La confirmación de que la dirección de la adaptación fílmica de la novela No robarás las botas de los muertos estará a cargo de Sebastián Bednarik es una buena noticia en sí misma. No solo por el prestigio del realizador, por supuesto, sino también por la constatación “en la cancha” de que el proyecto avanza.
La novela histórica No robarás las botas de los muertos, de Mario Delgado Aparaín, significó para generaciones recientes un reencuentro con la historia de nuestra ciudad. Pero además, implicó la recuperación para nuevos públicos de un relato sobre un evento bélico que, por sus características, ha sido narrado alrededor del mundo: “la Troya americana”, como la cantaba Gabino Ezeiza.
Esta película, basada en un libro de la popularidad del de Delgado, está llamada a convertirse en un hito importante para Paysandú: acercará a nuevos públicos, incluso más jóvenes, la historia que le valió a la ciudad el mote de “Heroica”, nada menos.
El estreno de este largometraje será, en sí mismo, un evento relevante. Pero también representará una oportunidad para que Paysandú se presente al mundo: como la ciudad que soportó aquel asedio de más de un mes en condiciones desventajosas, con los gestos heroicos que envolvieron ese episodio; pero también como la ciudad que supo reconstruirse con pujanza, levantándose de los escombros y forjando un destino de grandeza y resiliencia.
Después, claro, dependerá de la difusión y la repercusión que logre la película el que pueda convertirse en un imán para quienes, en el mundo, gustan de conocer lugares con esta carga histórica. Hay mucho que se puede hacer al respecto para acompañar e impulsar el recorrido de la película. Y será interesante ver cómo puede funcionar como catalizador de los esfuerzos que, en los últimos años, se han venido realizando para sembrar un semillero en el sector audiovisual.
Es justo reconocer que este proyecto estuvo entre las inquietudes del actual intendente, Nicolás Olivera, incluso desde antes de asumir su primer período de gobierno. Son procesos largos, lo estamos comprobando.
Por lo pronto, hay muy buenas señales en el país en lo que refiere al turismo vinculado a la cultura. Sin ir más lejos, hay un esfuerzo que se viene desarrollando junto a Unesco desde hace más de 30 años, que comenzó con la declaración del Barrio Histórico de Colonia del Sacramento como Patrimonio Mundial en 1995, corolario de un trabajo de varios años.
Desde entonces, Uruguay ha obtenido otras ocho designaciones de Unesco en su territorio: tres sitios de Patrimonio Mundial —el ya mencionado Barrio Histórico de Colonia del Sacramento, el Paisaje Industrial Fray Bentos y la Iglesia de Atlántida, obra de Eladio Dieste—; dos elementos de Patrimonio Cultural Inmaterial —el tango y el candombe—; dos Reservas de Biósfera —Bañados del Este y el Bioma Pampa-Quebradas del Norte—; un Geoparque Mundial —Grutas del Palacio—; y una Ciudad Creativa —Montevideo, en el campo de la Literatura—.
La semana pasada, en la ciudad de Trinidad, se llevó a cabo una instancia de intercambio: el Encuentro de Comunicación y Visibilidad de Rutas Unesco Uruguay, que tuvo por objetivo establecer una red de trabajo interinstitucional para avanzar en el fortalecimiento de las identidades locales.
Y aunque Paysandú, en este momento —tal vez cambie en el futuro—, no forme parte de estas rutas, resulta interesante seguir de cerca cómo se trabaja en estos procesos que buscan generar identidad y detectar oportunidades de desarrollo en torno a la cultura y el patrimonio, ya sea material o inmaterial.
Son procesos que, además, requieren de una amplia participación y hasta de un desprendimiento de las camisetas políticas, porque su propia complejidad implica que deban ser abordados por más de una administración. Por eso, es deseable que mantengan cierta independencia respecto de los gobiernos departamentales y locales.
Toni Puig, el célebre urbanista catalán, experto en el desarrollo de la Marca Ciudad y responsable de transformar Barcelona en una de las ciudades mejor posicionadas del mundo en su momento, estuvo en Paysandú hace ya ocho años. En aquel entonces, planteó la idea de que “una ciudad cambia en 20 años, en 15. El equipo que transformó Barcelona empezó en el 80 y tardamos 25 años. Fueron 25 años de trabajo, del 80 al 2000, de trabajo continuo, sabiendo muy bien dónde queríamos que estuviera la ciudad”, decía en una nota que publicamos en Quinto Día por aquel entonces.
Sería interesante retomar las ideas que dejó Puig en aquella visita, así como la experiencia de las designaciones que Unesco ha realizado en nuestro país, para conformar un ámbito de trabajo dedicado a difundir a Paysandú, a darla a conocer, algo similar a lo que representa Uruguay XXI a nivel nacional.
Claro que también es necesario ejercer un mayor celo a la hora de preservar los valores que pueden constituir un diferencial. No podemos permitir que ocurra lo que está sucediendo con los Talleres de AFE —donde se encuentra el equipamiento original de la empresa Midland, de 1890—, que han quedado prácticamente inactivos tras el cese de la actividad ferroviaria en la zona. Casi se le ha echado candado al último vestigio en el país de un taller como los que montaban las empresas ferroviarias inglesas en distintas partes del mundo.
Un espacio que bien podría tener, a menor escala, una relevancia similar a la del Museo de la Revolución Industrial del Anglo, en Fray Bentos.

