Una vez más, debemos referirnos a expresiones y a la gestión del actual intendente Nicolás Olivera. Días atrás se refirió a las fuerzas de oposición como aquellas que durante el período pasado estuvieron criticando y denunciando su gestión del Vertedero Municipal, pero luego la población de Paysandú le dio a él y a su gobierno un gran apoyo, pasando el FA de 14 a 10 ediles, dando así a entender que la gente habría laudado de esa forma cualquier discusión posible sobre los temas.
Pues bien, tenemos que disentir nuevamente con el intendente; en democracia, las oposiciones o las opiniones disidentes no solo son necesarias, sino que en términos generales, ayudan a mejorar la gestión pública, siempre y cuando quien las formula y quien las recibe tengan voluntad de construir en común. Pues bien, su gestión en el Vertedero, es verdad que ha estado signada por una serie de denuncias o planteos que siempre buscaron la transparencia de los números, de cómo se llegó a que Sandeco tomara las riendas del lugar, de cómo se llegó a gastar mucho más de un millón de dólares en una forma de encapsulado final de los residuos que no tenía ni tiene ningún respaldo científico, y un largo etcétera.
Bueno, a pesar de los planteos realizados en los últimos cinco años, nunca se admitió el fracaso de la gestión, por el contrario, pocos días antes de las elecciones de mayo del ‘25, el propio intendente hizo una puesta en escena en el lugar, diciendo que todo era fantástico, para pocos meses después, rescindir el contrato con Sandeco y sostener muy suelto de cuerpo que constataron grandes incumplimientos y que se había puesto la salud de los sanduceros en peligro.
Pero este “acting” no quedó solo en el vertedero; todavía seguimos esperando que se nos explique cómo es posible que se haya gastado un millón seiscientos mil dólares en un Masterplan, cuyo autor fue una empresa holandesa, cómo llegamos a gastar más de tres millones de dólares en la remodelación de la Plaza Constitución, sí señor, tres millones de dólares en una plaza, cuándo se habilita la venta de la plaza de palos a un particular, cómo construimos una residencia estudiantil en una zona inundable cuando a los vecinos de la misma los estamos realojando por el peligro de las inundaciones, cómo gastamos seis millones de dólares en el estadio cerrado sin un cronograma claro de actividades en el año que justifiquen tamaña inversión, cómo seguimos asociando a la IDP a la Fundación a ganar en un esquema de no pago de impuestos que, de ser particulares los involucrados, estarían declarando en fiscalía, y un largo etcétera. El intendente tiene poca memoria, su partido y especialmente su sector, fueron una oposición cerrada al gobierno de Guillermo Caraballo, al que le retaceó los votos para llevar adelante un gran fideicomiso de obras, para luego beneficiarse con la visión de ese mismo gobierno, que fue el que le posibilitó llevar adelante la ejecución del fideicomiso de obras más importante de la historia de Paysandú, que seguramente es el que le permite hoy renovar su mandato por los márgenes que dice. Porque, seamos claros, la visión de un Paysandú distinto, necesitado de inversión pública para su despegue y consolidación, no emergió del sector político del intendente, y mucho menos del intendente, fueron los partidos de izquierda los que la diseñaron y llevaron a la Junta Departamental para su aprobación, digamos las cosas como son.
Lo último de lo que nos hemos enterado es de un supuesto proyecto de polder, para evitar las inundaciones en la zona costera, con relación al cual se llega a hablar de un nuevo fideicomiso de unos cuarenta millones de dólares. Sin perjuicio de que personas más capacitadas que uno se podrán expedir sobre el tema, nos parece un absoluto despropósito el solo hecho de pensar en tal gasto, tomando en consideración que ganarle terreno al río no puede ser una prioridad para una ciudad como Paysandú, que tiene innumerables y vastísimos predios aptos para ser habitados por sus ciudadanos. Esto demuestra una vez más que la atención de nuestro intendente siempre está puesta en las obras faraónicas y de lucimiento personal, sin pensar en el común de la gente, que, en todo caso, más que un polder necesita cartera de tierras, soluciones habitacionales accesibles, servicios, etcétera, pero claro, el ejemplo de Paylana nunca fue valorizado ni replicado durante su gestión.
Por eso, cuando escuchamos al intendente dando clases de civismo, de democracia, haciendo números, creemos que también debería hacer un ejercicio de memoria, de reflexión y de reconocimiento de sus propios errores, que, como vimos, son muchos, y no tengan dudas, seguiremos marcándoselos, así seamos los únicos que lo hagamos.
Dr. Federico Álvarez Petraglia

