Pensar la vejez desde los derechos y la comunidad

La psicogerontóloga Andrea González, coordinadora del Centro de Día Pasionaria, participó del Congreso Interamericano de Psicogerontología realizado en Chile y en entrevista con Pasividades reflexionó sobre los desafíos de una sociedad que envejece, la necesidad de romper prejuicios y el valor de construir vejeces diversas, activas y con autonomía.

El encuentro, que reunió a profesionales de distintos países de Sudamérica, volvió a realizarse luego de varios años de interrupción a causa de la pandemia. El evento fue organizado por la Universidad Católica de Chile y contó con la participación de todas las universidades de la región que dictan la especialización en psicogerontología.

“Es un congreso que se realiza cada dos años y (ahora) se pudo retomar. Participaron profesionales de muchos países, no solo psicólogos, sino también médicos, abogados, fisioterapeutas, sexólogos, todos desde un enfoque interdisciplinario”, explicó González, quien destacó la riqueza de las exposiciones y la diversidad de miradas sobre las vejeces.

PSICOGERONTOLOGÍA CRÍTICA Y DERECHOS HUMANOS

Uno de los ejes centrales del congreso fue la psicogerontología crítica, una perspectiva que aborda los procesos de envejecimiento desde los derechos humanos y cuestiona los estereotipos tradicionales asociados a la vejez. Según explicó, se trabaja desde un lugar que garantice los derechos de las personas mayores, entendiendo que la vejez es una construcción social que va cambiando.
González participó en la mesa titulada “Mujeres que cuidan”, donde se presentaron cuatro trabajos provenientes de Argentina, Chile y Uruguay. Su exposición estuvo vinculada al Centro de Día Pasionaria y al enfoque comunitario que guía su funcionamiento. “El trabajo que presenté tenía que ver con el Centro de Día, con lo que fue la monografía del final de mi especialización y con el enfoque comunitario de trabajo con las vejeces”, explicó.

En ese sentido, subrayó el valor del trabajo interdisciplinario y en red que se desarrolla desde el Centro. “Es también un espacio de práctica universitaria donde trabajan disciplinas como educación física, psicología y educación social, pero también se articula con instituciones del territorio como la Intendencia, Ajupe, el Mides y la salud”, detalló. A eso se suma la participación en redes comunitarias y nodos barriales, así como actividades conjuntas con otros dispositivos, como los centros CAIF.

URUGUAY COMO REFERENCIA REGIONAL

El intercambio con profesionales de otros países permitió comparar realidades y políticas públicas. Según González, Uruguay es observado con interés desde la región. “Nos felicitaban por lo que es la política pública en atención a las personas mayores, como los centros de día”, y por tener una ley que los respalda, afirmó.

Sin embargo, aclaró que esa fortaleza también tiene límites. “Lo que tenemos es bueno, pero es insuficiente –para mi forma de ver– para la cantidad de personas mayores que tenemos nosotros”, reflexionó, agregando que hoy existen ocho centros de día a nivel nacional, y claramente no alcanzan. En otros países, como Chile, predominan las iniciativas privadas o comunitarias, con menor respaldo estatal. “Acá está estructurado y es ley”, refirió al marcar una diferencia importante, aunque insistió en que “es insuficiente para la cantidad de personas mayores que hay”.

Uruguay y Chile, además, comparten un proceso de envejecimiento poblacional similar al de varios países europeos, marcado por la baja natalidad y una mayor expectativa de vida. “Hoy en Uruguay hay alrededor de 500 personas mayores de 100 años y hacia 2050 va a haber muchas más”, apuntó. La vejez va a ser cada vez más prolongada y con mejor calidad de vida.

ROMPER PREJUICIOS Y CONSTRUIR VEJECES DIVERSAS

Para González, en este contexto uno de los grandes desafíos no es solo institucional, sino cultural. “Tiene que haber un sistema de cuidados”, pero también una política social que “rompa con los prejuicios de lo que son las vejeces”, afirmó. En ese sentido, cuestionó la idea de que las personas mayores pierden valor social al jubilarse. “El prejuicio es pensar que dejan de ser parte del sistema productivo y pierden autonomía”, cuando en realidad “hoy vemos personas de 65 años con una vida muy activa”, indicó.
Desde la psicogerontología crítica se habla de vejeces en plural. “La vejez no es una sola, hay tantas vejeces como personas. No podemos pensar propuestas homogéneas porque no a todos les gusta lo mismo” ni quieren vivir esta etapa de la misma manera, explicó. La clave, dijo, es respetar la autonomía y el derecho a decidir, incluso en aspectos sensibles como los cuidados y el final de la vida.

UNA VEJEZ CON VOZ PROPIA

El congreso dejó múltiples conclusiones, pero todas confluyen en una idea central: la necesidad de transformar la mirada sobre el envejecimiento. “Las personas mayores no son depositarias pasivas de propuestas, tienen derecho a construir sus propias propuestas y a elegir cómo quieren vivir esta etapa”, subrayó González. En ese camino, reivindicó el uso del término “viejo” desde un lugar positivo. “Uso mucho la palabra viejo para romper el prejuicio”, afirmó. Viejo no es algo feo o desgastado, sino que puede ser “valioso, duradero, brilloso”, explicó. “Yo uso mucho la palabra viejo desde ese lugar, desde un lugar valioso”, reafirmó. La psicogerontología crítica, sostuvo, apunta justamente a eso: a ver la vejez como una etapa valiosa de la vida, donde la persona sigue siendo sujeto de derechos y protagonista de su propio proyecto de vida, hasta el último día. “Le tenemos que dar el lugar”, concluyó.