La gente no entiende muy bien lo del Fonasa y quizás eso es lo que se quiere; en su momento los bolsillos serán más elocuentes. Es la receta astorista de cocimiento a fuego lento de la rana –los uruguayos– y que ahora aplica Oddone loco de contento con su cargo. Y lo hace bien, tal cual lo debe haber imaginado Mujica: ¡un baqueano el Pepe! Un mensaje con cara de distraído hacia los de afuera: no pasa nada, más de lo mismo, y en lo interno más copamiento de un Estado agrandado con burocracia militante al servicio del “partido” y más impuestos: porque eso hay que pagarlo, cuesta plata y a los únicos que se les ocurre sacársela es a los uruguayos de a pie, a los que trabajan y a los que han laburado toda la vida –sin un día de licencia gremial–, a los que no tienen los esquives de “los muy ricos” que adornan las pancartas del Pit Cnt. ¿Que no hay mucho para raspar? ¿Qué no? Mira Cuba, hoy casi sin luz y sin agua. Y no se trata de un eslogan o de algo lejano: está ahí. Fíjate los argentinos: que los jubilados de aquí les pregunten a los de allá como era antes y como les va ahora y que nuestros desocupados les pregunten a los de allá como les fue, finalmente, con los famosos “planes” (seguro de paro condicionado).
Lo del Fonasa es un impuesto más, sin muchas explicaciones ni más vericuetos. La realidad: con estas medidas el Estado recaudará más y si va más plata para el gran aparato burocrático, tan vago como ineficiente, ¿de dónde va a salir?: de los ciudadanos. Que son aportes, que serán menos devoluciones, que ‘pe’ o que ‘pa’; el hecho es que la gente deberá poner más plata, o recibir menos, para pagarle a funcionarios y burócratas. Y a eso se llama impuestos, bautícele como se quiera. En este caso, uno más que se suma a los que ya les votó en el presupuesto la oposición, que acusa al gobierno de no tener rumbo, pero que por su lado muestra variados y entrecruzados rumbos.

Para lo del Fonasa no necesitaron ni la colaboración de los opositores, o de algún voto “acercado”: con disimulo, entre las fiestas y el calorcito del verano, se ataca directamente un beneficio clave –del que tanto se han jactado– como es el cuidado de la salud de la gente, castigando, en particular, como el tiempo lo dirá, a los que hoy más lo necesitan: a los viejos. A éstos, que lo han pagado con creces y ahora molestan; resta, si pueden y está entre los objetivos, que les quiten los ahorros que aún conservan en las AFAP. Ocurrió en Argentina, y no hace tanto.
Que todo esto deja mal parado al propio presidente, quien en uno de sus momentos más firmes y claros prometió ¡no aumento de los impuestos! ¡No más nuevos impuestos! Quizás ni tanto: aquello se trató de un recurso electoral –debidamente preparado y ensayado se supone–, así como lo fue la designación de Oddone.
Se dice que el gobierno no tiene rumbo, pero ¿es tan así?
Parece claro que apunta a agrandar y copar el Estado y a la vez a hacer oposición: la hace desde el Pit Cnt y otras organizaciones y “sellos” con pancartas cada vez con más venas abiertas y reclamos utópicos y con movilizaciones y paros, y la hace el propio gobierno atacando y tratando de destruir –efectivamente– lo hecho por el gobierno anterior. ¿Que no tiene plan de gobierno? No. Su plan, lo dicho, es hacer oposición y como un eventual plan de obras la difusa promesa de uno, dos, cien Antel Arenas; algo así como aquello que decía el Che.

