La Iglesia celebra a todos los santos y reza por los fieles difuntos

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El 1 de noviembre miramos hacia el cielo. Es el día en el que se homenajea a todos los santos, conocidos y desconocidos. A los que están en los altares y a tantos y tantos cristianos que después de una vida según el evangelio participan de la felicidad eterna del cielo. Son nuestros intercesores y nuestros modelos de vida cristiana. Cada uno recuerda algún santo en particular San Francisco, Santa Teresita, San Juan Bosco, Santa Teresa de Calcuta, San Carlos Acustis, etc.-«La santidad es el rostro más bello de la Iglesia» escribe el papa Francisco. El Papa nos recuerda que esta llamada va dirigida a cada uno de nosotros. El Señor se dirige también a ti: «Sean santos, porque yo soy santo» El 1 de noviembre recordamos a cada uno de los que dijeron sí a esta llamada. Sin duda el misterio del dolor y de la muerte sigue siendo la gran interrogante, ante esta realidad los cristianos creemos que el misterio de la vida humana solo se esclarece a la luz de Cristo vencedor del pecado y de la muerte.

El día 2 de noviembre rezamos por todos los fieles difuntos. Rezar por los difuntos es tan antiguo como la misma Iglesia. En la edad media se generalizaron las misas ofrecidas como «sufragio» por los difuntos, pero fue en el siglo X cuando un monje benedictino, san Odilón, en Francia, comenzó a celebrar la misa en un día concreto –el dos de noviembre–, pidiendo por todos los difuntos.

A partir del siglo XVI, esta fecha fue adoptada para toda la Iglesia de rito latino. En torno al día de la conmemoración de todos los fieles difuntos vamos al cementerio, rezamos por ellos, adornamos con flores el lugar donde están sepultados, etc.