Lunes 9 de febrero, 21 horas. Una Citroën Berlingo con su conductor como único ocupante viajaba en dirección hacia Paysandú por el camino a Casa Blanca. De repente, en la oscuridad de la noche un potrillo sale de entre la frondosa vegetación que cubre completamente la banquina sur y se cruza frente al rodado. No hubo tiempo para reaccionar, y el equino impactó en el frente del vehículo, destrozando capó, parabrisas, guardabarros y paragolpes. El animal voló por los aires, dando giros hasta caer en el pavimento, pero no murió: como pudo se incorporó y salió al galope hacia la otra banquina. Esta vez la suerte estuvo a favor: no hubo víctimas –al menos humanas–, no hubo lesionados graves, y gracias a que circulaba a muy baja velocidad y que el animal era relativamente pequeño y liviano, los daños materiales fueron menores.
“Conozco bien el camino y sé que suelen haber caballos sueltos, por lo que venía muy despacio, a menos de 60 kilómetros por hora. Pero un poco antes de llegar a la reductora de UTE, unos metros al oeste de la curva donde sale el camino a la balsa del arroyo Negro, salió un potrillo a toda carrera que me sorprendió. No podía verlo porque estaba entre los árboles y ramas que llegan hasta el borde mismo de la carretera y que tienen varios metros de altura. Ahí es imposible ver nada hasta que lo tenés encima”, contó el infortunado conductor a EL TELEGRAFO.
El tema de los caballos sueltos en el Camino a Casa Blanca ha sido reiterado en nuestras páginas, incluso fue planteado por el fallecido diputado sanducero “Carlucho” Moreno.

Los animales han provocado gravísimos accidentes con consecuencias devastadoras, pero se sigue sin tomar medidas firmes con quienes en una actitud cuasi criminal dejan los animales pastando a la vera de caminos y rutas. Y cuando ocurre un siniestro, nadie se hace responsable; los dueños no aparecen o son insolventes –además de impunes en los hechos–, mientras que la Intendencia se justifica en la supuesta responsabilidad del INBA por no cumplir con su obligación de velar por la seguridad en el tránsito en calles y caminos de su jurisdicción.

En el Camino a Casa Blanca, la vegetación natural sobre la banquina agrega un factor crítico de riesgo, por cuanto es tal la falta de mantenimiento vial que, cuando un vehículo se aproxima de frente y hay que correrse lo más posible a la derecha, frecuentemente se termina golpeando las ramas de los arbustos. Para agregar una cuota parte más a los riesgos, unos metros más al norte, actualmente se encuentra la Dirección de Vialidad, que en determinadas horas hace cambio de turnos de personal municipal.

Algunos concurren en autos o camionetas, pero también suelen verse motociclistas que salen a toda velocidad hacia el centro, muchos sin luz en la madrugada, a veces sin chaleco reflectivo y con ropas oscuras. Todas condiciones para el desastre, que si no se toman cartas en el asunto, tarde o temprano inevitablemente ocurrirá. Esta vez “salió barata” desde el punto de vista humano.
Pero los daños materiales generarán importantes contratiempos al automovilista y un fuerte desembolso de dinero. Mientras, el propietario del animal a lo sumo se molestará porque le atropellaron su potrillo, cuando pudo haber provocado una catástrofe, y la Intendencia seguirá mirando para el costado, para no asumir el costo político de quitar los animales que dejan estos irresponsables sueltos en caminos y calles de Paysandú.

