Aguas que no has de beber

En su edición de esta semana el semanario Búsqueda da cuenta de un informe de Inteligencia de Brasil que advierte por el riesgo de militarización del acuífero Guaraní. El artículo, firmado por Juan Francisco Pittaluga, trae a colación de esta novedad el recuerdo de las declaraciones en el mes de octubre de uno de los principales jerarcas militares de nuestro país que en ese momento causaron sorpresa, tanto en la opinión pública como entre autoridades nacionales. El jefe del Estado Mayor de la Defensa (Esmade), Gral. del aire Rodolfo Pereyra, advertía entonces que, ante una posible escasez de agua a escala global, nuestro país puede ser centro de conflictos bélicos en una eventual disputa por el acuífero Guaraní. “Ingresando al campo de las hipótesis de conflicto más peligrosas, debemos recordar que somos parte de uno de los más grandes reservorios naturales de agua dulce del planeta, que compartimos con Argentina, Brasil y Paraguay. Dado el supuesto o real caso de que este recurso escasee en el mundo, no contar con las capacidades disuasivas adecuadas que nos permitan proteger y gestionar soberanamente un recurso vital para la supervivencia del ser humano pondrá, como resultado, en grave riesgo la estabilidad de la región”, decía.

Del informe de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) cita el artículo que “Desde el punto de vista de la seguridad, la Inteligencia de Estado debe estar atenta al riesgo de militarización indirecta de zonas sensibles bajo el pretexto de la protección de ‘bienes comunes globales’, con el riesgo de instrumentalización de la seguridad ambiental para legitimar intervenciones no solicitadas sobre zonas estratégicas”. Se mencionan específicamente dos zonas prioritarias con relevancia estratégica: la Amazonia, que cubre un 60% del territorio del vecino país, clave para la biodiversidad y “también para la seguridad nacional”; y el acuífero Guaraní, compartido con Argentina, Paraguay y Uruguay, que “constituye una de las más importantes reservas subterráneas de agua del planeta”.

Según publicó el semanario este análisis forma parte de un capítulo dedicado a la seguridad e integración de América del Sur en el informe titulado “Desafíos de Inteligencia para 2026”, una publicación anual en la que ABIN transmite su visión sobre las amenazas y riesgos al Brasil. Allí se indica que “La intensificación de la competencia entre las grandes potencias afecta la estabilidad regional, con disputas tecnológicas y comerciales que se proyectan sobre las políticas públicas internas, especialmente en áreas como la transición energética y la infraestructura digital”.

Conocido es el dicho de que una golondrina no hace verano, pero ahora tenemos una segunda golondrina anunciando que estamos en el estío y que el agua subterránea ya es un recuso estratégico. De hecho es algo que venimos escuchando hace años: los conflictos del futuro serán por el agua. Ese futuro llegó, está acá con nosotros. Es más, si está con ganas le invito a que, después que termine de leer EL TELEGRAFO se tome unos minutos y haga una búsqueda rápida en Internet con las referencias “acuífero guaraní”, “conflicto”, y se encontrará con numerosas referencias sobre el tema. Darles una rápida lectura —spoilert alert— le hará pensar que es hasta evidente que un recurso de este tipo esté en la mira de quienes se enfrentan al riesgo de quedarse sin agua y cómo no se dio cuenta de preguntárselo antes.

Solo por mencionar un ejemplo de estos estudios, en el año 2015 el licenciado Carlos Alfredo da Silva —Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Argentina— presentó en el VIII Congreso Latinoamericano de Ciencia Política, en Lima Perú, su ponencia titulada “Los desafíos y dilemas geopolíticos de los recursos hídricos en el Acuífero Guaraní”. Da Silva refiere a un estudio publicado en la revista Water Resources Research (investigación de recursos hídricos), que “determinó que una tercera parte de las 37 cuencas subterráneas más caudalosas del mundo, que constituyen la principal reserva de la humanidad y suministran el 35% del consumo, están perdiendo agua a un ritmo vertiginoso, según datos proporcionados por las mediciones de dos satélites de la NASA”. El autor cita en su informe a Pablo Romanazzi, ingeniero y profesor de Hidrología de la Universidad Nacional de La Plata, que señalaba que “si bien acá subestimamos el problema porque nos sobra agua, muchos países del primer mundo están acostumbrados a un consumo planificado” y refería a cálculos que indicaban —de esto hace más de una década ya— que “21 de los 37 acuíferos subterráneos más voluminosos que se ubican en regiones que van desde la India y China hasta EE. UU. y Francia, rebasaron su punto de inflexión de sostenibilidad”. Esto significa que fue extraída más agua de la que fue repuesta durante el período de estudio que duró una década, desde 2003 hasta 2013. Agrega también que los acuíferos con una mayor sobrecarga “se sitúan en las zonas más secas, donde las poblaciones usan en gran medida aguas subterráneas”, regiones en las que están obligados a un uso intensivo de los acuíferos “ya que no disponer de otras alternativas como ríos, arroyos o lagos”, apuntaba Romanazzi.

El volumen total de agua subterránea es probablemente mucho menor que las estimaciones hechas hace décadas y, según Jay Famiglietti, profesor de la UCI y científico de la NASA, citado en la misma presentación, “teniendo en cuenta la rapidez con la que estamos consumiendo las reservas de agua subterránea en el mundo, necesitamos un esfuerzo global coordinado para determinar la cantidad que queda”. De nuevo, esto se presentó en 2015, y en estos años no solamente no se hizo ese esfuerzo global coordinado para averiguar de cuánta agua disponemos en el subsuelo, sino que además no se logró alcanzar el más básicos de los acuerdos para frenar la emisión de gases de efecto invernadero y hoy en día estamos más para preocuparnos de una tercera guerra mundial, con potencial destructivo a escala planetaria incluido, que por saber de dónde vamos a sacar agua para tomar y cocinar. Así de lejos estamos. Y del barrio mejor por ahora ni hablamos, pero es notorio que no hay una posición unánime en cuanto a cómo pararse frente a las grandes potencias, por ahora entretenidas en la cinchada por Groenlandia y otras tierras raras.