Ante una concurrida sala en Cenur Litoral Norte, el veterinario etólogo Pablo Sehabiaga, de Montevideo, brindó la charla “Entendiendo a tu perro: Claves de comportamiento y agresividad”.
Organizado por la Clínica Veterinaria Paysandú, el conversatorio del Dr. Sehabiaga tuvo como propósito ayudar a entender mejor el comportamiento de los perros, que es la clave para la buena convivencia, la tenencia responsable y, sobre todo, para evitar instancias de agresividad y mordedura de los canes.
Olga Rodríguez, licenciada en Enfermería del Ministerio de Salud Pública, comenzó mostrando gráficas sobre las mordeduras reportadas en nuestro departamento y concluyó en la importancia de la vacunación de las personas post exposición, las curaciones y el seguimiento del animal mordedor. Recordó que recientemente algunos murciélagos en Montevideo dieron positivo al virus rábico y por lo tanto es imprescindible vacunar perros y gatos que son posibles transmisores del virus a humanos. Rodríguez aprovechó para alertar a los presentes, a que no tomen contacto con los murciélagos sin guantes. Por otra parte, enfatizó en que no hay que matarlos –primero porque está prohibido y por su importancia ecosistémica– sino ahuyentarlos con luz y sonido cuando se instalan en grandes cantidades en los techos de las viviendas.
FALTA MATERIAL INFORMATIVO
Si bien se suele pensar que la mayoría de los ataques de caninos se dan en la calle con perros que no tienen hogar, la realidad muestra que la mayoría de las mordeduras se producen dentro de los hogares con perros conocidos.
Sehabiaga subrayó que ante una cantidad de mascotas que casi alcanza el total de la población, es fundamental disponer de material informativo “para que toda la población pueda acceder previo a adquirir una mascota: saber cuánto voy a gastar, cuánto come este animal, qué necesidades tiene…”
Para empezar, definió la agresividad como “una conducta amenazante o peligrosa que lleva a la destrucción de algún objeto de identidad que le sirva de blanco; nosotros o cualquier cosa, pero engloba desde sutiles expresiones faciales hasta comportamientos agresivos. Un perro no es agresivo solo porque muerda. Los perros que gruñen son agresivos. A veces la emoción nos impide ser objeto de poder evaluar realmente si va a ser agresivo porque ya lo conozco, le tengo confianza, etcétera. Pero para los actores que venimos exentos de emociones, un perro que gruñe, es un perro potencialmente agresivo. Lo que está haciendo es utilizar una herramienta del repertorio de agresividad que inicia con ciertos gruñidos. Hay perros que tienen comportamientos normales e inaceptables y hay perros que tienen comportamientos patológicos”.
El animal que va a morder, antes de hacerlo, da muchas señales con su cuerpo y por eso es importante conocerlas.
El etólogo explicó que la agresividad de los perros se da más en los machos que en las hembras y la mayoría de los casos de mordeduras se dan en niños y ancianos. Los niños porque –sin ayuda y enseñanza de los padres– no saben interpretar cuándo un perro está por morder y los ancianos por la misma dificultad que pueden presentar para moverse.
PELIGROSO NO ES LO MISMO QUE AGRESIVO
La peligrosidad, por otra parte, depende más que nada del tamaño del perro y de la persona. “Las razas de mayor porte si muerden, son mucho más peligrosas que las de menor porte. No es lo mismo que la agresividad, que es la tendencia de un animal a ser agresivo. Cuando hablamos de agresividad, los que pican en punta no son los que están dentro de las razas peligrosas. Están el ovejero alemán, el caniche, el cocker, el husky siberiano. No aparecen los pitbulls por ejemplo”.
El veterinario además explicaba que es muy difícil de corroborar qué perros han mordido más porque la mayoría de las veces, las mordeduras no se reportan y las que se reportan tienen que ver con la raza que “está de punta”, como le llamaba él a las más adquiridas en cada época, como alguna vez lo fueron el ovejero, rottweiler y doberman y ahora el pitbull.
TIPOS DE AGRESIVIDAD Y ENTORNO
“Si hay un perro que se desarrolla en su período de sociabilización y juventud mediante agresividad, mediante maltrato, mediante la violencia, cuando llega al año, año y medio va a reaccionar como se ha criado”.
