De acuerdo al resultado de la Encuesta de Evaluación y Perspectivas Empresariales realizada este año por la revista Búsqueda, los desafíos más importantes que se presentan en este 2026 al sector apuntan a lograr condiciones para una mejora en la competitividad y reducir los costos de producción que condicionan el desenvolvimiento de las actividades en producción de bienes y servicios.
El punto es que este planteo no es nada nuevo ni mucho menos, sino que forma parte del arrastre de muchos años en que gradualmente, pero con una tendencia irreversible, los empresarios padecen de la constante erosión de rentabilidad por efectos de factores que se han sostenido prácticamente sin solución de continuidad, pese a situaciones coyunturales muy esporádicas que no han movido la aguja.
De acuerdo a esta encuesta, la inquietud por los elevados costos productivos volvió a reflejarse cuando los ejecutivos contestaron sobre las medidas prioritarias que debería adoptar el gobierno, como temas prioritarios, pero sin olvidar otros aspectos como los vinculados a la seguridad pública, la inversión o la inserción internacional. Por ejemplo un elemento omnipresente en los planteos empresariales tiene que ver con el dólar, es decir el tipo de cambio con un peso sobrevaluado que potencia los muy altos costos internos y por lo tanto no solo deja a empresas uruguayas fuera de los mercados internacionales, sino que muchas otras se encuentran con serias dificultades para competir con su producción con los bienes y servicios importados. El descontento manifestado por los empresarios en la encuesta se da en prácticamente todos los sectores productivos, con la misma proporción de respuestas de parte de las firmas industriales, del agro y de los servicios.
A su vez, la preocupación por bajar los costos de producción y de funcionamiento, fue el segundo problema con mayor cantidad de menciones, pero en este caso surgió con más preponderancia entre los fabricantes y las empresas de servicios.
A estos factores de macroeconomía se agregó por los empresarios el relacionado con el mercado interno, reflejado en el término “baja demanda”, lo que fue complementado con menciones a las dificultades por un bajo crecimiento de la economía, la inestabilidad mundial y los precios internacionales sin olvidar la incertidumbre por la imposición de aranceles por el gobierno de Donald Trump.
En cuanto a las medidas requeridas, los empresarios mencionaron en primer lugar el “bajar el costo del Estado”, así como reducir el déficit fiscal, reclamo por mejorar la seguridad pública, además de combatir la delincuencia y el narcotráfico, incentivos a la inversión, sin olvidar las recurrentes menciones a mejorar la infraestructura, agilizar los trámites, desregular, flexibilizar las relaciones laborales, bajar las tarifas públicas y promover el empleo.
Las previsiones, a su vez, tienen algunos puntos de encuentro pero diferencias en cuanto a las perspectivas de evolución de la economía este año, en general más pesimistas que las cifras expuestas por el gobierno. Así, mientras las proyecciones elaboradas por el Ministerio de Economía y Finanzas presentadas al Parlamento contemplan un crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) del 2,2 por ciento, por debajo del 2,6 por ciento de 2025, en tanto la mayoría de los empresarios encuestados tienen un pronóstico menos optimista: el 14 por ciento cree que la economía uruguaya crecerá este año hasta un 1 por ciento, mientras que el 50 por ciento lo estima entre el 1 y el 2 por ciento.
Pero a la vez hay un 14 por ciento que prevé un estancamiento productivo o crecimiento nulo, y un 5 por ciento que considera que habrá una retracción en la economía. Por otra parte hay un grupo de empresarios que indicaron como estimación para 2026 un rango de aumento del PBI de entre el 2 y el 3 por ciento, en línea con la proyección del gobierno, el que llega al 17 por ciento del total.
Por sectores, los comerciantes son los más pesimistas, con un 20 por ciento –incluso prevén estancamiento y contracción–, mientras que le siguen en pesimismo los industriales y los ejecutivos de los servicios, en tanto predomina en general la expectativa de que el empleo se mantendrá más o menos estable.
Un aspecto mencionado con énfasis es que en 2025 el valor del dólar experimentó una caída del 11 por ciento, mientras que por otro lado la inflación creció apenas por encima del 4 por ciento, lo que da una brecha muy significativa a la hora de medir los costos internos en dólares y lo que ello significa en la comparativa internacional a la hora de la concreción de importaciones y exportaciones.
En resumen, en el caso del tipo de cambio, no se prevé mayores variaciones, pero tampoco en lo que respecta a medidas desde el gobierno para incorporar variables positivas en el marco de este escenario que involucra el tramado de la economía en Uruguay, porque precisamente no hay mayor margen de maniobra, como tampoco lo tenía el gobierno que le precedió e incluso el anterior, que era regido por la coalición de izquierdas.
Es decir, el alto déficit fiscal, la falta de competitividad, los elevados costos internos, que incluyen los servicios estatales, la energía, la tributación, el costo laboral, la burocracia, el tamaño del Estado, son factores excluyentes si se quiere cambiar la pisada en este estancamiento, pero un gobierno tras otro, sin margen de maniobra, solo le han dado continuidad a este panorama, más allá de alguna sacudida desde el exterior. Y el punto es que más allá de algún retoque, de algún énfasis aquí o allá, de alguna medida simbólica o voluntarista en el buen sentido, lo que se haga difícilmente pueda pasar de una señal hacia la tribuna, pero sin ser evaluada seriamente por los operadores directamente metidos en la cosa, como los empresarios, porque han asumido que lo que pueda hacerse en el corto plazo es muy limitado y no se podrá ir al fondo de la cosa, salvo seguir apostando a que transcurra el tiempo con la esperanza de que las cosas mejoren, aunque todo esté atado y resulte harto difícil tocar una pieza, sin que la armazón cruja por algún lado, y resulte peor el remedio que la enfermedad.

