Castraciones suspendidas y falta de fiscalización detrás del aumento de mordeduras de perros

Las jornadas de castraciones de la oenegé Amigos de los Animales congregaban numerosos tutores responsables. Ahora, con el cambio de gobierno, el Instituto Nacional de Bienestar Animal (INBA) dejó de funcionar en los hechos y se cortó el financiamiento.

El aumento de las mordeduras de perros en Uruguay dejó de ser un fenómeno marginal para convertirse en un problema de salud pública que atraviesa a todo el país y golpea con fuerza también a Paysandú. Los datos oficiales del Ministerio de Salud Pública confirman que durante 2025 se registraron 4.379 ataques caninos a personas, casi mil más que el año anterior, un incremento del 29%. En el mapa departamental, Paysandú aparece entre los territorios con mayor número de casos, con 296 mordeduras notificadas en el año.

La cifra ubica al departamento en un segundo pelotón junto a Colonia y por debajo de Tacuarembó, pero muy por encima de otros lugares con similar densidad poblacional. Para las organizaciones de protección animal, los números no sorprenden. Lo que sí preocupa es la velocidad con la que se deterioró un escenario que, hasta hace poco, mostraba señales de mejora.

Laura De León, directora de la oenegé Amigos de los Animales de Paysandú, identifica una combinación de factores que ayudan a entender el fenómeno. El principal, sostiene, resultó ser la interrupción total de las campañas de castración durante 2025. “Nunca jamás habíamos tenido dinero así, sin límite para castrar”, recordó sobre el período previo, cuando existían fondos estatales suficientes para sostener jornadas masivas.
“Al contrario, nos estaba faltando materia prima. Teníamos dinero y no teníamos perros o gatos para castrar”, dijo a EL TELEGRAFO. “En las jornadas de castración teníamos 60 cupos y aparecían 20, 30 animales”.

Ese escenario se revirtió por completo. Con el cambio de gobierno, el Instituto Nacional de Bienestar Animal (INBA) dejó de funcionar en los hechos y se cortó el financiamiento. El resultado, según De León, fue inmediato. Un año entero sin castraciones tuvo un efecto multiplicador sobre la población canina. “Cuanto más animales tenés, más grande va a ser el problema”, resumió. En términos biológicos, el impacto es difícil de revertir a corto plazo. Una sola perra sin castrar puede echar por tierra el trabajo realizado en un barrio entero, porque sus crías comienzan a reproducirse a los pocos meses.

El segundo factor que señala la referente sanducera es la ausencia de control. La mayoría de los perros que circulan por la vía pública tienen dueño, pero carecen de supervisión. “El 80% o 90% de los animales que están en la calle tienen dueño, pero son irresponsables totalmente y nadie los controla”, afirma. Sin inspecciones, sin denuncias efectivas y sin sanciones económicas, la dinámica se perpetúa. “Hasta que no se le toque el bolsillo a la gente, esto no funciona”.

Paysandú no representa una excepción dentro de un patrón nacional que muestra un aumento en casi todos los departamentos. Sólo Cerro Largo, Soriano y Treinta y Tres registraron una leve baja. Montevideo encabezó la lista con 1.177 mordeduras, seguido por Canelones y Salto. Pero el dato que más llamó la atención se registró en Rivera, donde los casos se cuadruplicaron en un año, pasando de 102 a 384. Río Negro también experimentó un salto abrupto, de 15 a 64 mordeduras.

El boletín epidemiológico del MSP advierte que la distribución de los casos no guarda relación directa con la cantidad de habitantes, lo que refuerza la idea de que la tenencia responsable y las políticas públicas juegan un papel decisivo. A nivel nacional, 1.535 personas debieron recibir la recomendación de vacuna antirrábica y en 77 casos se administró además inmunoglobulina. Aunque el informe no detalla edades ni gravedad de las lesiones, estudios previos indican que los menores de 15 años concentran los ataques más severos y que cerca del 80% de los episodios ocurre dentro del hogar, con perros conocidos.
En Paysandú, las consecuencias del desborde se sienten con particular crudeza en las protectoras. “Nunca nos había pasado vivir el caos que vivimos en este momento”, dice De León, con más de dos décadas de militancia animalista. Los refugios están colapsados y la situación se replica en todo el país. La Plataforma Animalista, que nuclea a 35 organizaciones, describe un escenario común: no hay lugar para recibir más animales y las adopciones no compensan el crecimiento de la población canina.