numerosas roturas, un estado que requiere intervenciones y que ha sido señalado por fotos y notas en Cortocircuitos del diario”, opinó. “Me gustaría que recuperara más entorno natural, menos muros, espacios con césped y flores. Creo que requiere una intervención urgente, con mayores espacios verdes y menos cemento. No hay lugar para atraer a niños y jóvenes: un aro para tirar una pelota, juegos o jardines para recrearse. Una plaza debería atraer al vecindario, a acercarse y apropiarse de ese espacio público. La nuestra no invita a su disfrute, por eso creo que deberían escucharse distintas voces”.

“Queremos una plaza amigable”

“Los vecinos de Plaza Bella Vista lo que pretenden es que sea una plaza amigable”, expresó Luis Amoza, presidente de la Comisión Directiva del Centro Cultural. “Hace falta más iluminación, mejorar y ampliar los juegos infantiles, sacar el arenero, hacer una poda del arbolado que permita mayor claridad, sobre todo de noche. Y más espacios verdes. Es una plaza que tiene mucho hormigón. Tiene tres fuentes y ninguna funciona. Son solamente para que se junte agua. La idea es dejar solamente la que está en la esquina de Zorrilla y Larrañaga, y en lugar de las otras dos generar espacios verdes”.

Agregó que hay vecinos de algunas calles “como Larrañaga y Ayacucho, que no ven la plaza. Sería bueno hacer algunas reformas para que todos, o la gran mayoría, puedan verla”. Y señaló aspectos de accesibilidad que deben atenderse: “La plaza tiene muchos escalones, y para los adultos mayores es difícil. Eso habría que verlo y encontrar alguna solución”.

Reconoció que arreglar o reformar la plaza “implica un costo importante para el gobierno departamental, pero creo que de alguna forma habría que hacer algo. Se gastó bastante dinero en la Plaza Constitución, todas las plazas han tenido reformas. En este caso, la reforma es onerosa y habrá que estudiarla. Pero los vecinos seguiremos planteando la situación”.

“Yo conocí otra plaza”

Francisco “Pancho” Debali vive en el barrio desde 1970, “pero ya antes, por la década del ‘50, aprovechaba cursos de contabilidad y dactilografía que se dictaban acá”, recordó. “Había terminado el liceo y vine a hacer esos cursos. Y yo conocí otra plaza”. Reconoce que la remodelación de 1980 generó opiniones encontradas, pero en su caso opina que el resultado fue bueno. “Me gustó cómo quedó, con los distintos niveles; a otra gente no. Entiendo, sí, la falta de iluminación y también que habría que disponer de más verde, todo lo que plantean los vecinos, que ya está en conocimiento del intendente”.

Sobre una posible intervención, dijo tener claro “que se necesitan muchos recursos, y las cosas no se pueden hacer de un día para otro. La idea del intendente es hacer algo que sea duradero, que no obligue a volver a gastar en poco tiempo. Y bueno, en eso están él y su equipo. Entiendo la ansiedad de la gente, pero no depende de nosotros”. Como detalle simbólico, lamentó la pérdida de las letras en relieve colocadas sobre un muro donde se leía el nombre de la plaza. “Eso se deshizo. Hoy quien viene de otro lado no sabe qué plaza es esta. Nosotros lo sabemos, pero el turista o alguien que no es de Paysandú no tiene la menor idea”.

Usos creativos y nuevas ideas

“La plaza precisa mantenimiento, ni qué hablar”, dice Marcelo Goyos, quien la visita todos los días para practicar Tai Chi. “Paso allí entre media hora y una hora por día, a veces antes del amanecer, otras a media mañana, o al mediodía. Una de las cosas que he imaginado es que la plaza tenga una estructura afín con muchas de las acciones que se realizan allí. Más allá del esparcimiento, de ir allí a pasar un rato, a tomar un mate, he visto gurises que hacen rap, grafitis, cuadros o expresiones plásticas muy interesantes. No todas, pero algunas sí. También van con skate, o bicicletas, a hacer piruetas. Y me imaginaba que parte de esas escaleras enormes podrían transformarse en rampas, con un gran circuito de skate o de BMX. Y me imagino que podrían venir a ese circuito seres de todo el mundo, y que se hagan competencias ahí. Son ideas que, de repente, salen un poco del esquema cotidiano, común y habitual”.

Según su punto de vista, la clave sería potenciar lo que ya ocurre en el lugar. “Esta plaza es increíble porque es única, prácticamente, y es funcional en el sentido creativo y artístico. Permite que la gente interactúe con ella. Imaginate decenas de gurises haciendo parkour, skate, freestyle, pintando grafitis que sean obras plásticas, y que después la gente venga a sacarse fotos. Que siga habiendo verde y más árboles, pero también que quienes hacen freestyle y rap tengan espacios donde se los contemple. Podría ser una gran fiesta esta plaza”.

Escuchar a quienes habitan el espacio

“Hace 40 años que vivo frente a la plaza, y le tengo afecto a su estructura”, dice por su parte Alejandra Planel. “Adhiero a la idea de Marcelo: la plaza podría transformarse en un lugar que contemple diferentes disciplinas, y también lo artístico. Es el único espacio público que conozco donde en el corazón mismo funciona un centro cultural, con biblioteca y talleres. Ahí tendría que generarse más diálogo entre el espacio público y el centro cultural. No creo que pase por prohibiciones o rejas, sino por la participación comunitaria. Y ahí está lo difícil: involucrarse, destinar tiempo, participar como comunidad”.

Reconoce que la plaza “tiene muchos recovecos, que así como se prestan para lo lindo, se prestan también para otras cosas que no están buenas. Eso se subsana ocupándolo y disfrutándolo. Cosas que han sucedido, como tapar una fuente, no me parece la manera de habitar el espacio. No estoy de acuerdo con seguir tomando medidas que solo tapan un problema de fondo. Emparchar cualquier espacio público porque no lo pudiste mantener, y hacerlo sin pensar en su estética, uso y finalidad, me parece que empobrece no solo el entorno en sí mismo sino la forma en que nos vinculamos en relación a ese espacio”.

También señaló mejoras simples que podrían marcar una diferencia: “Las explanadas más grandes deberían ser lisas, sin divisiones entre baldosas, para patinar, por ejemplo. Eso ya generaría otra forma de habitar el espacio”.

Finalmente, insistió en la necesidad de sumar voces jóvenes: “Cuando hablamos de convocar a la gente a discutir el futuro de la plaza, me parece clave hacerlo con quienes realmente la habitan. Yo vivo aquí hace 40 años, pero quizás quienes más saben lo qué se necesita son los más jóvenes, que pasan más tiempo en la plaza. Si siempre opinamos solo los vecinos de más años que estamos en la vuelta, no vamos a encontrar nada novedoso”.