En la ribera del río Uruguay, frente al entramado verde de islas y canales que separa –y a la vez une– a Uruguay y Argentina, el país dio ayer un paso sin precedentes en su política ambiental. En Nuevo Berlín, departamento de Río Negro, el Estado uruguayo incorporó por primera vez tierras privadas al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP), a partir de la donación de las islas Chala, Inga y Pingüino, que abarcan una superficie total de 514 hectáreas.
El acto contó con la presencia del presidente de la República, Yamandú Orsi; el ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño; autoridades nacionales, departamentales y locales; representantes diplomáticos; organizaciones de la sociedad civil; y el empresario y filántropo estadounidense Gilbert Butler, donador e impulsor de la iniciativa, quien asistió acompañado por su hija Melissa. También estuvo la presidente de la delegación uruguaya en CARU, Cecilia Bottino.
“No hay antecedentes sobre esto en Uruguay. Es un día histórico”, le dijo Orsi a Butler durante un breve diálogo sostenido en el lugar, con la mediación de un intérprete. La respuesta del empresario fue igual de escueta y simbólica: “Es un honor para mí. Este es un lugar hermoso. Vamos a seguir trabajando en este sentido. Continuar con la idea de un parque binacional”.
La jornada culminó con la firma de las escrituras de donación y de un memorando que formaliza la incorporación de las islas al SNAP, consolidando un proceso que llevó más de cinco años de trabajo articulado.
Un hito para la conservación
Durante la ceremonia, los organizadores subrayaron el carácter excepcional del acontecimiento al afirmar que el Sistema Nacional de Áreas Protegidas, por primera vez, incorpora tierras de estas características, “fortaleciendo el corredor biocultural del río Uruguay y consolidando una visión de desarrollo basada en la conservación, la restauración ambiental y la participación de las comunidades locales”, según se señaló desde la oratoria inicial.
Las islas donadas cumplen un rol clave en la conectividad ecológica del río y representan una oportunidad concreta para el desarrollo del turismo de naturaleza, la educación ambiental y las economías locales, bajo un modelo que prioriza el cuidado del patrimonio natural.
El acto tuvo también un momento cultural: los artistas locales Wilson y Walter Vega –conocidos artísticamente como Los Hermanos Vega– interpretaron Río de los Pájaros, de Aníbal Sampayo, una elección que reforzó el vínculo simbólico entre identidad, paisaje y memoria del litoral.
La iniciativa se enmarca en el proyecto “Río Uruguay – Islas y Canales Verdes”, y es posible gracias al trabajo conjunto de la Fundación Butler, la organización Ambá, la Wildlife Conservation Society y Banco de Bosques, en una experiencia de colaboración público-privada que, según destacaron los oradores, sienta un precedente para el desarrollo sostenible en Uruguay.
“Un día histórico para Uruguay”
El director de Ambá, Maximiliano Costa, fue uno de los oradores centrales. “Hoy es un día histórico para Uruguay, es un día histórico para la conservación. Hoy será la primera donación de tierras privadas al Sistema Nacional de Áreas Protegidas”, afirmó.
Costa agradeció especialmente a Butler y a su familia por la donación, y puso el acento en el valor simbólico del paisaje: “Sentimos que hoy, con este acto, le damos voz nuevamente a la naturaleza, a las especies de este lugar, al río Uruguay, a este cielo azul, y también a los pueblos originarios que cultivaron por tanto tiempo este territorio”.
El director de Ambá destacó, además, un aspecto poco habitual en este tipo de procesos: el trabajo conjunto y sostenido de cuatro organizaciones que decidieron construir una visión compartida para el territorio. “Este tipo de colaboración no es habitual y demuestra que cuando se trabaja en conjunto los resultados trascienden fronteras”, señaló.
“Estas islas son para ustedes, para un desarrollo que nace en la conexión con la naturaleza. Hoy comienza un legado que es de todos y para siempre. Un solo río, un solo parque”, aseveró Costa dirigiéndose a las comunidades locales.
El papel de los gobiernos locales
Desde una perspectiva territorial, el alcalde de Nuevo Berlín, Hernán Godoy, recordó que el proyecto comenzó a gestarse en 2021, cuando Ambá se contactó con el municipio para presentar la idea impulsada por Butler. “El camino no fue fácil”, reconoció. “Cuando se planteó que alguien iba a comprar islas con la intención de donarlas, no fue sencillo que la comunidad lo entendiera”.
Godoy destacó el trabajo conjunto entre el municipio, el gobierno departamental y el gobierno nacional, así como el apoyo de fondos públicos, en particular de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP). También subrayó el impacto social del proyecto: jóvenes formados en escuelas municipales de San Javier y Nuevo Berlín hoy participan como instructores vinculados a las actividades del parque.
“Este parque representa crear comunidad y generar desarrollo a través del turismo, pero también de la conservación”, afirmó. Y agregó: “Seremos celosos cuidadores de esta donación”.
El intendente de Río Negro, Guillermo Levratto, reforzó la idea de que el proyecto excede lo ambiental. Habló de “microrregión binacional” y de la necesidad de pensar el desarrollo del litoral desde una lógica regional e integrada. “Seduce ver al litoral uruguayo puesto en la agenda nacional e internacional. Seduce usar la naturaleza como motor de desarrollo, pero también nos obliga a conectar socialmente con nuestras comunidades y sus identidades”, expresó.
Levratto valoró la articulación de los tres niveles de gobierno y señaló que el desafío del departamento pasa por diversificar su matriz productiva, apostando a la cadena de valor turística y a una cultura del cuidado ambiental. “No existe una gran empresa que salve el desempleo. Nos salvamos trabajando en conjunto”, resumió.
La mirada del donante
En uno de los discursos más personales de la jornada, Gilbert Butler relató cómo nació la idea del parque binacional. Contó que, tras sobrevolar en helicóptero unos 15 kilómetros de islas, advirtió el contraste entre las áreas continentales dedicadas a la soja y el eucalipto, y esa franja verde que permanecía intacta en medio del río.
“Era todo verde, muy hermoso”, recordó. Al preguntar por qué esas islas no habían sido transformadas, le explicaron que las crecidas periódicas del río lo impedían. “Entonces pensé: acá tendríamos que tener un parque binacional”, relató.
La idea, confesó, resultó ser recibida inicialmente como “una misión imposible”. Sin embargo, el trabajo conjunto con organizaciones locales y regionales permitió convertir esa intuición en un proyecto concreto. Butler definió la iniciativa como un “parque binacional de paz”, una expresión que sería retomada luego por autoridades uruguayas.
Más área protegida
El cierre estuvo a cargo del ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, quien calificó el acto como “un hecho histórico” y destacó tanto el contenido como la forma del proyecto. “Importa el qué, pero también importa mucho el cómo”, afirmó, subrayando el trabajo mancomunado entre el Estado, los gobiernos locales, las organizaciones civiles y actores internacionales.
Ortuño anunció además una resolución de alto impacto: la ampliación del Parque Nacional Esteros de Farrapos e Islas del Río Uruguay. Se incorporarán 16 nuevas islas y aguas continentales, sumando 5.141 hectáreas. De este modo, el área total protegida pasará de 16.424 a 21.565 hectáreas, y el número de islas protegidas aumentará de 19 a 35.
Finalmente, el ministro reafirmó el compromiso del Estado con una de las condiciones centrales de la donación: el cuidado, la protección y la conservación efectiva de estas áreas dentro del SNAP. “Este proyecto es una semilla que dará origen a nuevos proyectos con esta inspiración”, concluyó.
