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Cocina Comunitaria y Emprendedora en Paysandú: formación y desarrollo local

Cocina Comunitaria y Emprendedora de UTEC en Paysandú impulsa el desarrollo local mediante la elaboración segura de alimentos, la formación práctica y la innovación gastronómica. La licenciada en Nutrición Valentina Bartaburu explicó cómo la universidad fortalece el vínculo con el territorio trabajando directamente con emprendedores locales.

Apoyo a emprendedores gastronómicos

Emprendedores gastronómicos encuentran en la cocina de UTEC un espacio que responde a la falta de locales habilitados para producir alimentos. La cocina está habilitada bromatológicamente mediante el Registro Único Nacional de Alimentos, Empresas y Vehículos (Runaev), garantizando que los productos elaborados puedan comercializarse de forma segura. Bartaburu destacó: “Brindar apoyo a emprendedores gastronómicos que no cuentan con un local propio habilitado, brindándoles la posibilidad de elaborar alimentos de manera segura para su comercialización”.

Formación académica y práctica en gastronomía

Formación académica y práctica se combinan en la cocina de UTEC, que ofrece talleres y la optativa Gastronomía en Acción, dirigidos tanto a estudiantes de la Licenciatura en Análisis Alimentario (LAA) como a participantes externos. La licenciada Bartaburu señaló: “También potencia la formación práctica e investigativa de los estudiantes, quienes desarrollan proyectos aplicados, prácticas profesionales, trabajos de investigación y tesis de grado”. Entre los proyectos destacados se incluyen iniciativas de innovación y emprendimiento, como el desarrollo de envases comestibles, que integran ciencia, sustentabilidad y tecnología alimentaria.

Innovación y desarrollo de proyectos locales

Innovación local es uno de los pilares del espacio, que acompaña emprendimientos de la comunidad educativa. Estudiantes de la optativa Tecnología de Cerveza producen cervezas artesanales, mientras otros desarrollan condimentos, salsas picantes y conservas de hongos de eucaliptus, fomentando la innovación, el valor agregado y el desarrollo local.

Integración de educación, investigación e impulso productivo

Educación e innovación se integran en la Cocina Comunitaria y Emprendedora, fortaleciendo tanto a la comunidad educativa como al ecosistema emprendedor de Paysandú. Bartaburu resumió: “Es un espacio donde se integran formación académica, investigación aplicada, innovación y el impulso al sector productivo local”, subrayando la importancia de la colaboración entre universidad y territorio.

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El Repecho apuesta al consumo saludable con su servicio gourmet

Desde su local en Treinta y Tres casi Uruguay, El Repecho suma veinte años de trayectoria ofreciendo frutas y verduras frescas. Con una propuesta innovadora que promueve la alimentación saludable, el negocio amplió su oferta con un servicio gourmet que ya se ganó la preferencia de muchos sanduceros.

En su céntrica y estratégica ubicación, El Repecho se ha consolidado como un punto de referencia para quienes buscan frutas y verduras de primera calidad. En su amplio local, los clientes encuentran una exhhibición colorida y ordenada que combina diversidad de sabores y texturas que invitan a una alimentación más natural. Además, cuenta con dos ambientes climatizados que garantizan la mejor conservación de una amplia variedad de productos.

Desde El Repecho se ha puesto el foco en difundir hábitos saludables. “Hacemos mucho hincapié en insistir que la población se concientice en comer sano y saludable”, señaló Fernando Garrone, integrante del equipo de trabajo. En esa línea, desde hace un año el emprendimiento incorporó un servicio gourmet que busca facilitar el consumo de productos frescos, ya listos para consumir o cocinar.

PREPARACIONES LISTAS, SANAS Y PRÁCTICAS

En esa línea, desde hace un año el emprendimiento incorporó un servicio gourmet que busca facilitar el consumo de productos frescos, ya listos para consumir o cocinar. “La gente se está acostumbrando a venir a buscar lo preparado, lo pronto”, celebró. Aseguró que para el buen suceso de esta iniciativa, ha sido fundamental “tener mucha constancia, tratar de buscar que la gente se interese, buscar opciones en las cuales la gente se interese”.

El servicio gourmet ofrece una amplia gama de productos listos para consumir: ensaladas preparadas, verduras trozadas para sopas o para horno, zapallos cortados en cubos, ensaladas de frutas, gelatinas con frutas y combinaciones tropicales. “Creo que es el único lugar en Paysandú que vende una línea así, y es una meta en la cual estamos todos enfocados”, agregó Garrone.

La presentación también es parte del cuidado: “Tenemos diferentes formas de presentación, una sopa rápida liviana en una bolsita para cuatro personas, táperes de bambú para las ensaladas ralladas y ensaladas verdes, y vasos domo para repollo, zanahoria y remolacha rallada. Para las frutas usamos vasos domo estandarizados”.

ELABORACIÓN DIARIA Y DISTRIBUCIÓN LOCAL

La elaboración de los productos es diaria, con un equipo de cuatro personas que trabaja en una sala habilitada por la Runaev. “Ellas entran muy temprano, de madrugada. Cuando abrimos a las 7.30 ya tenemos los productos en exhibición, y a las 6 de la mañana ya salieron en el reparto a diferentes puntos de la ciudad”, indicó Garrone.

El servicio, que comenzó hace un año, ya logró captar un público que cada vez es mayor. “Antes de las 8 pasan los padres con sus hijos para la escuela, paran el auto y los niños se bajan solos a levantar la merienda saludable y se van. Lo mismo pasa al mediodía, entre las 11 y las 12.30, cuando salen de la oficina, pasan y levantan una ensalada rallada, una ensalada de frutas o una fruta común. Comen rápido, sano y liviano”, comentó. “Es un trabajo constante de tratar de mentalizar a la gente, de acostumbrarlos”, añadió.

FRUTAS Y VERDURAS DE ESTACIÓN

Además de las ventas en su local, El Repecho distribuye sus productos en comercios de nuestra ciudad, y también realiza entregas a domicilio. “Tenemos un compañero que se dedica a las ventas en esos puntos, y también atendemos pedidos de clientes particulares”, explicó Garrone.

El abastecimiento se realiza principalmente con frutas y verduras de estación, aunque también incluyen productos exóticos. “Todo viene de Montevideo; hay cosas incluso que nos piden desde allá y nosotros las enviamos. Compramos en una casa mayorista de Montevideo”, precisó.

En cuanto a los precios, Figueroa aseguró que el objetivo es que nadie se quede sin la posibilidad de acceder a alimentos saludables. “Tenemos para todos los bolsillos, porque en diferentes semanas hacemos ofertas. Acá todo el mundo viene y se le busca la forma de que se lleve lo mejor”, cerró.

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Pan y Crema: una panadería artesanal que combina pasión, constancia y aprendizaje

Pan y Crema es una panadería de barrio —ubicada en Grito de Asencio 1031, Paysandú— que combina pasión, constancia y aprendizaje diario en cada elaboración. En el marco del Día del Panadero, su titular Patricia Martínez contó la historia de un emprendimiento marcado por la dedicación y el deseo constante de mejorar.

Desde 2019, Patricia y su equipo encontraron en la elaboración artesanal de pan una verdadera forma de vida. Su panadería se distingue por la búsqueda de calidad y el trabajo en equipo. “Es un desafío constante por lo que aprendemos y elaboramos constantemente nuevos productos para poder desarrollar mejor esta actividad diaria, para diferenciarnos en calidad y precio”, afirmó.

