Mucha agua ha corrido bajo los puentes, a partir de que hace 25 años se iniciaran las negociaciones para la concreción del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), cuya firma se ha anunciado finalmente para este sábado 17 de enero en Asunción del Paraguay. Cuando se va a concretar por fin el objetivo buscado ansiosamente por los países de la región hace ya un cuarto de siglo, deberían entonces echarse campanas a vuelo por los bloques y países involucrados, pese a que como es sabido, en todo acuerdo de esta naturaleza siempre hay ganadores y perdedores, de acuerdo al país y sector de que se trate, por lo menos a prioiri, porque después sobre la marcha las cosas pueden cambiar en el fragor del intercambio, las denuncias y los elementos distorsionantes que suelen aparecer.
En síntesis, la asociación estratégica implica la integración de un mercado de 800 millones de habitantes, con un Producto Bruto Interno Bruto (PBI) conjunto equivalente a una cuarta parte del PBI mundial y una corriente comercial total que asciende a aproximadamente 100.000 millones de dólares, expresa el Mercosur en su sitio web.
La idea, desde los países sudamericanos signatarios, es que los vínculos económicos y comerciales se verán fortalecidos con el aumento de las exportaciones a la Unión Europea, así como la creación de un ambiente propicio para la atracción de inversiones, que impactará positivamente en el desarrollo socioeconómico de los países integrantes de ambos bloques. La salvedad, es que hay una heterogeneidad notoria, y este es precisamente el punto que ha trancado por tanto tiempo que se acordaran los puntos más controvertidos en estas negociaciones, sobre todo porque los productores de países europeos como Francia y Polonia, entre otros, consideran que serán grandes perdedores frente a los productos similares que ingresarán a menores precios desde los países sudamericanos, porque hay ventajas comparativas naturales en el Mercosur, aunque los granjeros europeos disfracen su protesta de reclamos medioambientales.
No obstante, a mediados de diciembre del año pasado el Parlamento Europeo aprobó por mayoría absoluta la inclusión de cláusulas de salvaguarda para el sector agrícola. La iniciativa dispone la revisión del acuerdo en caso de que las importaciones en “productos sensibles” aumenten un 5% en promedio en un período de tres años.
Asimismo, la Comisión Europea podría investigar “cuando existan pruebas creíbles de que las importaciones que se benefician de preferencias arancelarias no cumplen requisitos equivalentes en materia de medio ambiente, bienestar animal, salud, seguridad alimentaria o protección laboral a los que se aplican a los productores de la UE”, según informó el Parlamento Europeo. De acuerdo al informe “Consolidación del acceso comercial de Uruguay al continente europeo”, en 2024 Uruguay exportó a la UE bienes por 1.786 millones de dólares y representó 14% del total de las exportaciones, siendo el tercer destino por detrás de China y Brasil.
Los productos de desgravación inmediata por parte de la UE son los productos pecuarios, menudencias bovinas y ovinas, grasas y despojos comestibles de origen bovino, manzanas, peras, ciruelas y cerezas frescas, legumbres, frutos secos, cueros, bebidas --excepto vino--, harina de soja, maíz, autopartes, fertilizantes y fungicidas.
Por otra parte, los bienes que entrarán en el esquema de desgravación a cuatro, siete o diez años son productos como hortalizas, carne equina, plantas y tubérculos alimenticios, cítricos, arroz, alimentos para mascotas, vinos, aceites vegetales, preparaciones alimenticias, hilados y tejidos de lana, concentrados de bebidas y madera contrachapada.
El informe detalla la situación que recaerá en los productos de “especial interés exportador” que quedarán comprendidos dentro de las cuotas. La carne bovina tendrá una cuota de 99.000 toneladas anuales a distribuir entre todos los países del Mercosur, a la que se aplicará un arancel de 7,5%, lo que representa una reducción respecto de las tasas actuales, que oscilan entre 44 y 62%. Asimismo, se eliminará el arancel de 20% dispuesto por la vigente “cuota Hilton”, que permitía el ingreso de 10.000 toneladas anuales de carne de alta calidad. Según el documento, en 2024 el país abonó por este arancel entre diez y 15 millones de dólares.
La cuota dispuesta para la carne bovina representa apenas el 0,6% de la producción total del Mercosur, que alcanzó 15,5 millones de toneladas en 2023, lo que relativiza el impacto real del cupo en el mercado europeo. Asimismo, Uruguay en 2025 produjo 523.000 toneladas de carne, de las cuales unas 72.000 fueron exportadas con destino a la UE, según datos del Instituto Nacional de Carnes. Esto representa 18% de las importaciones de carne de la UE, que desde hace años ha visto mermada su producción local, al pasar de producir ocho millones de toneladas anuales en 2011 a apenas 6,42 millones de toneladas en 2025, su nivel más bajo en 25 años.
El arroz es de especial interés para Uruguay, ya que es el principal exportador del Mercosur a la Unión Europea. La cuota libre de arancel se ubicará en 60.000 toneladas anuales para todo el bloque, equivalente a apenas 1,4% del consumo anual de la UE, y se implementará paulatinamente en cinco años.
Asimismo, algunos productos lácteos verán eliminados sus aranceles en un plazo de diez años, con cuotas recíprocas para ambos bloques de 10.000 toneladas para la leche en polvo, 5.000 toneladas de fórmula infantil y 30.000 toneladas para quesos.
Por último, la miel, que en la actualidad paga un arancel de 17,3% al ingreso a la UE, le será concedida una cuota exonerada de 45.000 toneladas anuales, un 10% del consumo de la UE, que se implementará gradualmente en un plazo de cinco años. Hablando de ganadores y perdedores, de salvaguardias y compensaciones por pérdidas que sufrirán determinados sectores, en nuestro país, desde que se oficializó la disposición de la Unión Europea a firmar el acuerdo, el sector cárnico es optimista en el sentido de que podrá beneficiarse con un aumento de las exportaciones, en tanto en el sector lácteo las cosas no son tan favorables. La realidad seguramente irá por un camino mucho más sinuoso que el optimista que transmite el ministro de Relaciones Exteriores de nuestro país, Mario Lutbekin, al reflexionar que “se le abre otro panorama completamente distinto al país, otra oportunidad gigantesca como nunca antes, para un gran crecimiento exportador y que eso signifique fuentes de trabajo e inversión”.
Es bienvenido un acuerdo aunque no regirá de un momento para el otro, sino que pasarán muchos meses, años, antes de que se complete el proceso en los ámbitos de cada bloque para su entrada en vigencia. Pero hay que tener en cuenta que estamos ante un camino de ida y vuelta, de toma y daca, que no va ser lineal y que va a favorecer al consumidor, ante una mayor oferta y reducción de aranceles, pero que en la globalidad beneficiosa del intercambio habrá quienes pagarán un duro precio. La expectativa, la apuesta más bien, es que estas asimetrías puedan irse corrigiendo sobre la marcha y sobre todo, que puedan hacerse en tiempo y forma, antes de que el daño pueda resultar irreparable en los sectores más expuestos.
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