En los últimos años, hablar de salud mental dejó de ser un tabú y se volvió más frecuente, pero aún existen prejuicios que frenan a muchas personas al momento de pedir ayuda. En una época en que el bienestar emocional se mide por la productividad, consultar a un psicólogo sigue siendo para muchos un tema impensado. Sin embargo, cuidar la mente es tan importante como cuidar el cuerpo, ya que ambos sistemas se afectan mutuamente. Si la mente no nos acompaña, el cuerpo en un determinado momento es posible que tampoco lo haga.
Medios de comunicación
La salud mental en la actualidad ocupa espacios cada vez mayores: redes sociales, comunicaciones cotidianas, medios de comunicación como el que estás leyendo en este momento. Sin embargo aún persisten mitos que frenan a muchas personas, la idea de que “solo se va al psicólogo cuando uno está mal” o “hablar con amigos es suficiente” son creencias que lejos de aliviar podrían prolongar el sufrimiento y cronificar el malestar. Ir a un profesional de la salud mental no significa “estar loco” sino querer conocerse, crecer o prevenir futuras crisis.
Los pensamientos
Albert Ellis, creador de la Terapia Racional Emotiva, sostenía que gran parte del sufrimiento humano proviene de pensamientos irracionales, pero para detectarlos y transformarlos es necesario un espacio de acompañamiento profesional. Rafael Santandreu sostiene además que es importante aprender a pensar de una manera más realista, saludable y amable con uno mismo.
Cuando podemos darnos cuenta de la influencia que tiene en nuestro cuerpo una manera más amable de pensarnos cambia el “mundo emocional” y la interpretación que hacemos de la realidad, los vínculos, las situaciones en las que muchas veces no vemos salida clara. Este proceso muchas veces requiere de guía y contención de un profesional capacitado para una escucha atenta, observación lúcida y estudio de los mecanismos que operan a nivel mental, emocional y corporal.
Los momentos de cambio
Te invito a pensar, estimado lector, en esos momentos de cambio profundo que has vivido: una pérdida, una separación no deseada, un duelo, una mudanza, cambios laborales, estrés, ansiedad excesiva o el simple paso del tiempo que nos enfrenta a nuevas identidades. Esos momentos pueden ser puertas de entrada a la psicoterapia, no porque algo esté roto o mal, sino porque existen personas que en estos procesos necesitan comprender quiénes son en medio del cambio, crisis o circunstancias no deseadas. Quienes también desean comprender por qué se repiten siempre las mismas situaciones, las mismas elecciones y no logran salir de los mismos patrones conductuales dañinos a través de los años.
La terapia no ofrece recetas rápidas pero sí herramientas, enseña a gestionar la ansiedad, poner límites, mejorar los vínculos, fortalecer la autoestima.
Y, sobre todo, nos devuelve una idea esencial: pedir ayuda no es signo de debilidad, sino de madurez y responsabilidad, de amor hacia nosotros y nuestra familia cuando muchas veces mencionan: “no te veo bien” o “te haría bien consultar”.
Buscar un psicólogo no debería ser el último recurso, sino una forma de cuidado preventivo, igual que una consulta médica o una rutina de ejercicios.
¡La mente necesita atención, comprensión y presencia humana, no de algoritmos!
Porque entender lo que sentimos, pensamos, cómo y por qué nos comportamos como lo realizamos, no nos hace frágiles: nos vuelve libres. (097352937)

