Mides: a las puertas de un nuevo fracaso
El nivel de improvisación del gobierno nacional en algunas áreas de su competencia es realmente sorprendente. Es importante tener en cuenta que estamos hablando de una fuerza política que, salvo durante el período 2020-2025, ha gobernado Uruguay por más de 15 años. El Ministerio de Desarrollo Social (Mides) es uno de los ejemplos más claros de esa incapacidad para gobernar, todo ello con un agravante no menor: el Mides fue una creación del Frente Amplio durante la primera presidencia de Tabaré Vázquez y de inmediato fue convertido en el “buque insignia” de un aparato clientelista que trabajó sin descanso para que esa fuerza política tuviera “punteros” en cada uno de los barrios del país para que le juntaran los votos, tal como hicieron Néstor Kirchner y su esposa Cristina Fernández a través de los tristemente famosos “choriplaneros”.
En ese caos institucional que es el Mides, el plan relativo a las personas que se encuentran en situación de calle es otro ejemplo de buenas intenciones sin ningún criterio práctico de sentido común, ya que no se puede dejar a la voluntad de quienes viven en la calle la decisión de internarse o no. La internación debe ser compulsoria y en caso de que ello pueda ser considerado violatorio algún derecho individual resulta importante recordar dos artículos de la Constitución Nacional. El primero es el artículo 7 según el cual “Los habitantes de la República tienen derecho a ser protegidos en el goce de su vida, honor, libertad, seguridad, trabajo y propiedad. Nadie puede ser privado de estos derechos sino conforme a las leyes que se establecieren por razones de interés general”. O sea: la libertad de la cual gozan las personas que viven en la calle está sometida a las mismas limitaciones (interés general) que en el caso del resto de los habitantes de nuestro país. Esas razones de interés general pueden ser variadas en sus orígenes y finalidades, incluyendo las de garantizar una vida digna. En segundo lugar, el artículo 44 del texto constitucional el cual prevé que el Estado legislará en todas las cuestiones relacionadas con la salud e higiene públicas, procurando el perfeccionamiento físico, moral y social de todos los habitantes del país. ¿Existe acaso una acción más clara de buscar y lograr ese tipo de perfeccionamiento que sacando a esas personas de la calle? Como si ello fuera poco, el mencionado artículo 44 establece que todos los habitantes tienen el deber de cuidar su salud, así como el de asistirse en caso de enfermedad, expresando que el Estado proporcionará gratuitamente los medios de prevención y de asistencia tan sólo a los indigentes o carentes de recursos suficientes. O sea: la Constitución Uruguaya es clara al disponer el deber de todos los habitantes de cuidar su salud, es una obligación que no deja lugar a dudas y por eso mismo las autoridades (incluyendo el aparato clientelista del Mides) debe hacer cumplir estas disposiciones.
¿Cómo espera el Mides lograr que esos uruguayos y uruguayas vivan en condiciones dignas cuando hoy, a pesar de existir comedores o refugios con comida en la cual todo es gratis, sus destinatarios no se acercan a los mismos? ¿Por qué esas personas prefieren vivir a la intemperie y comer de lo que puedan obtener de las volquetas? La respuesta parece tan simple como obvia, pero también esquiva para el propio Mides: esas personas no tienen la voluntad de integrarse a ese sistema de protección social que el Mides presta porque han perdido toda referencia de valores y ya no les importa siquiera sufrir el frío o el hambre, prefieren rebuscarse revolviendo una volqueta y pedir plata a quien se le cruce que la seguridad de un plato de comida caliente, una cama y un techo en un refugio del Mides. Por eso es que claramente el nuevo plan anunciado está condenado al fracaso, porque no existe la posibilidad de obligar a esas personas a concurrir a esas instalaciones. Ni siquiera las alertas rojas garantizan el traslado de las personas en situación de calle, porque las mismas se esconden o desaparecen en el momento que se hace presente el personal competente y una vez que se van, reaparecen a ocupar sus lugares. De hecho, las estadísticas no contemplan a los okupas que se instalan en terrenos privados o casas abandonadas como personas en “situación de calle”, y es así que en plena vigencia de la obligatoriedad de concurrir a los refugios del Mides durante la última alerta roja por frío el año pasado, se seguían viendo decenas de “cuidacoches” que en la madrugada pedían dinero a quien se le cruzase por el camino en la zona céntrica o cerca de los comercios 24 horas de la ciudad.
En otro ámbito, es frecuente escuchar a educadores y autoridades de la enseñanza pública argumentando que si el niño no asiste a la escuela no pueden lograrse los beneficios que implican la educación, especialmente en contextos críticos. Resulta interesante utilizar este mismo razonamiento aplicándolo a las personas en situación de calle y su negativa a asistir a los comedores o refugios del Mides. ¿Cómo se espera que estas personas que viven en una situación tan precaria (agravada en muchos casos por el consumo problemático de drogas o alcohol) puedan mejorar su situación personal sino adquieren los hábitos mínimos para convivir en sociedad y sentirse parte de una comunidad que debe tenderles una mano porque son tan uruguayos como cualquier otro? La única forma de que ello sea posible es que concurran a los comedores o refugios del Mides, pero para ello se necesita que el traslado y estadía a los mismos pueda ser hecho de manera compulsiva, por el bien de ellos mismos y de toda la sociedad.
Para complicar las cosas, el Mides es el escenario de disputas internas en el Frente Amplio que ponen en primer lugar el reparto de cargos, las “chacras” personales y sectoriales y las ambiciones personales antes que las responsabilidades institucionales del propio ministerio y de sus autoridades. En ese sentido, hace algunas semanas el semanario Búsqueda informó que “Durante la campaña y una vez ganado el gobierno nacional a fines de 2024, el plan original del sector mayoritario del Frente Amplio, el Movimiento de Participación Popular (MPP), era ocupar por primera vez en su historia el Mides. Esa cartera estuvo liderada en los gobiernos frenteamplistas anteriores por los partidos de izquierda tradicional (socialistas y comunistas), y el MPP entendía clave esta vez quedar al frente, en un contexto de agravamiento de la vulnerabilidad social y un aumento sostenido de la población en situación de calle”. A pesar de que el Frente Amplio ha tratado de ocultarlo, existe un gran malestar con la gestión del ministro Gonzalo Civila mientras que el MPP espera “en la gatera” poder asumir su cargo y tratar de mejorar una gestión claramente mala.
Ante este panorama, el fracaso del anunciado plan del Mides es un hecho. La pregunta no es cuánto tiempo tardará en fracasar sino cuántas vidas le costará a nuestro país, sino cuánto tiempo, esfuerzo y recursos le tomará a este gobierno asumir que el buque insignia les ha vuelto a naufragar.