Elaboración artesanal y procesos cuidados

En Pan y Crema se elaboran a diario panes, galletas, facturas y bollos, mientras que durante la semana se suman marinas, panes dulces, budines, alfajores, grisines, tortas y tartas. El proceso de producción, explicó Patricia, es meticuloso y pensado para lograr una textura perfecta:

“La elaboración se realiza en horas de la tardecita-noche, se agrega muy poca levadura y se deja descansar la masa para que haga un proceso de leudado lento hasta el próximo día. Así logramos un pan con descanso, esponjoso y suave”.

En estos años, el aprendizaje ha sido una constante. “Me hace feliz saber que no sabía nada de este mundo de harinas y levaduras, en el cual sigo aprendiendo constantemente”, contó con orgullo.

Aunque su formación original no estaba vinculada a la gastronomía —es estudiante de Técnico en Gerencias y también vendedora de calzados—, encontró en el oficio del pan una nueva vocación. “Emprendí con mucho valor en este rubro totalmente nuevo para mí, con momentos muy difíciles y cuesta arriba, pero siempre dando lo mejor con la ayuda de Dios, de mi familia y amigos, que son un pilar muy importante en este emprendimiento”, expresó.

Innovación con esencia artesanal

El compromiso con la mejora continua también se refleja en la incorporación de tecnología. Este año, Pan y Crema sumó una máquina de armado de pan que permite mayor eficiencia y mejor desarrollo del gluten. Pero, más allá de los avances, Patricia mantiene la esencia del trabajo artesanal: cuidar cada detalle, valorar la materia prima y sostener la cercanía con los clientes que cada día eligen sus productos.

Presencia en redes y participación en eventos

Las redes sociales también se han convertido en una herramienta clave para dar a conocer el trabajo. “Publicamos constantemente, nos publicitan algunos influencer y las personas que les gustan nuestros productos nos etiquetan y comparten en nuestras redes”, comentó.

La panadería participa además en eventos gastronómicos locales, como Cocinarte, donde los sabores caseros y la creatividad de sus propuestas encuentran nuevos públicos.

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Soda La Capital, cuatro generaciones de trabajo y orgullo

Fundada en octubre de 1910, Soda La Capital es una de las empresas más emblemáticas de Paysandú. Julio Mannise, cuarta generación al frente de la empresa, repasó los cambios que marcaron su historia y los desafíos de mantenerse vigentes sin perder la esencia familiar.

Cuatro generaciones de la familia Mannise han mantenido viva la tradición, adaptándose a los tiempos sin renunciar a la identidad que la distingue. “Es tanto un privilegio como una responsabilidad enorme”, dijo, destacando que es “única en mantener su actividad en este rubro de forma ininterrumpida, y es además la única empresa sanducera que continúa fabricando agua”.

“Yo soy en este momento la cuarta generación de la empresa. Y la cuarta generación superando esa barrera de la tercera generación, como expresa el dicho popular que dice que se llega hasta la tercera, somos la prueba de que se puede sobrevivir por más de tres generaciones y han pasado muchas cosas en estos 115 años”.

TRADICIÓN Y MODERNIZACIÓN

A lo largo de su historia, Soda La Capital ha sabido equilibrar la tradición con la innovación. Cada generación tuvo su propio desafío y su momento de cambio. “En eso se da la particularidad que evidentemente en cada generación hubo un cambio hacia la modernización y hacia la adaptación que se necesitaba en ese tiempo bien marcada”, explicó Mannise. “A mí me tocó vivir la transición del agua con gas hacia el agua sin gas. Hay una tendencia bastante marcada hoy día de darle más prioridad al agua sin gas y nosotros tuvimos que adaptarnos a eso. Me tocó pensar en equipos nuevos, en maquinaria nueva, en envases nuevos, y le tocó a mi viejo cuando se dio la transición entre sifones de vidrio –que si bien hasta el día de hoy seguimos produciendo y somos la única fábrica en Uruguay que sigue produciendo sifones de vidrio– hacia el sifón de plástico, que es lo más divulgado. Es como que cada generación tuvo su bisagra, su quiebre, hacia modernizarse, adaptarse o dejar de existir. Lo que ha caracterizado a los Mannise en general es que nunca echaron para atrás, siempre cerraron los ojos y se animaron al cambio”.

EL VALOR DEL VÍNCULO CON LA GENTE

Soda La Capital no solo forma parte de la historia comercial de Paysandú, sino también de su vida cotidiana. El reparto puerta a puerta es parte esencial de esa relación con los clientes. “Por supuesto que es con el producto, pero también hay un tema de servicio”, señala Mannise. “Lo que tiene la sodería en particular es que es un producto que se reparte de puerta en puerta, a la casa de familia directamente.

Entonces muchas veces pasa que la vinculación que tiene el cliente con el producto es a través del repartidor, es como que humaniza más el producto el hecho de que alguien llega hasta la puerta de tu casa. Habla de la marca. Nosotros siempre priorizamos la calidad por sobre la cantidad, entonces somos muy selectivos a la hora de tener nuestros repartidores en la calle. Creo que va por ese lado lo que se recuerda, porque además pasaron muchos productos muy emblemáticos, la Bolita, el Veranol, el sifón, pero también está quien te lo lleva, en la forma, el día, la hora. Realmente el reparto tiene un sistema tan aceitado hoy día que saben decirte hasta un rango de hora en que pueden estar con una tolerancia de 15 minutos o media hora de error”.

LOS PRODUCTOS DE HOY

Aunque en otras épocas elaboraban refrescos, hoy la empresa está concentrada en el agua, con o sin gas. “Hoy día tenemos únicamente agua, porque lo que era refrescos se hizo hasta hace unos años atrás, después lo dejamos por un tema de competitividad y costos. Hoy en día nos dedicamos exclusivamente al agua, que es la línea con gas en sifones clásicos de vidrio y de plástico, y también en botella. Todo eso retornable. Luego el agua sin gas, que tenemos bidones descartables de 6 litros y después la línea más que nada para dispensadores, bidones de 10, 12 y 20 litros, con dispensadores domésticos y de oficina”, detalló.

La distribución se realiza directamente a domicilio y a empresas. “Tenemos siete móviles en la calle”, precisó.

DESAFÍOS Y NUEVAS COSTUMBRES

Como toda empresa familiar con larga trayectoria, Soda La Capital enfrenta desafíos vinculados a los cambios en los hábitos de consumo y en la vida cotidiana. “Es algo que me tiene muy ocupado”, reconoció Mannise. “Siento que ha cambiado mucho el modelo familiar. Antes había por mucho más tiempo personas en la casa, hoy en día todos trabajan, el hogar de repente queda vacío y no hay gente para recibir la mercadería. La juventud también es algo que me tiene ocupado, en cómo captar al público joven, sobre todo en el tema sifón. Eso es un desafío importante para mí”.

UNA MARCA QUE PERDURA

El nombre de Soda La Capital sigue siendo sinónimo de calidad y de historia. “En la ciudad y en todo el Uruguay el rubro sodería es bastante reducido”, comentó. “Tenemos colegas en Salto, en Durazno, en Ciudad de la Costa, y La Capital siempre ha estado involucrado en todo lo que es, sobre todo, sifones. Y, es un referente a nivel nacional, sobre todo porque sifones de vidrio nadie te llena. Somos los únicos que seguimos produciendo sifones de vidrio y todavía queda un público”.

