La investigación por la muerte del pequeño Santino David Angelino Duarte, ocurrida el 5 de abril de 2024, tuvo en las últimas horas un giro relevante, luego de que la Justicia dispusiera un cambio en la carátula de los delitos imputados a los dos adultos responsables, modificando el eje principal de la causa sin alterar, por el momento, la situación de privación de libertad de ambos.
Santino, que tenía poco más de un año de vida, residía en la ciudad de Mercedes junto a su madre y su padrastro. El 3 de abril fue ingresado de urgencia al hospital local en estado crítico, ocasión en la que los adultos manifestaron que el niño había sufrido una caída accidental. Sin embargo, los profesionales médicos advirtieron rápidamente que las lesiones no eran compatibles con una caída doméstica, lo que encendió las primeras alertas.
Debido a la gravedad del cuadro, el menor fue derivado a Ucepyn de Comepa, donde finalmente falleció. Ante la sospecha de una situación de maltrato, el servicio de pediatría del hospital de Mercedes dio aviso a la Unidad de Violencia Doméstica de la Policía, quedando el caso bajo la órbita de la Fiscalía de Mercedes, que ordenó la realización de una autopsia. El examen forense reveló signos compatibles con maltrato físico, determinantes para el avance de la causa.
En una primera instancia, la Justicia imputó al padrastro, identificado como M. N. A. R., de 30 años, por un delito de homicidio en calidad de autor, mientras que la madre del niño, I. A. D., de 23 años, fue imputada por reiterados delitos de violencia doméstica especialmente agravados. Ambos fueron enviados a prisión preventiva.
No obstante, en la jornada de ayer se celebró una nueva audiencia en el Juzgado Letrado de Mercedes de Primera Instancia de Primer Turno, donde la fiscalía solicitó la reformalización de los imputados, lo que derivó en un cambio sustancial en la calificación jurídica de los hechos.
Según se informó por varios medios, la mujer pasó de estar imputada por violencia doméstica a ser acusada de homicidio especialmente agravado, lo que implica que, a esta altura del proceso, se la considera con responsabilidad directa en la muerte de Santino, posicionándose como la principal señalada. En tanto, el hombre fue reformalizado por homicidio en la modalidad de comisión por omisión, una figura que no lo exime de responsabilidad penal, pero que lo desplaza del rol de autor directo del crimen.
La crónica judicial indica que este cambio procesal convalida las hipótesis manejadas durante la investigación, que apuntan a un posible encubrimiento por parte del padrastro frente a determinadas conductas de su pareja.
En la misma audiencia, el juez dispuso prorrogar la prisión preventiva de ambos imputados hasta el 28 de marzo, así como extender el plazo de investigación de la causa.

Paralelamente, se confirmó que el hombre enfrenta además otro proceso penal por reiterados delitos de atentado violento al pudor y reiterados delitos de violación, en régimen de reiteración real, hechos que no guardan relación con la muerte del niño.
QUISIERON HACER CREER QUE TUVO UNA CAÍDA
En este contexto, la abuela paterna de Santino, Rosario Acosta, brindó un extenso y conmovedor testimonio en el que relató cómo vivieron los días previos y posteriores a la tragedia. Señaló que, pese a la distancia –residía a unos 50 kilómetros, en la localidad de Sacachispas–, mantenía un vínculo frecuente con el niño y su madre, a quien describió, hasta entonces, como una mujer atenta y afectuosa.
“Jamás le gritó ni le pegó, era, ante mis ojos, una madre amorosa”, expresó, reconociendo que nunca advirtió signos visibles de maltrato. Relató además que durante el último mes la madre evitó facilitarle la dirección de la nueva vivienda donde convivía con su pareja y el niño, situación que hoy cobra un significado distinto.
La mujer recordó con dolor el momento en que fue alertada de un supuesto “accidente doméstico” y la desesperada carrera hacia Mercedes bajo la lluvia. “Llegué al hospital, le di un besito y le prometí que todo iba a estar bien. Fue la primera promesa que no le pude cumplir”, afirmó. Los informes médicos que recibió posteriormente fueron devastadores. Santino presentaba hematomas en rostro, cadera y espalda, fracturas costales y de cráneo, además de lesiones oculares que evidenciaban golpes y sacudidas de distintas fechas, descartando de plano un hecho accidental aislado.
“Cuando me dijeron que debían desconectarlo sentí morir”, relató, agregando que el niño permanecía con muerte cerebral desde el jueves previo a su fallecimiento. También expresó su desconcierto por la actitud de la madre, quien permaneció escasos minutos junto al pequeño y luego se retiró de Paysandú antes de la autopsia.
Mientras la investigación continúa su curso, el caso de Santino sigue generando profunda conmoción, no solo por la brutalidad de los hechos que se investigan, sino por el progresivo esclarecimiento de un entramado de responsabilidades que aún tiene etapas clave por delante en sede judicial.


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