Ollas y merenderos populares se redujeron un 35% respecto a 2020

La cantidad de ollas y merenderos sigue siendo mayor en Montevideo respecto al interior del país. Aumentó la participación del Estado como proveedor de insumos.

La Universidad de la República publicó la semana pasada el Tercer relevamiento nacional de Ollas y merenderos populares en Uruguay (2025). La investigación que dio lugar al informe fue realizada en 2025, cuando se identificaron 415 iniciativas dispersas por el país, aunque con una amplia mayoría en Montevideo (64%) frente al interior del país (36%).

En Paysandú la cantidad de ollas y merenderos que se mantienen activos se redujo de 27 en 2020, a 6 el año pasado. Ya en 2022 el número había bajado a 7. Estos dispositivos, afirma el estudio, dejaron de ser una respuesta coyuntural a la situación de emergencia sanitaria y socioeconómica ocasionada por la pandemia de COVID-19, como lo fueron en 2020, momento en que se originó la mayoría de estos dispositivos, el 71% de las que permanecen hoy. Además de preparar y entregar alimentos, también se constituyeron en espacios comunitarios fundamentales para responder a otras necesidades más allá del alimento. Sostienen los investigadores que a lo largo de los últimos cinco años el fenómeno de las ollas y merenderos populares ha tenido algunas transformaciones relevantes. El primero de ellos es que se redujeron en cantidad. Pasaron de 645 iniciativas en 2020 a 415 en 2025, un 35% menos. De 6.100 personas organizando en 2020 pasaron a ser 2.738 en 2025, una reducción del 55%, y de 506.400 porciones semanales servidas pasaron a 173.555 en 2025, la baja es del 66%.

Evalúan los expertos que estos cambios pueden estar indicando que se prioriza sostener los espacios funcionando, “aunque menos personas puedan hacerse cargo de la labor semanal, y sirvan menos porciones”.

ANEXOS

Un aspecto que destaca el informe es que, además de cocinar y entregar alimentos, es notorio el aumento en la cantidad de ollas y merenderos en los que se realiza al menos alguna actividad adicional. Pasaron de 84% en 2022 a 93% en 2025.

Este dato aumenta en todas las categorías de acción, especialmente aquellas que refieren a actividades recreativas, culturales, deportivas y educativas, así como a la orientación o derivación a otros espacios por problemáticas sociales múltiples.

Se mantiene además “una fuerte feminización del trabajo comunitario”, señalan.

En 2025, el 72% de las personas organizadoras son mujeres, frente a un 28% de varones, lo que supone un leve aumento de la proporción femenina respecto a relevamientos anteriores.

MÁS MERENDEROS

La investigación relevó que el 40% de las experiencias articula con otras ollas y merenderos, ya sea mediante redes formalizadas o colaboraciones directas, mostrando la persistencia de lógicas de cooperación territorial.

Otra tendencia que se consolida es el aumento proporcional de los merenderos respecto a las ollas. La reducción del plato caliente frente a la merienda era un fenómeno que se había observado ya en 2022, señalan.

El 85% de las iniciativas tienen merendero en 2025 (42% sólo merendero, 43% merendero y olla); de cualquier modo, 58% de las iniciativas llevan adelante solo olla, u olla y merendero, por lo que la preparación del plato caliente sigue siendo importante.

Una de las transformaciones relevantes tiene que ver con el perfil del grupo organizador: las iniciativas vecinales y familiares siguen siendo mayoritarias (sumando 59% del total de OMP), pero crecen las iniciativas llevadas adelante por grupos de instituciones religiosas (21%) y clubes deportivos (12%).

ESTADO

Otro aspecto que destaca el estudio es que se incrementa la participación del Estado como fuente de insumos.

En 2025 el 91% de las iniciativas recibió algún tipo de insumo de organismos estatales, cuando en 2022 lo hacía el 74%. Hoy es la principal fuente de insumos para el 63% de las ollas y merenderos populares.
También crecieron en importancia los recursos propios de los organizadores, mediante aportes en dinero o insumos, o a través de fondos recaudados colectivamente, modalidades que en conjunto son fuente de insumos para el 68% de las experiencias. También se mantienen relevantes los aportes de donantes particulares (41%), vecinos (26%) y comercios locales (25%).

Aunque hay “un mayor alcance relativo de los organismos del Estado” con algún tipo de aporte, sigue siendo importante la trama local de sostén.

POBLACIÓN

En cuanto a las personas que se alimentan en ollas y merenderos, se observa que el perfil está más orientado a niños y adolescentes en los merenderos, mientras que las ollas presentan perfiles poblacionales más diversos, “entran adultos, adultos mayores, personas en situación de calle, trabajadores informales y zafrales y familias en situación de pobreza”.

La relación con las personas que se alimentan en ollas y merenderos permanece sin cambios respecto al 2022: en el 64% de las iniciativas las personas que organizan también comen de lo preparado, y en el 51% de las iniciativas los comensales colaboran con alguna tarea.

En cuanto a las necesidades expresadas por quienes llevan adelante estas iniciativas, se destaca la falta de insumos suficientes para cocinar (66%), falta de apoyo técnico psicológico y social (36%), falta de leña o gas (28%) y falta de un espacio adecuado para cocinar (24%).

El trabajo fue realizado por un equipo de diez investigadores de la UdelaR, encabezado por Anabel Rieiro del Departamento de Sociología (FCS), junto a la Coordinadora Nacional de Ollas y Merenderos Populares-Ollas por Vida Digna y el Servicio Central de Extensión y Actividades en el Medio.