La cobertura de la empresa abarca prácticamente todo el departamento. “En Paysandú llegamos a casi todo el departamento y vamos hasta San Javier. Tenemos la proyección de volver a Young, estamos por empezar a ir a Chapicuy, y en Paysandú es casi como EL TELEGRAFO, que son empresas del mismo año. Hay empresas emblemáticas en Paysandú y creo que La Capital es una de de ellas”, expresó.

Mannise concluyó con una reflexión que explica la permanencia: “Me gustaría hacer hincapié en que su permanencia se debe a que es una empresa familiar. Vos venís acá y no vas a encontrar un CEO, un director; me vas a encontrar a mí, a mi papá, hasta hace unos años a mi abuelo, hasta hace unos años a mi madre. Es nuestra vida la fábrica, el producto y los clientes. Por eso es que perduró tantos años, porque es nuestra casa”.

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Carnes Santa Rita: un proyecto que crece con trabajo y dedicación

Hace tres años, las hermanas mellizas Melina y Alexandra Caraballo decidieron dar un paso valiente y abrir su propia carnicería en Paysandú. Con esfuerzo, aprendizaje y el apoyo de su familia, hoy celebran el crecimiento de Carnes Santa Rita, un emprendimiento que se ganó su lugar apostando a la calidad y al trabajo bien hecho.

Melina y Alexandra, durante años trabajaron en distintos rubros, hasta que una oportunidad las llevó a emprender juntas. “Nosotras arrancamos con mi hermana en 2014. Ella era cajera en una distribuidora y yo en una carnicería. Mi patrona, nos ofreció vendernos una de las carnicerías de Fricasa”, contó Melina.

Así fue como comenzaron a trabajar por cuenta propia, hasta que en agosto de 2022 decidieron dar el salto y abrir su propio local. “Queríamos progresar y tener algo nuestro. Buscamos la zona, porque sabíamos que se estaban haciendo barrios nuevos, y abrimos el 29 de agosto de 2022. Desde el primer día dijimos: nosotras podemos”, recordó.

Carnes Santa Rita funciona en la esquina de Meriggi, entre 33 Orientales y Setembrino Pereda. Lo que empezó con dos hermanas y un cortador hoy es un emprendimiento familiar consolidado, con cuatro personas trabajando día a día.

UN LOCAL PENSADO CON DEDICACIÓN

El nuevo espacio, luminoso y ordenado, refleja la impronta de sus dueñas. “Lo que siempre nos destacó fue la limpieza. En la otra carnicería todo era más precario, así que esta la armamos con todo nuevo. Todo lo que en la anterior veíamos mal, acá lo cambiamos”, explicó Melina.

El local cuenta con dos vitrinas amplias, un sector de milanesas y un pasillo destinado al ingreso de los proveedores, pensado especialmente para mantener la higiene. “Estamos muy orgullosas porque logramos tener lo que queríamos: la carnicería propia. Ahora podemos elegir a quién comprarle, hacer nuestros propios productos y trabajar a nuestra manera”, dijo.

En Carnes Santa Rita elaboran chorizos, pollos y solomillos arrollados, pamplonas, lechones asados y otros productos especiales. “Nos gusta poder hacer lo nuestro, todo casero y con buena materia prima”, agregó.

EL VALOR DEL ESFUERZO

El camino no fue fácil. “Todo cuesta, porque la gente te tiene que conocer. Pero estamos contentas, todo lleva su proceso”, reconoció Melina. Cuando se mudaron a la nueva zona, debieron empezar de cero con la clientela. “Nosotras en Washington y Carlos Albo teníamos una clientela hecha, y acá fue empezar de nuevo. Pero estamos contentas, vamos progresando”, afirmó.

Ese esfuerzo tuvo su reconocimiento. Este año, el Instituto Nacional de Carnes (INAC) las eligió para representar al país en la Expo Prado, como ejemplo de mujeres emprendedoras en el rubro cárnico. “Nos eligieron a nosotras en todo Uruguay, y viajamos al Prado. Contamos nuestra historia, porque allá decían que no es común ver mujeres cortando una chuleta o un asado. Fue una experiencia hermosa”, relató emocionada.

Melina destacó además el apoyo familiar: “Nuestros padres nos ayudaron muchísimo. No es fácil tener un negocio, todo cuesta. Pero con trabajo y constancia se puede”.

CALIDAD COMO SELLO

Para las hermanas Caraballo, la clave del crecimiento está en la confianza del cliente. “Siempre tratamos de brindarle al cliente los mejores productos. Apuntamos a la calidad, porque la gente tiene para elegir”, señaló Melina.

Su propuesta abarca desde cortes clásicos como asado especial, vacío fresco o de campo, hasta productos elaborados como pamplonas, brochettes, milanesas, hamburguesas, morrones rellenos y chorizos de distintas variedades. “Cuando pedimos el asado siempre le decimos al proveedor: danos el mejor asado”, comentó.

UNA HISTORIA QUE INSPIRA

Con tres años de trayectoria y muchos proyectos por delante, Carnes Santa Rita se ha convertido en un ejemplo de espíritu emprendedor. Dos hermanas que empezaron sin experiencia, pero con decisión y ganas de aprender, lograron hacer realidad un sueño compartido. “Estamos muy orgullosas de lo que construimos”, resumió Melina. “Desde el primer día dijimos que podíamos, y hoy lo estamos demostrando”, concluyó.

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Celíacos de Paysandú celebran medidas que apuntan a eliminar la contaminación cruzada

Desde el Grupo de Celíacos de Paysandú se valoró positivamente la reciente implementación del nuevo sistema Runaev y el trámite de manipulación de alimentos libres de gluten que la Intendencia de Montevideo habilitó de forma virtual. La integrante de este colectivo, Fabiana Moreira, aseguró que estas medidas apuntan a resolver uno de los principales problemas que enfrenta la comunidad celíaca: la contaminación cruzada.

Explicó que para los pacientes celíacos “está bueno”, por un lado la implementación del nuevo sistema de bromatología Runaev, y por otro, que “hubo una linda incorporación en la Intendencia de Montevideo que permite hacer el trámite de manipulación de alimentos libre de gluten online. Eso está buenísimo porque es bien específico para todos los que trabajamos”.

En ese sentido, señaló que “lo tendrían que tener todos súper claro, pero lamentablemente en el carné de manipulación de alimentos el tiempo que le dedican al tema de trabajar y manipular libre de gluten es muy poco, se reduce a cinco minutos en las charlas que te dan, literal. En cambio, con esto, si bien es online, es específicamente para esto”.

Moreira resaltó además que, si bien la oferta de productos libres de gluten ha crecido, persisten algunas dificultades. “Gracias a Dios hay cada vez más productos en plaza. Seguimos con la misma problemática de que el logo es caro, porque la propiedad es de Acelu, que es una asociación privada. Eso hace que no todos los alimentos tengan el logo que caracteriza y que es fácil de visualizar en el producto”.

La entrevistada expresó su expectativa de que el nuevo sistema facilite las habilitaciones bromatológicas. “Esperamos que ahora, con el nuevo sistema de Runaev, se facilite el tema de las habilitaciones. Se nota que hay una intención manifiesta de poner el foco en los alimentos libres de gluten. Desde el momento en que hay un carné de manipulación específico, se ve que hay una preocupación, y eso está muy bueno”.
Asimismo, subrayó que la principal dificultad sigue siendo la contaminación cruzada. “El gran problema que complica es la contaminación cruzada. Si la industria manejara con prolijidad el tema de la contaminación cruzada y la eliminara, habría muchos más productos en plaza que podríamos consumir, y al aumentar la oferta eso beneficia al celíaco: baja el precio, naturalmente sucede eso. Me parece que es atacar el problema desde la raíz, eso está bien pensado”.

