En el Día del Panadero, Aníbal Horacio Silva comparte su historia de vida entre hornos y madrugadas. Aprendió el oficio por accidente, encontró en él una vocación y, con los años, lo convirtió en un trabajo familiar que combina esfuerzo, tradición y amor por el pan bien hecho. Junto a su hijo Ezequiel, llevan adelante Seven Pan, continuando así una labor que comenzó hace más de cuatro décadas y cuyo objetivo es seguir creciendo sin perder de vista el mejoramiento continuo.
DE REPARTIDOR A PANADERO
“Empecé a los 14 años de repartidor, estuve cuatro años en el reparto y un día, por accidente, se necesitaba uno en la cuadra y empecé a trabajar. Así nos hicimos, aprendiendo en la actividad”, recordó Aníbal.
Su primer trabajo fue en Panaderías Unidas, de Carlos Álvarez. Luego pasó a La Italiana, de Francisco Píppolo, donde se inició en el oficio propiamente dicho. “Trabajé diez años con ellos y después, paralelamente, trabajaba en mi casa. Trabajaba las horas en la panadería y después mi esposa salía a vender los bizcochos en la tarde. Así muchos años”, contó.
Durante una década fue empleado y, más tarde, decidió iniciar su propio emprendimiento en su casa. “Hace diez años empezamos con Ezequiel, mi hijo, y emprendimos más industrialmente. Antes trabajaba para mí, pero más bien cosas caseras, artesanales, sin grandes escalas. Hace diez años arrancamos a trabajar juntos y empezamos a hacerlo industrialmente”, resumió.
LOS MAESTROS DEL OFICIO
Aníbal no tuvo formación académica, pero aprendió de grandes panaderos. “Si bien yo no elegí esta profesión, me eligió a mí, porque yo idea de panadería no tenía; fue accidental que me encontré con esto. Como tengo eso de que si hago algo trato de hacerlo lo mejor posible, he aprendido de diferentes maestros que trabajaron conmigo”, relató.
Recordó con gratitud a quienes le tendieron una mano cuando aún era aprendiz. “Cuando comencé a trabajar como ayudante fue muy progresivo, porque a los ocho meses estaba de encargado de la panadería. Fue muy rápido porque me encontré con maestros panaderos que les gustaba enseñar y les caí en gracia”, contó.
LA SATISFACCIÓN DEL BUEN PAN
Consultado sobre qué es lo que más satisfacción le ha brindado esta profesión, dijo que lo continúa motivando el reconocimiento de la gente. “Que a la gente le agrade lo que hacés. Que cuando encontrás una persona que consumió algo que hiciste te dice: ‘¡Qué bueno está este producto!’ y te busca para comprarlo. Eso es lo más lindo,” reafirmó.

En este sentido, recordó con orgullo los tiempos en que su esposa vendía los bizcochos por la tarde y algunos clientes, desde lejos, pedían que les llevaran su pan. “Personas que estaban en el extranjero, que habían probado el producto, solicitaban que cuando los visitaran los parientes, les llevaran. Eso pasó, con gente que tenía familiares en Francia y Alemania. Son cosas que me han motivado a seguir,” subrayó.
EL CRECIMIENTO DE SEVEN PAN
En noviembre de 2014, Aníbal y su hijo Ezequiel decidieron formalizar el negocio y fundaron Seven Pan. “Arrancamos atrás del cementerio, en un galponcito. Trabajábamos en la madrugada y después salíamos a repartir en una Hondita 50 prestada. Empezamos con pan dulce y galleta marina, y a los dos meses ya contratamos un ayudante. Hoy trabajan 21 personas”, contó Ezequiel.
Desde su apertura, el crecimiento fue permanente. “Luego nos mudamos, seguimos creciendo y contratando gente. Pasamos por otros dos locales, y comenzamos en el despacho en 2016 con planta de elaboración”, agregó. El nombre tiene un sentido especial: “Se denomina Seven porque el 7, según la Biblia, es el número de la excelencia, y nuestra familia es de siete integrantes. En la casa donde vivíamos era la casa 7. Era un número que estaba en toda nuestra vida. Nuestro objetivo era siempre –y continúa siendo– llegar a ser la panadería más excelente de Paysandú”.
Hoy, en Seven Pan “los productos que más elaboramos son nuestras marinas y nuestros croissants. Si bien tenemos una línea de producción bastante amplia, son los que más salen”, dijo Ezequiel. Aníbal de su lado agregó que el desafío es “mantenerse y no quedarse estancado”.
“Innovar es clave. Por ejemplo, en la marina siempre hemos ido evolucionando en la presentación y en la calidad, tratando de que el producto cada vez sea mejor, porque siempre hay un detalle para mejorar. En los comercios de Paysandú lo que más vas a encontrar es la galleta, y creo que estamos en el 60 o 70% del mercado en marinas”, explicó Aníbal.
Además de su propio reparto, cuentan con tres distribuidores independientes y trabajan en nuevos proyectos. “Siempre estamos buscando la manera de crecer. Actualmente desarrollamos un proyecto que transformará nuestra visión y marcará una nueva etapa en nuestro camino, prevista para inaugurarse en 2026. Queremos ofrecer una experiencia única, algo que todavía no existe en Paysandú”, adelantaron.