En cuanto a los tipos de agresividad, señaló que “hay lo que se llama la agresividad jerárquica, por miedo, territorial, por proteger un recurso –algo que se cayó al piso o lo que tenga en su lugar de descanso–, agresividad depredadora, maternal, intrasexual –cuando muestra agresividad frente a un perro del mismo sexo–, por juegos”.
Para un veterinario poder concluir si el animal es agresivo, “hay que excluir los problemas médicos que le sucedan, que son mucho más frecuentes que los problemas de comportamiento. Perros con dolor (de cualquier tipo: oídos, cólicos, hidrocefalia, enfermedades endócrinas), son causas de que un perro aumente la irritabilidad y muerda”.
SEÑALES OFENSIVAS Y DEPRESIVAS DE LA INCOMODIDAD
Algunas de las características que describen a un perro ofensivo son: “cuando tenemos un perro que nos mira fijo, levanta las orejas, va a gruñir mostrando los dientes –pero no necesariamente va a mostrar todos los dientes–, se va a erizar desde donde termina la cabeza hasta la cola”. Son señales y evidencias de que un perro se siente incómodo. Otro síntoma de nerviosismo que puede llevar a una reacción es cuando hay niños y el perro bosteza mucho.
Otro indicador, pero mucho más sutil, es cuando estando sentado levanta apenas una de las patas delanteras. “Es una señal que la mayoría lo hace y quedan en eso, pero que es parte del lenguaje corporal. A diferencia de las depresivas que suelen tener peor pronóstico”. En ese aspecto, el etólogo explicó que un perro que se encorva, esconde la cola, agacha las orejas, tiene miedo y no quiere pelear ni enfrentar y va a dar todas esas señales para evitarlo. “Se va a erizar, pero solo en la nuca y la parte final del cuerpo; en el medio no se va a erizar. Con lenguaje más sumiso, decaído, no está parado y marca claramente no solo los dientes sino también las encías porque tiene tanto miedo de pelear que muestra todo”. Los perros comunican en un lenguaje y dan muchas señales antes de morder. Depende de nosotros informarnos, tratar de entender que ante esas situaciones de estrés que nos demuestra con tantos elementos, insistir en tocarlos, acariciarlos, pretender jugar, solo le dice a ese temeroso animal que está frente a un peligro inminente y allí recurren a la mordedura como defensa. “Y cuando muerden, muerden mucho más fuerte”, explicó.
LA RECOMPENSA Y NO EL CASTIGO COMO MÉTODO DE APRENDIZAJE
Los momentos lúdicos mejoran el comportamiento de los canes. “El juego mejora el vínculo. Jugar disipa tensiones y mejora el relacionamiento de la familia (con el animal) y además implica quién controla las actividades lúdicas”, es decir que el que debe iniciar el juego es el dueño, no el perro.
El veterinario explicó además cuál es la mejor forma de presentarle a un perro un bebé que estará pronto en la familia. Que sus espacios, sus tiempos compartidos con los humanos, sus paseos, van a cambiar cuando esa nueva persona llegue a la casa. Demostrarle que, aunque los tiempos sean más cortos, tendrá momentos de juego y de paseo, pero la rutina no será la misma. Hizo varias recomendaciones al respecto que deberían empezar a implementarse al menos un mes antes. Mostar el cochechito –que para el perro es ya un objeto extraño– y en el momento darle al animal un incentivo que puede ser un snack, le está diciendo al perro que es bueno que esté el cochecito ahí. Y de a poco ir mostrándole otros artículos, hacerle escuchar grabaciones de llantos de niños y ahí también premiarlo, hará que el animal relacione que todo lo del bebé es bueno porque a él le dan una recompensa por ello. Así pues, el bebé será para él algo asociado a cosas buenas y no a un castigo.
Una charla muy amplia e interesante donde brevemente se concluye que la base de un buen relacionamiento perro-humano es aprender su lenguaje corporal, educarlo de tal forma que, por más cariño que se le dé, por más que se le permita hasta dormir en la cama, –sin un castigo físico ni gritos– sepa que hay una jerarquía de parte de su humano que deberá obedecer al momento de pedírselo. Y de parte de los dueños, respetar lo que dice ese lenguaje: si está estresado, si está cansado, si no quiere hacer algo, si está dolorido o asustado. Y por supuesto que, al momento de tomar la decisión de adquirir un perro, lo ideal es asesorarse con un veterinario y sacarse todas las dudas para que la vida con una mascota pueda ser beneficiosa para el animal y para el humano.