“Los celíacos de Paysandú estamos muy contentos y agradecidos por esta novedad, porque ayuda en el tema de la contaminación cruzada, que es nuestro principal enemigo”, añadió.

Para Moreira, la iniciativa marca un avance importante. “Está fantástico esto de preocuparse por eliminar la contaminación cruzada. Eso realmente para nosotros es súper importante, y está buenísimo que vayan por ese camino, que realmente es el que nos va a ayudar a nosotros no solamente en el día a día a consumir tranquilos, sino que para el público en general es mejor si se evita la contaminación. Así habrá más productos que naturalmente ya son libres de gluten, pero que se contaminan, entre comillas, sin querer, por no tener esos cuidados, y eso nos imposibilita de consumirlos”, cerró.

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Entre harina y horno: la historia de un panadero de oficio

En el Día del Panadero, Aníbal Horacio Silva comparte su historia de vida entre hornos y madrugadas. Aprendió el oficio por accidente, encontró en él una vocación y, con los años, lo convirtió en un trabajo familiar que combina esfuerzo, tradición y amor por el pan bien hecho. Junto a su hijo Ezequiel, llevan adelante Seven Pan, continuando así una labor que comenzó hace más de cuatro décadas y cuyo objetivo es seguir creciendo sin perder de vista el mejoramiento continuo.

DE REPARTIDOR A PANADERO

“Empecé a los 14 años de repartidor, estuve cuatro años en el reparto y un día, por accidente, se necesitaba uno en la cuadra y empecé a trabajar. Así nos hicimos, aprendiendo en la actividad”, recordó Aníbal.

Su primer trabajo fue en Panaderías Unidas, de Carlos Álvarez. Luego pasó a La Italiana, de Francisco Píppolo, donde se inició en el oficio propiamente dicho. “Trabajé diez años con ellos y después, paralelamente, trabajaba en mi casa. Trabajaba las horas en la panadería y después mi esposa salía a vender los bizcochos en la tarde. Así muchos años”, contó.

Durante una década fue empleado y, más tarde, decidió iniciar su propio emprendimiento en su casa. “Hace diez años empezamos con Ezequiel, mi hijo, y emprendimos más industrialmente. Antes trabajaba para mí, pero más bien cosas caseras, artesanales, sin grandes escalas. Hace diez años arrancamos a trabajar juntos y empezamos a hacerlo industrialmente”, resumió.

LOS MAESTROS DEL OFICIO

Aníbal no tuvo formación académica, pero aprendió de grandes panaderos. “Si bien yo no elegí esta profesión, me eligió a mí, porque yo idea de panadería no tenía; fue accidental que me encontré con esto. Como tengo eso de que si hago algo trato de hacerlo lo mejor posible, he aprendido de diferentes maestros que trabajaron conmigo”, relató.

Recordó con gratitud a quienes le tendieron una mano cuando aún era aprendiz. “Cuando comencé a trabajar como ayudante fue muy progresivo, porque a los ocho meses estaba de encargado de la panadería. Fue muy rápido porque me encontré con maestros panaderos que les gustaba enseñar y les caí en gracia”, contó.

LA SATISFACCIÓN DEL BUEN PAN

Consultado sobre qué es lo que más satisfacción le ha brindado esta profesión, dijo que lo continúa motivando el reconocimiento de la gente. “Que a la gente le agrade lo que hacés. Que cuando encontrás una persona que consumió algo que hiciste te dice: ‘¡Qué bueno está este producto!’ y te busca para comprarlo. Eso es lo más lindo,” reafirmó.

En este sentido, recordó con orgullo los tiempos en que su esposa vendía los bizcochos por la tarde y algunos clientes, desde lejos, pedían que les llevaran su pan. “Personas que estaban en el extranjero, que habían probado el producto, solicitaban que cuando los visitaran los parientes, les llevaran. Eso pasó, con gente que tenía familiares en Francia y Alemania. Son cosas que me han motivado a seguir,” subrayó.

EL CRECIMIENTO DE SEVEN PAN

En noviembre de 2014, Aníbal y su hijo Ezequiel decidieron formalizar el negocio y fundaron Seven Pan. “Arrancamos atrás del cementerio, en un galponcito. Trabajábamos en la madrugada y después salíamos a repartir en una Hondita 50 prestada. Empezamos con pan dulce y galleta marina, y a los dos meses ya contratamos un ayudante. Hoy trabajan 21 personas”, contó Ezequiel.

Desde su apertura, el crecimiento fue permanente. “Luego nos mudamos, seguimos creciendo y contratando gente. Pasamos por otros dos locales, y comenzamos en el despacho en 2016 con planta de elaboración”, agregó. El nombre tiene un sentido especial: “Se denomina Seven porque el 7, según la Biblia, es el número de la excelencia, y nuestra familia es de siete integrantes. En la casa donde vivíamos era la casa 7. Era un número que estaba en toda nuestra vida. Nuestro objetivo era siempre –y continúa siendo– llegar a ser la panadería más excelente de Paysandú”.

Hoy, en Seven Pan “los productos que más elaboramos son nuestras marinas y nuestros croissants. Si bien tenemos una línea de producción bastante amplia, son los que más salen”, dijo Ezequiel. Aníbal de su lado agregó que el desafío es “mantenerse y no quedarse estancado”.

“Innovar es clave. Por ejemplo, en la marina siempre hemos ido evolucionando en la presentación y en la calidad, tratando de que el producto cada vez sea mejor, porque siempre hay un detalle para mejorar. En los comercios de Paysandú lo que más vas a encontrar es la galleta, y creo que estamos en el 60 o 70% del mercado en marinas”, explicó Aníbal.

Además de su propio reparto, cuentan con tres distribuidores independientes y trabajan en nuevos proyectos. “Siempre estamos buscando la manera de crecer. Actualmente desarrollamos un proyecto que transformará nuestra visión y marcará una nueva etapa en nuestro camino, prevista para inaugurarse en 2026. Queremos ofrecer una experiencia única, algo que todavía no existe en Paysandú”, adelantaron.

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El Mecenas: agroecología, educación y respeto por la tierra

En la chacra agroecológica El Mecenas, el trabajo con la tierra se transforma en una experiencia educativa y humana. Desde este espacio, un equipo impulsa una forma de producir y enseñar que conecta alimentación, respeto y futuro sostenible.

Aprender desde las raíces

Desde sus inicios, el proyecto El Mecenas nació con un fuerte sentido educativo.
Su impulsor, Alfredo Dolce, entiende que el vínculo entre la tierra y los niños es el punto de partida para construir una sociedad más consciente.
Desde el inicio el proyecto El Mecenas está directamente relacionado con la educación, sobre todo enfocado a los niños, que son quienes aprenden más rápido, de manera más permanente y sin una visión sesgada por ideologías o posiciones previas”, explicó.

En ese camino, Dolce consideró que enseñar con el ejemplo, en contacto directo con la naturaleza, es una forma efectiva de sembrar consciencia.
Es más fácil demostrar cosas reales a los niños y que las incorporen en su vida que a los mayores que ya tenemos opiniones formadas”, reflexionó.

Alimentar la consciencia

En El Mecenas, la producción agroecológica no se entiende solo como una técnica, sino como una filosofía de vida que entrelaza educación, respeto y alimentación saludable.
Entendemos que entre otras cosas que han dejado de enseñarse o quizás no se les pone tanto énfasis, está la educación ambiental, que viene de la mano con una correcta alimentación y muchos otros valores que son difíciles de encontrar en el momento”, señaló.

