El Auditorio Miguel Ángel Pías cumplió 50 años y lo celebró como lo hace desde hace medio siglo: con escenario lleno, músicos en acción, voces corales y un clima de cercanía muy propio de la vida cultural sanducera.
La sala, inaugurada el 21 de noviembre de 1975 como Auditorio Municipal por el entonces intendente Walter Belvisi y bautizada con el nombre del poeta Miguel Ángel Pías en 1997, volvió a convertirse anoche en punto de encuentro entre generaciones de artistas, autoridades y público.
En la conmemoración estuvieron presentes el intendente Nicolás Olivera, la secretaria general Gabriela Gómez y el exintendente Walter Belvisi, junto a representantes de la Comisión de Patrimonio, ediles departamentales, autoridades policiales y referentes institucionales.
UN AUDITORIO CON HISTORIA PROPIA
El acto comenzó con una mirada a la historia del edificio y del auditorio, inserto dentro de la emblemática Casa de la Dirección de Cultura. Se recordó su inauguración en 1975 y la decisión, tomada en 1997 durante la gestión del intendente Jorge Larrañaga, de denominarlo oficialmente Auditorio Miguel Ángel Pías, en homenaje al poeta sanducero.
La Comisión de Cultura de la Junta Departamental hizo llegar un mensaje especial en el que subrayó que celebrar el medio siglo del auditorio es “honrar 50 años de cultura, arte y memoria compartida”, y destacó que el espacio ha sido testigo del crecimiento de talentos, del desarrollo artístico y de la preservación de la identidad cultural de la comunidad.
En la misiva se definió al auditorio como un “faro cultural” y se expresó el deseo de que siga inspirando a las nuevas generaciones en el camino del arte y la creatividad.
UNA NOCHE LLENA DE ESCENARIOS Y ABRAZOS
La celebración tuvo un fuerte componente artístico, con una grilla que mostró la diversidad y la vitalidad de la escena cultural de la Dirección de Cultura. Pasaron por el escenario La Versátil, El dúo Bargas–Ilardía, un ensamble de la Escuela de Música, La Milonguera, con la participación de Ricardo Olivera y Leo Cuadro, el Taller de Teatro, el Coro Ciudad de Paysandú, Grupo Fusión y la Banda Municipal “José Debali”.
En total, más de sesenta artistas -entre músicos, actores y coreutas- formaron parte de la programación, a los que se sumaron alrededor de treinta alumnos de la Escuela de Música. La noche funcionó como una suerte de retrato vivo de lo que sucede cotidianamente dentro de la Casa de Cultura: ensayos, talleres, encuentros y procesos de aprendizaje que, con el tiempo, desembocan en escenarios como este.
RECONOCIMIENTO AL BANDONEÓN DE JORGE MEDINA
Uno de los momentos más emotivos de la velada fue el homenaje al bandoneonista Jorge Medina, integrante de La Milonguera, quien se jubila tras una vida dedicada a la música.
El reconocimiento, cargado de afecto y camaradería, subrayó no solo su talento como músico, sino también su calidez humana y su presencia cotidiana en los ensayos y presentaciones. Se destacó el privilegio de compartir con él las mañanas de trabajo en el auditorio, las charlas, las bromas y esa complicidad que se construye entre quienes comparten escenario durante años.
La Intendencia Departamental de Paysandú y la Dirección de Cultura le entregaron una plaqueta en la que se reconoce su “entrega, talento y calidez humana, por una vida dedicada al arte y la música, y por compartir con pasión la cultura sanducera”. El texto señala que sus acordes seguirán sonando “en cada rincón de Paysandú”, en una clara expresión de gratitud y pertenencia.
LA CULTURA COMO TRABAJO COLECTIVO
El director de Cultura, Eugenio Pozzolo, tomó la palabra para destacar el trabajo silencioso que sostiene día a día la vida cultural del departamento. Subrayó que detrás de una noche como la de los 50 años del auditorio hay técnicos, docentes, funcionarios y equipos que trabajan “con mucho cariño, con mucho amor y con una dedicación” que -según dijo- le genera orgullo.
Pozzolo recordó que “en este período el auditorio cumple 50 años; el año próximo, la banda principal cumplirá 100 años y el Florencio Sánchez alcanzará los 150 años”.
En su intervención remarcó que la Casa de Cultura es lo que es gracias al esfuerzo acumulado de “muchísima gente”, y eligió mencionar de forma especial a la profesora Nilda Belvisi, exdirectora de Cultura ya fallecida, hermana del exintendente Walter Belvisi.
El director dedicó un tramo de su discurso a recordar a Nilda Belvisi, a quien muchos conocieron como docente, promotora cultural y figura clave en la organización de eventos como “Así canta Paysandú”.
Relató cómo marcó a artistas que daban sus primeros pasos y subrayó su delicadeza y cuidado a la hora de pensar cada detalle de una muestra o una actividad cultural. Destacó que buena parte de su trabajo no siempre fue visible para el gran público, pero fue determinante para que el auditorio y la Casa de Cultura sean hoy lo que son.
Con un tono muy cercano, Pozzolo también aludió a la dimensión más humana de ese vínculo fraterno, y pidió un aplauso para ella y para todas las personas que, a lo largo de estos 50 años, contribuyeron al desarrollo cultural de Paysandú.
UN FARO CULTURAL QUE MIRA HACIA EL FUTURO
Sobre el cierre, el director de Cultura volvió a la idea de futuro. Señaló que la presencia de tantos niños y jóvenes -como los alumnos que iniciaron su formación musical y ya comienzan a subir al escenario- es una señal clara de que “hay futuro de artistas en Paysandú” y afirmó que el arte “salva y sana muchísimo, sobre todo acá”, en referencia al impacto que tiene en la vida de la comunidad.
La noche terminó con la Banda Municipal José Debali en el escenario, a modo de síntesis de tradición, pertenencia e identidad sanducera.

