Amigos de los Animales: situación crítica por el aumento de rescates y deudas veterinarias

La oenegé Amigos de los Animales atraviesa una situación crítica marcada por el aumento sostenido de rescates, el crecimiento de las deudas veterinarias y la saturación de su capacidad de atención. El escenario se agrava durante el verano, cuando se incrementan los casos de animales con bichera, y se combina con la falta de castraciones gratuitas y el incumplimiento de la normativa vigente sobre tenencia responsable.

Laura de León, directora y una de las figuras centrales de la oenegé, describe un panorama sostenido en el tiempo, pero agravado en los últimos meses. “Nosotros publicamos los costos de lo que habíamos pagado en veterinarias, pero lo que la gente a veces no entiende es que esos gastos son mensuales, no corresponden a un único mes”, explicó a EL TELEGRAFO. Según detalló, sólo en pagos recientes la organización logró cubrir 112.881 pesos, aunque se trata de deudas arrastradas desde meses anteriores.

El verano multiplica los casos. “Con este calor es cuando más suben las cuentas de las veterinarias. Es impresionante la cantidad de animales abichados que atendemos”, señaló De León. La mayoría de esos animales, aclaró, no son callejeros. “La mayoría son con dueño. El vecino te avisa que hay un animal en horribles condiciones y, aunque tenga dueño, lo atendemos igual. Nunca logramos que el dueño pague la cuenta, pero si no lo atendemos se muere comido por los gusanos”, añadió.

La oenegé funciona hoy al borde de su capacidad operativa. “Estamos desbordados, tanto de perros como de gatos”, afirmó su directora. La sede de la organización está colapsada de felinos, mientras que los perros se reparten, en muchos casos, en hogares particulares. “En mi casa, por ejemplo, estoy llena de perros. No entra ni un alfiler más”.

El cuello de botella no está sólo en el rescate, sino en la imposibilidad de sostener un flujo equilibrado entre ingresos y adopciones. “Logramos dar algunos animales, pero siempre ingresa más de lo que sale”, explicó. A eso se suma una realidad que, según De León, se repite con particular crudeza en Paysandú: los realojos habitacionales. “Es impresionante la cantidad de animales que nos hemos tenido que hacer cargo por realojos. Entregan la casa nueva, todo precioso, pero los animales los dejan”.

En los casos en que los animales sí son trasladados con sus familias, la normativa vigente tampoco se cumple de forma sistemática. “Ni siquiera se les exige que estén castrados, cuando hace casi tres años que en Uruguay es obligatoria la castración de machos y hembras, tanto de perros como de gatos”, recordó. Para De León, el problema es doble: falta información y falta acceso. “La gente no sabe, no se difunde, no se informa, y entonces no castran”.

La ausencia de programas de castración gratuita profundiza la contradicción. “A veces hay voluntad, pero no hay plata. Estamos en una situación absurda: la castración es obligatoria, pero no se presta el servicio gratuito. Si no tienen dinero, es imposible exigirles que cumplan”, sostuvo.

En una publicación reciente en redes sociales, Amigos de los Animales explicitó el dilema estructural que atraviesa su trabajo cotidiano. “En cada lugar al que vamos somos un cliente más, y la cuenta siempre llega”, señalaron. “Siempre absorbemos más de los que podemos. Siempre gastamos más de lo que tenemos”.

El voluntariado, aclaran, no representa el problema. Tampoco el tiempo ni el compromiso. “Eso es lo que no nos cuesta”, escribieron. Lo que falta es un andamiaje que permita sostener una política mínima de protección animal sin depender exclusivamente del esfuerzo de organizaciones que, aun estirando sus límites, ya no alcanzan a cubrir una demanda que no deja de crecer.