Para Dolce, educar no debería limitarse a preparar para el trabajo, sino enseñar a mejorar el entorno en que vivimos.
Quizás llegue el momento en el que al elegir un alimento los argumentos que pesen sean otros, más basados en los procesos de producción y no tanto en lo económico”, afirmó, convencido de que el cambio debe comenzar desde las nuevas generaciones.

Un lugar donde las cosas se explican solas

Las visitas a la chacra agroecológica son una experiencia en sí mismas.
Niños, jóvenes y vecinos se acercan al predio y descubren otra manera de entender la producción de alimentos.
Las personas que visitan la chacra entran de una manera y salen de otra. Hay cosas que se transmiten solas. El aire que se respira, la sensación de tranquilidad que hay en el lugar colaboran haciendo que muchas veces no hagan falta mayores explicaciones”, contó.

La intención no es solo mostrar un modo de cultivo sin químicos, sino transmitir una forma de relacionarse con la vida.
Producir de manera agroecológica no es sólo cultivar sin aplicar químicos, sino todo un concepto que incluye justamente respetar a los demás, empezando por quienes trabajan en el lugar”, resumió.

Sembrar valores en tierra fértil

Dolce insistió en que los niños son el terreno más fértil para sembrar una nueva cultura alimentaria.
Son esponjitas que absorben todo”, dijo con convicción.
Y agregó: “En una analogía que quizás viene al caso, son tierra fértil en la que si plantamos las semillas correctas, los frutos les van a dar una vida mejor”.

A su entender, crear consciencia en las nuevas generaciones es clave para enfrentar los desafíos actuales.
Es fundamental cultivar sin envenenar porque después ese mismo veneno que se aplica va a ir a parar directo a los frutos”, advirtió.
Así, cada enseñanza se convierte en una herramienta para elegir con conocimiento y responsabilidad.

El tiempo de la naturaleza

El trabajo diario en El Mecenas también deja aprendizajes personales.
Dolce confiesa que la tierra le ha enseñado a comprender los ritmos naturales y la importancia de la prevención.
Aprendí a tener paciencia, que las cosas tienen sus propios tiempos, que no se pueden manejar todas las variables a gusto propio”, dijo.
La agroecología se basa en la prevención y en las relaciones con los demás para compartir conocimientos y experiencias”.

Alimentar el futuro

En el cierre, y con motivo de una fecha que invita a reflexionar sobre la alimentación y el futuro, Dolce propuso una pausa y una mirada al pasado reciente.
Que se tomen 30 segundos para repasar y recordar cómo era el mundo hace unos años atrás en relación a lo que comíamos, las enfermedades que había y sobre todo las que no había tanto como ahora”, invitó.

Y dejó un mensaje que resume el espíritu de su trabajo:
Todo arranca en la alimentación. Si no cambiamos nosotros, al menos aportemos para que los que vienen detrás lo hagan. A final de cuentas, son nuestros hijos y nietos y queremos lo mejor para ellos”.

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Ingeniería alimentaria: clave para enfrentar los desafíos del hambre, la sostenibilidad y la educación alimentaria

En el Día del Ingeniero Alimentario, la profesional sanducera Antonella Goyeneche reflexionó sobre el papel de esta disciplina en los desafíos globales vinculados al hambre, la sostenibilidad y la educación alimentaria.

Goyeneche destacó la relevancia de la ingeniería alimentaria frente a los grandes retos del siglo XXI. “Es clave porque la ingeniería alimentaria es la que desarrolla tecnología, biotecnología y procesos que tienen que ver con la productividad y los sistemas resilientes frente al cambio climático”, explicó.

Desde la resistencia a plagas y sequías hasta la creación de alimentos con mayor vida útil, estabilidad y valor nutricional, la profesional considera que la disciplina “concentra no solamente el valor y el aporte del alimento, sino su durabilidad y su seguridad”.

Reducir las pérdidas, desperdicios y reeducar al consumo

Goyeneche destacó que el ingeniero alimentario interviene en cada etapa de la cadena productiva para evitar pérdidas. “En la cosecha, en los procesos industriales, en los controles de calidad o en los ajustes productivos, se busca que no haya lotes a rechazar. Todo eso va desde el diseño de equipos hasta el tratamiento del producto original, manejo de cámaras de temperatura”, detalló.

Según explicó, los desperdicios de alimentos se producen en el consumo doméstico y en el sector gastronómico. “Se tira mucho alimento porque se manejan mal los stocks, las compras o las porciones”, observó. A veces se descartan partes comestibles, como las hojas o tallos del brócoli, por desconocimiento o costumbre, citó.

Para atender este problema se requiere “rediseño, pensamiento y educación del consumidor y de los comercios”, sostuvo.

La ingeniera valoró además la reciente incorporación del Manual de Prevención de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos, documento que será obligatorio a partir del próximo año. Ahora las bromatologías exigen que cada establecimiento tenga un plan para prevenir el descarte de alimentos, achicar porciones y evitar el desperdicio por motivos estéticos, indicó.

“Tenemos que reeducar a la población de que el producto no pierde la calidad porque tenga otra estética: un tomate con forma rara tiene el mismo sabor –a veces más rico– que uno perfecto, y debe aprovecharse todo”, subrayó.

Microbiota y salud: un desafío pendiente

Consultada sobre los temas urgentes en materia alimentaria, Goyeneche consideró fundamental atender la salud intestinal. “Hay que mejorar mucho la protección y el consumo en torno a la microbiota y el microbioma, que son los grandes reguladores (del organismo) y cada vez está más demostrado” su papel en la salud de la población, señaló.

Insistió en la necesidad de volver a hábitos alimentarios más naturales y variados: “Hay que comer de todo, comer colorido, mucha fibra y alimentos fermentados. En Uruguay tenemos un alto índice de cáncer colorrectal y colon irritable, y eso –al igual que otras enfermedades– es debido al tipo de alimentación que no está cuidando la microbiota intestinal”.

 

Una relación consciente con los alimentos

Finalmente, Goyeneche dejó una reflexión en el marco del Día Mundial de la Alimentación: “La alimentación ha sido responsable del desarrollo humano y del crecimiento de los países, pero también de sus caídas. Es lo que nos puede dar salud, larga vida y felicidad, así que tenemos que tratar de tener una buena relación y respetar nuestro cuerpo a través de la alimentación”.

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Formación práctica en Termas de Guaviyú: estudiantes de UTU aprenden gastronomía y hotelería en un entorno real

Es una experiencia muy buena, sobre todo para los pasantes. En mi época no teníamos esta posibilidad: ahora tienen un lugar con todas las herramientas, buenos referentes y la oportunidad de descubrir si esta es su vocación”, valoró la docente sanducera Martina Möller sobre la práctica formativa que estudiantes de UTU realizan en el Centro de Especialización Hotelera y Gastronómica de Termas de Guaviyú.

Aprender haciendo

Desde 2024, el Centro de Especialización Hotelera y Gastronómica funciona en Termas de Guaviyú como un anexo del Instituto de Alta Especialización de UTU Salto. Combina la gestión hotelera y el servicio gastronómico, gestionados por referentes y estudiantes becarios de UTU provenientes de Salto, Paysandú y Quebracho.

Durante el verano pasado, la chef y docente sanducera Martina Möller acompañó a los grupos de pasantes que realizaron en el parador su práctica profesional, en su carácter de referente en Técnicas de Servicio. Los estudiantes de Gastronomía de Salto cumplieron 90 horas obligatorias de pasantía, alternando entre la sala y la cocina.

