Leticia Hergert, responsable de la planta de hormigón de Grancap en Paysandú, lidera un equipo en un ámbito históricamente masculino. Su historia combina determinación, aprendizaje y una mirada fresca sobre el trabajo y el liderazgo.
Cuando Leticia se presentó al llamado para integrarse al equipo de Grancap, la planta aún estaba en proceso de montaje. Era recién egresada de Ingeniería Electrónica y competía con varios colegas, algunos ya recibidos, otros todavía cursando.
“Me presenté a un llamado como ayudante de ingeniería cuando se estaba por montar esta planta, y competí contra varios de mis compañeros. Me terminaron tomando por ciertas capacidades o habilidades que no eran técnicas”, recordó. Su perfil organizativo y su actitud proactiva fueron determinantes.

“Las cuestiones técnicas las vas a ir aprendiendo, me dijeron, pero necesitamos capacidades de liderazgo, de organización, de llevar la planificación y actitud para ejecutar tareas. Me contrataron por esas capacidades y no por el tecnicismo en sí”, que después se aprende con el trabajo y la experiencia, indicó.
Desde aquel ingreso, el 4 de diciembre de 2017, su camino en la empresa estuvo marcado por desafíos y aprendizajes. Ese mismo día obtuvo su título universitario.
“El primer día me recibí y entré a trabajar. La parte sindical fue la que más me resultó desafiante porque venía de Argentina y no conocía mucho las leyes locales”, contó. Aún recuerda su primera conversación con un delegado sindical: “Me dijo que siendo mujer, recién recibida y extranjera no iba a venir a decirles cómo trabajar”. Aunque fue un momento fuerte, reconoció que también la ayudó a entender el contexto.
En respuesta, Leticia eligió el camino del diálogo y la empatía. “Le agradecí por la explicación y le dije que estaba para ayudarlos a ejecutar las tareas planificadas, no para ser un obstáculo. Que mi rol era gestionar para que no faltaran herramientas, materiales ni elementos de protección”.
Esa actitud marcó el inicio de una relación que con el tiempo se transformó en respeto y cooperación. “Al principio había cierta distancia, pero con el tiempo logramos conformar un muy buen equipo. Ellos entendieron cuál era mi rol y yo traté siempre de ponerme a disposición”.
En un ambiente donde el “casquito blanco” suele ser recibido con recelo, Hergert supo ganarse un lugar con firmeza y cercanía. “Concordante con lo que digo y con lo que hago, me fui ganando poco a poco el respeto de ellos”, resumió.
La presencia de la mujer genera un clima más respetuoso
“Siempre me parece que se genera un clima más respetuoso cuando los grupos son mixtos. En la comunicación, en la forma de abordar los trabajos, se tienen más en cuenta las formas y el trato. También los hombres se predisponen de otra manera, a veces incluso a querer ayudarte, aunque eso también parte de ciertos prejuicios”, apuntó.
En su opinión, la presencia femenina aporta una mirada complementaria y un estilo de trabajo más integral.
“Las mujeres trabajan mucho por objetivos, son más planificadas, más organizadas y pueden gestionar varias cosas al mismo tiempo. Eso vuelve más eficiente el trabajo. También tienen mejor comunicación y empatía, lo que genera otro clima laboral”, observó.
Habilidades no son una cuestión de género sino de actitud
Más allá de las barreras culturales, su visión es clara: la capacidad no tiene género.
“Las habilidades y el conocimiento no son una cuestión de género, sino de actitud, de querer hacer lo que nos gusta, de superarnos y capacitarnos y desarrollar el potencial que cada una lleva dentro”, afirmó.
En este sentido, su mensaje a las jóvenes que sienten que su vocación está en el mundo de la ingeniería o la construcción, es directo:
“Que se animen si es lo que les gusta, que no tengan prejuicios. Pueden transformar la industria, porque la limitación no está en el rubro, sino en la mente de cada una”.
Mujeres como Leticia seguramente, en distintos rincones del país, comienzan a edificar esta transformación, aportando desde su lugar su granito de arena en la construcción de un mundo más equitativo.

