El auditorio de la Casa de Cultura se llenó de emoción, recuerdos y aplausos. La cantante sanducera Adriana Santana, radicada hace años en Palma de Mallorca, España, volvió a su ciudad natal y ofreció un recital inolvidable, cargado de afecto y simbolismo. Fue un reencuentro esperado, tanto para ella como para un público que la vio partir hace décadas y que volvió a abrazarla con el alma.
“Estoy muy emocionada. Cantar en Paysandú es como volver a mi raíz. A esta tierra le debo lo que soy”, expresó, visiblemente conmovida.
No estuvo sola: la acompañó su hijo, el talentoso percusionista Santiago Giraldi, con quien ha recorrido escenarios en Europa y otros rincones del mundo.
Adriana Santana dejó Paysandú hace muchos años, pero nunca se fue del todo. Su historia musical comenzó a los 14 años, cuando fue elegida reina del Club Colón. Desde entonces, construyó una trayectoria sólida de más de cuatro décadas, siempre con la bandera de Paysandú como estandarte.
La actuación en Paysandú no fue solo un espectáculo musical: fue un reencuentro íntimo entre una artista y su gente, una especie de regreso a casa con guitarra en mano y corazón abierto. Muchos asistentes reconocieron que nunca la habían visto cantar en vivo, y aun así quedaron encantados con su voz y su carisma. Para otros, fue un emotivo regreso al pasado, una evocación de la Adriana de siempre.
“Estoy feliz de volver a este escenario. Este público me dio tanto… No puedo irme sin dejarle algo nuevo. Voy a escribir una canción para Paysandú”, prometió al final de su show.
El recital no solo tuvo valor artístico, sino también solidario. Lo recaudado fue destinado al Club Atlético Deportivo Paysandú Sobre Ruedas, una institución que trabaja por la inclusión deportiva y social. La velada musical se transformó así en un acto de comunidad, donde arte y compromiso caminaron de la mano.
“Paysandú siempre está en mi voz. Y ahora está también en mi próximo proyecto musical”, confesó.
Lo cierto es que su regreso no pasó desapercibido. Adriana Santana volvió con el arte a flor de piel, la voz intacta y el corazón lleno. Su historia -de ida y vuelta, de canciones y caminos- sigue escribiéndose, esta vez, con un nuevo capítulo nacido en su tierra.