“El parador se inauguró el año pasado y comenzó a funcionar con referentes y becarios contratados”, refirió. La idea fue que los estudiantes de Salto que cursan la Tecnicatura en Gastronomía pudieran “hacer su pasantía en Guaviyú, sin tener que trasladarse hasta Punta del Este, donde UTU tiene otro parador”, explicó Möller.

Del aula al salón

En su rol de referente, Möller acompañó el trabajo de los pasantes en la atención al público. “Mi tarea era observar cómo se desenvolvían en el salón: el trato con el cliente, la toma de la comanda, la memoria, la presentación y la actitud. También cómo servían y cuán atentos estaban a las demandas del cliente”, contó.

El objetivo es que los estudiantes aprendan a trabajar en una cocina real, con clientes verdaderos, y experimenten el trabajo en equipo y bajo presión. “Es una manera de que vean si realmente les gusta este oficio”, subrayó.

En la cocina, los pasantes eran guiados por la referente Teresa Sequeira, docente de gastronomía en Salto. Cada jornada implicaba tareas concretas: preparar desayunos, elaborar escones y medialunas, atender el almuerzo y colaborar en el servicio del parador.

El menú es diseñado por el chef a cargo del parador, quien coordina la labor de los estudiantes becarios y define las tareas de cada integrante.

Habilidades que se ponen a prueba

Las pasantías de UTU permiten aplicar los conocimientos adquiridos y desarrollar habilidades prácticas. “Tienen que estar bien dispuestos, concentrados, ser prácticos en el despacho y mantener la mente abierta para recibir correcciones. En el parador cuentan con herramientas que en el aula no tenemos”, valoró Möller.

La experiencia también implica trabajo conjunto con los becarios permanentes del centro, que permanecen durante un año y medio. “Los becarios ya tienen tareas específicas, algunos en panificación, otros en salsas, carnes o postres. Cuando llegan los pasantes, ayudan a los becarios, según la capacidad de cada uno el chef va viendo en qué lugar los pone. Y lo que está bueno también es que los van rotando”, explicó.

El valor humano y la enseñanza

Möller destacó que los estudiantes valoran especialmente el acompañamiento y la paciencia de los referentes. “En los informes que recibíamos, lo que más resaltaban era cómo los trataban, la dedicación para enseñarles y ayudarlos a mejorar. De todo lo que comentaron, lo fundamental fue el valor humano”, sostuvo.

Ellos aprenden a vencer la timidez en la atención al cliente, a ganar confianza y seguridad”, añadió la docente, destacando que es una oportunidad para descubrir la vocación profesional y formarse en el ámbito gastronómico.

Impacto en la comunidad

Consultada sobre el impacto del centro en Termas de Guaviyú, Möller aseguró que “fue bueno, la gente está contenta. Los visitantes saben que los estudiantes están aprendiendo” y los alientan. Además, el parador dio un nuevo impulso al lugar: “los huéspedes tienen un espacio para desayunar o almorzar, y también eso movió un poco el mercado local”, comentó.

Para la docente, la iniciativa representa una oportunidad única de formación profesional. “Ahora los estudiantes tienen un lugar donde aprender con todas las herramientas, con buenos referentes. Es algo que les suma para darse cuenta si es su vocación, porque la vida en la cocina no es fácil, es muy sacrificada”, apuntó.

 

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Un país, una norma: la ruta hacia alimentos más seguros

La implementación del Registro Único Nacional de Alimentos, Empresas y Vehículos (Runaev) marcó un antes y un después en la gestión bromatológica del país.
La responsable del Plan de Modernización y Mejora Continua de la Intendencia de Paysandú e integrante de la Comisión de Seguimiento del Runaev, Antonella Goyeneche, explicó cómo este sistema nacional, que cumple su primer año, unifica criterios, reduce burocracias y fortalece la inocuidad de los alimentos que llegan a nuestra mesa.

Unificación de criterios y coordinación nacional

El Runaev, operativo en todo el territorio nacional, permitió por primera vez unificar los criterios de inspección, habilitación y registro de alimentos y empresas en los 19 departamentos.
Según explicó Goyeneche, a través del Runaev, “todas las intendencias ahora toman los mismos criterios a la hora de inspeccionar locales, habilitar negocios, inspeccionar alimentos, estudiar documentación y registros, envases y rótulos”.

Eso colabora a que los criterios y las necesidades que tienen los comerciantes sean únicos en todo el país”, agregó.
Destacó que esta coordinación nacional representa un avance fundamental para el sector: “Esta unificación de criterios en todo el país, es muy importante para distribuidores, productores, elaboradores que quieren llevar sus productos a diferentes departamentos”.

Además, permite actuar rápidamente ante situaciones de riesgo: “Cualquier situación que se detecta, tanto buena como de riesgo, inmediatamente está en un ámbito nacional, lo tratamos entre todos y nos enteramos todos. Eso es de gran beneficio para la inocuidad y el control sanitario de los alimentos”, señaló, recordando el reciente caso de los quesos rallados, que pudo abordarse con eficacia gracias a este sistema coordinado.

Modernización tecnológica y acompañamiento al sector

El Plan de Modernización de la Intendencia de Paysandú fue clave para la transición al sistema digital del Runaev.
El cambio del sistema tradicional al nuevo del Runaev, gracias al Plan de Modernización, se preparó, se adelantó y se está acompañando a todo el sistema agroalimentario del departamento en esta transición”, explicó.

Se trabaja junto a empresas locales, el Centro Comercial, la Agencia de Desarrollo y UTEC para enseñar cómo realizar los trámites y facilitar la adaptación.
El esfuerzo conjunto dio resultados: “Paysandú se mantiene en el cuarto lugar a nivel nacional en cantidad de trámites, registros y habilitaciones, detrás de los tres departamentos más grandes. Eso es gracias al Plan de Modernización y al acompañamiento que ha tenido el Runaev, desde antes que se pusiera en marcha y después, hasta ahora”, subrayó.

Impacto en empresas y comerciantes

Sobre el impacto del Runaev, Goyeneche aseguró que “las empresas que se mueven en más de un departamento y las cámaras, desde la de industria, de importadores, Cambadu e incluso el Centro Comercial, se han visto beneficiados porque se eliminaron burocracias que existían previamente”.

Para los pequeños comerciantes, la transición representó un desafío mayor: “El comerciante chico pasó de presentar algún papel en la Intendencia a tener que aprender a hacer un trámite digital”.
Por eso tratamos de generar instancias, talleres y capacitaciones para acompañar todo este proceso y esta transformación”, agregó, destacando que el Runaev es parte de la digitalización de todos los trámites de la Intendencia.

Calidad certificada y nuevos desafíos

El área de Bromatología y el laboratorio departamental, ubicado en el Polo Tecnológico de UTEC, cuentan con certificación de calidad ISO 9000, garantizando procesos controlados y auditorías permanentes.

Lo que hacemos es continuar trabajando, o sea monitorear indicadores y generar más cercanía con la gente. Esos son los objetivos que tenemos de mejora desde el punto de vista de los alimentos”, indicó Goyeneche.

Entre los próximos desafíos mencionó la preparación para la temporada de verano, “que es de mayor riesgo para los alimentos por las altas temperaturas”.
Además, adelantó que el Runaev contará con nuevas herramientas informáticas para obtener más información sobre los productos registrados, lo que permitirá realizar sondeos, análisis y decisiones en políticas públicas y reglamentaciones, concluyó.

