
En plaza Constitución, el día se fue bajando despacito, como quien no quiere molestar. El Sol, todavía curioso, se asomaba entre las casas de la zona y se quedaba un rato más, antes de terminar su paseo en el río Uruguay. Y mientras la tarde hacía ese truco de magia que convierte el calor en promesa de brisa, Paysandú armó su propio ritual de sillas plegables, charla de reencuentro, algún abanico improvisado y muchas ganas de quedarse. Con el termómetro por encima de los 30 grados, cientos de personas se acomodaron como pudieron, buscando sombra donde ya no había y compartiendo lo que sí abundaba, buen humor. Unos llegaron temprano “para agarrar lugar”, otros cayeron con el timing exacto del sanducero experto. Y ahí, en el corazón de la plaza, la Banda Municipal José Debali hizo lo que mejor sabe, ponerle música a la ciudad. No era una noche cualquiera, pues celebraba sus 99 años, casi un siglo de acompañar fiestas, actos, veranos y nostalgias. Lo festejó como corresponde.


