La memoria viva de un poeta sanducero

Con una velada atravesada por la poesía, los recuerdos compartidos y la música, el Espacio Cultural Prisma de Lunares fue escenario de “Al menos existe la palabra”, evocación literaria dedicada al poeta sanducero Oscar Tortorella al cumplirse 82 años de su nacimiento. El encuentro reunió a amigos, lectores y seguidores de su obra, en una noche pensada no solo como homenaje, sino también como una forma de rescatar del olvido la producción de un poeta singular, cuya obra y modo de concebir la palabra dejaron una marca profunda en el ámbito cultural local.

Una trayectoria entre lenguas, docencia y poesía

Sebastián Monzón, anfitrión y organizador del encuentro, compartió una presentación biográfica construida a partir de diversas fuentes y del relato de quienes conocieron a Tortorella de cerca. En sus palabras destacó cómo, con el paso del tiempo, se ha ido conformando “una pequeña corriente de amigos y admiradores” que sigue creciendo, algo que –señaló– se hacía visible en el propio encuentro.
Nacido en Paysandú el 2 de febrero de 1944 y fallecido en la misma ciudad el 14 de julio de 2019, Oscar Tortorella Grecco desarrolló una trayectoria marcada por las lenguas, la docencia y una concepción de la palabra entendida como experiencia viva, oral y compartida. Comenzó a escribir poesía en su adolescencia, primero en francés y luego en español, y se formó tanto en Uruguay como en Francia, donde residió durante largos períodos. Ejerció la docencia en liceos del interior del país y en distintas ciudades de Normandía, manteniendo siempre un vínculo activo entre ambos territorios, destacó Monzón. Su primer libro, La palabra, el exilado, publicado en 1982 por Ediciones de la Banda Oriental, inauguró una serie de figuras poéticas que lo acompañarían durante años, “voces desplazadas, marginales, o provenientes de otros planos, que con el tiempo fueron transformándose y multiplicándose. En obras posteriores el hablante poético fue adoptando nuevas máscaras ligadas a lo mágico, lo ritual, lo comunicante, siempre con la palabra concebida como una fuerza capaz de vincular, convocar y transformar”. A lo largo de su vida publicó en español y en francés, participó en antologías y revistas, y produjo un gran número de cuadernillos y fanzines artesanales, muchas veces fotocopiados o manuscritos, que circularon por fuera de los canales editoriales tradicionales. Uno de los rasgos más singulares de su obra fue el llamado “babelismo literario”, práctica desarrollada junto al escritor francés Christophe Dubois, basada en el cruce de idiomas dentro de un mismo poema y en la valoración del ritmo, la sonoridad y la experiencia comunicativa del lenguaje.

La palabra como acto y encuentro

La dimensión oral ocupó un lugar central en el recorrido de Tortorella. Durante décadas impulsó recitales y encuentros poéticos colectivos, donde la poesía dialogaba con la música y otras expresiones artísticas. Estos espacios no eran concebidos como simples lecturas, sino como instancias de presencia compartida e intercambio simbólico. Varios de los asistentes a la velada formaron parte de esas experiencias.
En un sector del local se exhibieron publicaciones de Tortorella, como también fotografías, que permitieron al público acercarse materialmente a su obra. A lo largo de la noche, la poesía del homenajeado fue retomada e interpretada desde distintos lugares. Liliám Silvera, amiga personal del poeta, compartió una semblanza que recorrió su figura y su trayectoria; Silvia Grattarola participó de forma virtual, a través de un video, aportando recuerdos y lecturas, y el escritor Jorge Jesús se detuvo en algunos aspectos de su producción literaria. Un momento muy significativo estuvo a cargo del joven músico y compositor Agustín Cáceres, quien relató cómo llegó a Oscar Tortorella a través de su obra y cómo con el tiempo fue reuniendo parte de su producción, para luego compartir varios textos poco conocidos –entre ellos algunos cuentos breves–, dando cuenta de un legado que continúa encontrando nuevos lectores. También hubo palabras de Marcelo Tortorella, familiar del escritor, quien sumó recuerdos personales. Sobre el final, Eduardo “Chito” Lemes interpretó poemas musicalizados para distintos recitales en los que participó junto a Tortorella. Tras el encuentro, quedó latente una idea: la necesidad de rescatar, reeditar y poner nuevamente en circulación la obra de Oscar Tortorella, para que pueda estar al alcance del público y de las nuevas generaciones. Como expresaba el nombre de la actividad, al menos existe la palabra. Y en ella sigue viviendo Oscar Tortorella, una voz profunda, original y necesaria de la poesía sanducera.