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Comer bien, un desafío posible

La licenciada en Nutrición Stella Arrospide reflexionó sobre la alimentación de los uruguayos, los riesgos del consumo excesivo de ultraprocesados y la importancia del ejemplo familiar para formar hábitos saludables desde la infancia. Arrospide destacó que “la relación que tienen los uruguayos con la comida está siempre marcada por varios aspectos culturales, históricos y sociales”.

Tradición alimentaria como las pastas, pizzas y el asado forman parte del menú cotidiano. “Cuando hacemos asado va más allá de un plato tradicional, es como un evento social, porque nos reunimos con la familia, con los amigos. Somos de compartir, de disfrutar una rica comida, y no solo eso: nos gusta compartir el mate, somos muy de disfrutar y compartir”, explicó la profesional.

Consumo de ultraprocesados y obesidad

Arrospide advirtió que “hoy por hoy existe una preocupación creciente sobre los hábitos alimentarios, con estudios que indican un alto consumo de carnes rojas, de sal, de azúcar, de grasas y productos ultraprocesados, y un bajo consumo de frutas y verduras”. Señaló que esta combinación contribuye directamente al sobrepeso y obesidad. “El consumo de ultraprocesados es generalizado y se inicia a edades tempranas. Estos productos suelen ser altos en calorías, grasas, azúcares y sodio. Este aumento está directamente asociado con el incremento alarmante de las cifras de sobrepeso y obesidad en todas las edades”.

La profesional recordó que existen políticas públicas para revertir esta tendencia, como el etiquetado frontal de advertencia, la Ley de Alimentación Saludable en centros educativos y las guías alimentarias, que promueven “el retorno a la comida casera y el consumo de alimentos naturales o mínimamente procesados”.

Ejemplo familiar y educación nutricional

Arrospide destacó que la educación alimentaria debe comenzar en casa. “Las estrategias más efectivas para cambiar los hábitos en los niños y adolescentes se centran en el ejemplo familiar. El mejor modelo es que los adultos den el ejemplo comiendo saludable”. Recomendó establecer horarios fijos, comer en familia y evitar distracciones como televisión o celulares. “Esto no solo promueve hábitos más sanos, sino también la comunicación, que es muy importante en el mundo de hoy”.

Involucrar a los niños en la elección y preparación de los alimentos también es clave. Arrospide aconsejó “dejarlos elegir una fruta o una verdura nueva cuando se hacen las compras, para después buscar juntos formas saludables de prepararla” y no usar la comida como castigo o recompensa: “No utilizar el postre como premio si comieron el plato principal, eso no se debe hacer porque otorga un valor superior a la comida no saludable”.

Comer saludable no cuesta más

La especialista relativizó el mito de que comer sano es más caro: “A menudo hay un concepto, por cierto erróneo, de que comer saludable es más caro. Una dieta equilibrada basada en alimentos frescos de estación y productos no procesados es más económica que una dieta alta en ultraprocesados o comida rápida”. Destacó la importancia de planificar las comidas y aprovechar los alimentos de temporada, indicando que el mayor desafío es la educación nutricional y la disponibilidad de tiempo.

Planificación y simplificación

Arrospide señaló que “uno de los mayores obstáculos para comer saludable es la falta de tiempo”, pero recomendó que no se necesitan recetas complejas. “El consejo es la planificación y la simplificación. No es necesario pasar el día entero en la cocina”. Sugirió preparar alimentos básicos como arroz, lentejas, pollo o huevos duros, lavar y cortar vegetales y guardar frutas listas para consumir. “No es necesario estresarse ni buscar la perfección. Lo importante es organizarse, concurrir a hacer las compras con una lista precisa y basada en la planificación previa, para evitar compras innecesarias o que falte un ingrediente clave”, concluyó.

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Grettel: la pasión por el té que se hizo confitería

Desde hace dos años, el salón de té Grettel, ubicado en Setembrino 1137, se convirtió en un rincón especial para quienes disfrutan del sabor casero y la calidez de una buena merienda. Su creadora, Grettel Niz, decidió dar un paso más: incorporar servicio de confitería, sumando nuevas propuestas dulces y saladas para disfrutar en el lugar o llevar a casa.

UN SUEÑO DE INFANCIA HECHO REALIDAD

“El té toda mi vida me encantó”, contó Grettel. “Siempre me gustó lo que rodeaba el mundo del té, tanto la pastelería como el té en sí. De chiquita Papá Noel y los Reyes me traían jueguitos de té, siempre pedía eso”.

A lo largo de los años fue reuniendo vajilla antigua, de esas que recuerdan otras épocas. “La vajilla de esa época me fascinó, toda la que se usaba en la época de la reina. Con el correr del tiempo fui comprando piezas y hoy estoy pudiendo cumplir mi sueño: tener mi salón de té con esa vajilla y con pastelería casera, como la hacían las abuelas”.

CONFITERÍA Y SALÓN

El local abre de 9 a 13 y de 16 a 20 horas de lunes a sábado, con toda la propuesta de confitería disponible, cuenta con opciones dulces o saladas. “Con este nuevo servicio, nuestra idea es solucionar un almuerzo o cena, la merienda o desayuno. Sabemos que la gente tiene cada vez menos tiempo para cocinar y queremos ofrecerles una solución casera y con ingredientes 100% frescos, para todos los días. Tenemos variedad de opciones como tartas, empanadas, sándwiches, alfajores, postres y tortas. Los clientes lo pueden llevar para la casa o también pueden disfrutarlo en nuestro salón con jugos frescos, café o té. También siempre hay opciones para diabéticos o celíacos”, comentó.

“Si quieren el té completo, siempre va a haber algo especial para acompañar,” agregó.
Además, los domingos de 10 a 13 también está abierto para desayunos, postres o pedidos para llevar. “Si alguien quiere hacer una reserva o pedir algo para su casa, también lo puede hacer. Se lo acercamos a domicilio”, subrayó. El número de contacto es 099 725 434.
El local se encuentra en Setembrino Pereda 1137 entre Washington y Charrúas y en sus redes sociales se pueden enterar de todas las novedades y menú diario.

SABORES CASEROS Y TRADICIÓN INGLESA

La experiencia de tomar el té en Grettel combina lo casero con el protocolo del té inglés. “Van a probar cosas caseras y disfrutar de todo el menú del té, con sándwiches de varios sabores, scones con queso crema o mermelada, una tarta agridulce y una torta de postre a elección. En invierno tenemos el clásico chocolate, té o café; en verano lo cambiamos por té frío o jugos”, detalló.

El lugar ofrece una amplia variedad de tés de la marca Twinings. “Pasamos del clásico té negro al de cítricos, frutos rojos, canela, manzana o té verde. Tenemos todas las variedades”, aseguró.

SORPRESAS, TALLERES Y NUEVOS PROYECTOS

Además de la confitería, el salón seguirá siendo espacio de encuentro. “Eventos ya hacemos y talleres en breve los estaremos implementando. La idea es que esto siga creciendo, agregando cositas”.
Con dos años cumplidos y una nueva etapa que comienza, Grettel resumió lo que significa este proyecto para ella: “Esto es mi sueño, como mi tercer hijo. Tengo mis dos hijos maravillosos, y este sería el tercero”, cerró.

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El camino de Arielle

Hace diez años, una necesidad familiar se transformó en una oportunidad. Así nació Arielle, el emprendimiento liderado por Fabiana Moreira, que hoy es referencia en alimentación para celíacos y está dando un paso decisivo hacia la industrialización.

