El de AFE debería ser un caso de estudio en las universidades del mundo, la liquidación, lenta y triste, de un monopolio público. No una reforma que lo tumbe y, desde los cimientos, dar inicio a algo nuevo que le suceda, no. Como un ensañamiento el Estado uruguayo se encargó de desangrar una de sus empresas, de desinflarla, quitándole sentido de a poco, viendo cómo los funcionarios que iban quedando atestiguaban el proceso a costo, seguramente, de su propia salud, física y mental, asignándole una misión que al mismo Estado ya no le interesaba, mientras todo alrededor se iba cayendo de a pedazos, literalmente, porque mientras se desarticulaban secciones, los locales que iban quedando vacíos y sin mantenimiento se venían abajo, cuando no se los llevaron en carretilla. Pero a la misma vez nadie se ha animado a dejar de sostener la mascarilla de oxígeno para poner fin a la agonía y el discurso seguía siendo el de revitalizar, invertir, recuperar. Una y otra vez, uno y otro período, la empresa siguió cayendo al vacío, y en eso sigue, con cada vez menos trabajadores, funciones y razón de ser. Y ahí está la Estación Central, viejo símbolo de la modernización del país convertida en un yuyal cercado con un tejido exhibiendo su ostentosa fachada como si fuese una parodia de su original propósito.
Ahora, el actual directorio ha lanzado una licitación para desprenderse de material en desuso y poner en marcha “un plan de ordenamiento de su patrimonio inmobiliario en todo el país”, como una forma de “generar ingresos para fortalecer el sistema ferroviario”, además de “reducir la dependencia del subsidio estatal y reposicionar al modo ferroviario como un actor clave en la logística nacional”, según indicó en una entrevista con radio Carve el presidente del directorio, Ernesto César.
En la aplicación de estas medidas, la empresa está llevando a cabo un relevamiento de los importantes volúmenes de rieles, durmientes y otros materiales que quedaron fuera de uso tras la modernización de la infraestructura, especialmente a partir de la obra del Ferrocarril Central, pero también por otras renovaciones, como la que se concretó —parcialmente al menos— en esta zona del país, donde también quedó mucho material ocioso, acumulado en diferentes puntos y del que se pretenden desprender, incluyéndolo en estas licitaciones, vendiéndolo como acero reutilizable.
Además de generar recursos, la medida busca resolver problemas asociados a estos acopios, como vandalismo, falta de seguridad e inconvenientes para las comunidades cercanas. “Estamos solucionando un problema en territorio y al mismo tiempo creando una fuente de ingreso para el modo ferroviario”, señaló César.
El directivo aludió en estos planes a la intención de que Servicios Logísticos Ferroviarios (SELF), una empresa subsidiaria, creada hace ya décadas como una estrategia para concretar estos mismos planes que ahora vuelven a anunciarse, pero que terminaron en lo mismo de siempre, la situación de SELF difiere poco de la de AFE.
César sostiene que estas decisiones se enmarcan en el proceso de transformación del sistema ferroviario, cuyo inicio sitúa años atrás en la apertura del uso de las vías con fines de transporte de carga a operadores privados, lo que tuvo una primera concreción real recién con la inauguración del Ferrocarril Central. En este esquema, AFE participa a través de SELF, en los papeles una empresa de capital estatal, que opera en régimen privado. Pero podría también situarlo en el momento que quisiera, porque hablar de un proceso, como dando la idea de que se han venido dando pasos prestablecidos en un programa, proyecto o cosa similar, cuando a la vista está que nada de ello ha ocurrido y que lo poco que sobrevive lo hace por pura vocación y resistencia de los trabajadores, que una y otra vez han planteado alternativas y reclamado mejorar para trata de sostener lo que por un lado las autoridades han estado diciendo, un período de gobierno tras otro, pero que no han llevado a la práctica más que en forma parcial y dejando por fuera la estructura de aquella empresa gigante que se conformó tras la adquisición de los viejos ferrocarriles de los ingleses, ferrocarriles que no supimos mantener y mucho menos mejorar.
Para César se ha abierto una oportunidad para “redimensionar la empresa y enfocarnos en la operación ferroviaria”, en alusión a las decisiones que en 2022, por vía legal, trasladaron al Ministerio de Transporte y Obras Públicas la administración y mantenimiento de la infraestructura ferroviaria, lo que deja a AFE solamente en el rol de operadora, tanto en pasajeros como en carga. Sin embargo en los hechos es una operadora que solamente opera una línea de pasajeros entre Tacuarembó y Rivera dos veces por semana y que en materia de cargas hace traslados para Ancap entre Minas y Montevideo, por medio de SELF, y que aspira a recuperar el traslado de combustible, también de Ancap, a las plantas de Treinta y Tres y Durazno. Aspira, porque hasta ahora no hay nada oficial, y, como están las cosas, quizás hasta más conveniente sea para la petrolera —y para todos— una tercerización de estos pocos traslados que van quedando, y empezar a ir terminando con esta triste agonía.

