Los seres humanos somos una parte del planeta, como los ríos, las plantas y los animales; pero algo nos distingue: somos conscientes de nuestra pertenencia y podemos actuar sobre la realidad que nos rodea.
Cuando se maltrata a la naturaleza, castigamos también a las personas, pues todo está conectado; la degradación ambiental y la pobreza tienen causas comunes.
Se ha generado una sociedad de consumo exacerbado, en la que se producen objetos con rápida fecha de vencimiento, sea por obsolescencia programada, modas o sofisticación.
Este modelo tiene dos consecuencias principales: la sobreexplotación de recursos no renovables y la acumulación de enormes cantidades de residuos.
No es exagerado sostener que estamos frente a una economía irresponsable que promueve la posesión de bienes materiales como valor central y es ciega a las otras dimensiones de la persona humana.
Es urgente promover un desarrollo ético adecuado al desarrollo tecnológico.
La naturaleza posee una estructura interna propia, una lógica ordenada, una armonía dinámica; el ser humano como ser material y espiritual posee la responsabilidad de proteger y preservar ese orden.
Es imprescindible que la creatividad humana busque caminos alternativos, respuestas novedosas que conduzcan a soluciones que superen los antiguos y nuevos desafíos.
Somos administradores temporales, no dueños; hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos.
La política y la economía deben ponerse al servicio de la gente y procurar un desarrollo sustentable, equitativo y con visión de futuro, aunque a veces las soluciones impliquen priorizar el bien humano (equidad en el acceso a la educación y servicios públicos o estrategias comerciales para captar valor a largo plazo) ante una opción económica más rentable.
Debemos cambiar nuestros estilos personales de consumo y adoptar hábitos más responsables.
Los países ricos deberían promover un comercio internacional justo que no bloquee el crecimiento de las economías en desarrollo.
Ing. Agr. José Francisco
Ramos Peralta