“En Arielle hace diez años que trabajamos desde que descubrimos la problemática familiar”, contó Fabiana. “Somos varios integrantes en la familia con celiaquía, y como toda mamá que cocina para un celíaco, empecé en casa. De ahí nació el emprendimiento, vendiendo de a poco, y fue un crecimiento natural, como todo emprendedor”, explicó.

Lo que comenzó como una búsqueda de soluciones propias terminó convirtiéndose en una empresa con diez trabajadores que se encargan de todo el proceso: desde la elaboración de los productos hasta su llegada al consumidor final. “Nos ocupamos del proceso completo, desde la elaboración hasta la colocación en el punto de venta, todo el proceso”, explicó.

UN NUEVO PASO

Actualmente, Arielle está en plena transición hacia un modelo semiindustrial, sin perder la esencia artesanal que caracteriza a sus productos. El crecimiento trajo nuevos desafíos, especialmente en materia de habilitaciones bromatológicas.

“A raíz del nuevo sistema del Runaev, y porque a medida que uno va creciendo necesita otro tipo de habilitaciones, tomamos la decisión de hacer una inversión importante y mudarnos a una planta industrial grande, de casi 500 metros cuadrados”, señaló Moreira. Allí contarán con tecnología moderna y procesos adaptados a las nuevas exigencias.

La emprendedora destacó que el proceso implica “una inversión muy importante, porque hay que registrar alimento por alimento, y cada registro tiene un costo de 5 UR. No es algo tan simple como anotarse y recibir una inspección: hay muchos requisitos y también un costo económico importante”.
Pese a la complejidad, Fabiana consideró que estas regulaciones son un avance necesario. “Estamos totalmente de acuerdo con las exigencias de bromatología. Nos parecen geniales, porque son un beneficio para el paciente celíaco”, afirmó.

UNA LÍNEA COMPLETA

La variedad de productos de Arielle abarca desde lo más básico hasta lo que acompaña momentos especiales. “Tenemos una línea muy completa, que va desde el pan rallado, todo lo que es panificación, medialunas, bizcochos, tapas de empanadas y de pascualinas, pizzas, tartas, galletas, alfajores, cookies y mucho más”, detalló.

“Nuestros productos acompañan al paciente celíaco en el día a día y también en las ocasiones especiales, como fiestas o cumpleaños. Pasamos por todos los aspectos de su alimentación”, aseguró.

COMPROMISO Y PROYECCIÓN

El crecimiento de Arielle significa también un aporte al desarrollo local y a la inclusión alimentaria. Con una década de trabajo y una nueva planta en camino, el emprendimiento se prepara para una etapa de expansión que mantiene intacto su compromiso con la calidad, la seguridad y el sabor.
“Seguimos adelante, ajustándonos a los nuevos requisitos y mejorando cada día”, concluyó.

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Paysandú impulsa un modelo de producción agroecológica, circular y con identidad local

Desde la Dirección de Desarrollo Rural de la Intendencia de Paysandú se impulsa un modelo de producción agroecológica, circular y con fuerte raíz local. A través de programas como Paysandú Sostenible, el departamento promueve prácticas responsables, educación ambiental y el fortalecimiento de los vínculos entre campo y ciudad.

Producción local con identidad y equilibrio

La Dirección de Desarrollo Rural trabaja con productores familiares, emprendimientos rurales y organizaciones de base para fomentar una producción más sostenible.
Venimos impulsando un conjunto de acciones orientadas a fortalecer una producción local más sostenible, agroecológica y circular”, explicó la Ing. Agr. Natalia Teyza, directora de la unidad.

Entre las principales líneas de trabajo se destacan la capacitación técnica, el acompañamiento a productores y los proyectos demostrativos que integran producción responsable, compostaje y aprovechamiento de residuos orgánicos.
Según Teyza, el propósito es “generar un sistema productivo más equilibrado, que cuide el ambiente y potencie la identidad productiva sanducera”.

Educar para transformar los hábitos

La educación ambiental ocupa un rol central dentro del proyecto Paysandú Sostenible. Desde la unidad se promueven talleres y jornadas educativas en escuelas, ferias y espacios comunitarios donde se abordan temas como germinación, compostaje, uso eficiente del agua y consumo responsable.

Para transformar los sistemas de producción y consumo, es imprescindible trabajar también sobre los hábitos, valores y conocimientos de la comunidad”, señaló.

Estas instancias buscan que la población reconozca el esfuerzo de los productores rurales, comprenda el origen de los alimentos y adopte prácticas cotidianas sostenibles.
Este proceso educativo fortalece el vínculo entre campo y ciudad y consolida una cultura de sostenibilidad compartida”, afirmó.

Productores más abiertos y comunidad participativa

Tras varios años de trabajo sostenido, los resultados comienzan a verse en el territorio.
El cambio más notorio ha sido la creciente apertura de los productores a incorporar prácticas agroecológicas y circulares en sus predios”, destacó Teyza.

Cada vez más familias rurales reutilizan residuos orgánicos, elaboran compost, captan agua de lluvia o diversifican cultivos, mientras que la comunidad urbana muestra un interés creciente por participar.

Las ferias de intercambio y los talleres prácticos se consolidaron como espacios de aprendizaje colectivo.
La sostenibilidad no se impone, se construye colectivamente, a partir del acompañamiento, la educación y la demostración concreta de resultados”, reflexionó.

Circularidad aplicada al territorio

El concepto de circularidad, que en muchos ámbitos aparece como un ideal teórico, se traduce en Paysandú en acciones concretas.
La Unidad de Desarrollo Rural impulsa experiencias donde los residuos de una actividad se transforman en insumos de otra: restos vegetales convertidos en compost, agua reutilizada para riego o materiales reciclados empleados en estructuras productivas.

Promovemos experiencias de circularidad predial donde los residuos de una actividad se convierten en insumos de otra”, explicó Teyza.
También se desarrollan proyectos que integran economía circular y bioeconomía, como la fabricación de bandejas biodegradables para almácigos o la producción hidropónica con sistemas cerrados de agua.

Ejemplos inspiradores en el territorio

Paysandú cuenta con múltiples experiencias que reflejan el potencial de la producción sostenible.
Teyza mencionó el proyecto Paysandú Sostenible, orientado a la producción agroecológica familiar y la revalorización de variedades locales; y el proyecto de hidroponía desarrollado por Mónica Maciel y Richard Silva, considerado un modelo de eficiencia y sustentabilidad.

También destacó los talleres de compostaje escolar impulsados por Ciclo Orgánico, a cargo de Rolando Calvo, y el programa Guardianes de Tomates, desarrollado junto al grupo El Mecenas.
Estas iniciativas muestran cómo la sostenibilidad puede aplicarse en distintos contextos, desde pequeños espacios urbanos hasta emprendimientos productivos”, subrayó.

Desafíos hacia el futuro

Para Teyza, uno de los grandes desafíos es sostener los cambios culturales y productivos a largo plazo.
Requiere acompañamiento técnico, inversión y una articulación constante entre instituciones, productores y ciudadanía”, advirtió.

Otro reto es fortalecer la infraestructura rural —acceso al agua, energía y caminos— para facilitar prácticas sostenibles sin elevar costos.

Finalmente, insistió en la importancia del vínculo entre producción y educación:
Que cada acción de desarrollo rural esté acompañada por una acción de sensibilización”.

Convencida del potencial del departamento, Teyza concluyó:
Paysandú tiene un enorme potencial para consolidarse como un territorio modelo en producción sostenible, y el camino está en seguir trabajando juntos, desde la escala local y con identidad sanducera”.

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