Aunque es una noticia que podría perderse en el fárrago de información respecto a conflictos bélicos y de naturaleza policial y política que suele acaparar la atención del ciudadano común, recientemente la sección rurales de EL TELEGRAFO daba a conocer los resultados de investigaciones e ideas llevadas a la práctica, en una novedad que podría tener un efecto revulsivo en producciones primarias de nuestra región y especialmente en Uruguay, a partir de desarrollos que se están realizado en Argentina.
Es así que la cooperativa lanera “Trelew” y la empresa transandina Lanarq crearon el primer refugio sustentable o “casa” precaria que utiliza lana de descarte como aislante térmico en el sur argentino. Con el respaldo del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) del vecino país, este desarrollo de construcción en seco promete la máxima eficiencia energética, en lo que se considera una gran apuesta a la economía circular.
En este sentido se indica que en Chubut se está avanzando sustancialmente para desarrollar el aprovechamiento alternativo de la producción de lana como aislante natural, por conjunción de esfuerzos de la Cooperativa Lanera Trelew y la empresa LanArq Chile, que ha dado lugar al Proyecto LanArq Patagónico.
Se trata nada menos que un esquema de construcción sustentable, basado en la utilización de madera y lana de oveja, elemento este que por supuesto abunda en el sur argentino, pero ambos también son rubros de producción de amplia difusión en nuestro país, por lo que todo lo que pueda avanzarse en el uso de estos materiales nos atañe directamente, y abre la posibilidad de aprovechar sus beneficios para una diversidad de emprendimientos.
Y ya hay un prototipo para mostrar, tratándose del Refugio Chechenko construido en Chile Chico, ciudad y comuna de la zona austral de Chile, cerca de la frontera con Argentina. Es un proyecto que se enmarca en la línea del wood frame (marcos de madera), un método de construcción en seco, cuya armazón estructural está fabricada a partir de madera, pero que plantea como innovación principal el aprovechamiento alternativo de la lana como aislante natural entre paneles. Existe un antecedente directo, con el trabajo realizado en el instituto argentino INTI, junto con la Secretaría de Ciencia de Chubut, que impulsó hace unos años el uso de la lana como aislante para viviendas sociales.
El punto es que ya de esa experiencia piloto mejorada, la Cooperativa Lanera Trelew y LanArq dan un salto de escala al llevarlo a un modelo de negocio de exportación y construcción en seco como el wood frame.
La Cooperativa Lanera Trelew nació en 2016 como una empresa recuperada tras la quiebra de la histórica Lanera Austral y hoy procesa el 95% de la lana del país en el polo textil de Chubut y apuesta a la innovación con un enfoque de triple impacto. “Transformamos lo que antes era un desecho agroindustrial que terminaba quemado o en basurales, en un biomaterial de alto valor agregado”, explicaron dirigentes de la cooperativa.
En esta primera interacción conjunta, los paneles fueron construidos en la planta de la Cooperativa Lanera Trelew y luego exportados a Chile, con destino al desarrollo de una serie de cabañas en Chile Chico.
Debe tenerse presente en este contexto que para muchos pequeños criadores de la zona, el costo de la esquila es mayor que el precio que actualmente reciben por la lana de baja calidad. Si la demanda de estos paneles crece, lo que es ahora un desecho pasaría a tener un precio sostén y ayudaría así a que el pequeño productor rural no abandone el campo, lo que constituye una oportunidad financiera para el eslabón más débil de la cadena.
A su vez, entre otras ventajas, a diferencia de los aislantes sintéticos, la lana de oveja tiene la capacidad de absorber y liberar humedad sin perder sus propiedades térmicas. Funciona como un pulmón natural que evita la condensación y mejora la calidad del aire interior. También, gracias a su baja transmitancia térmica (capacidad de conservar el calor) permite reducir hasta un 70% el consumo de energía para calefacción, un factor crítico en el invierno patagónico, en tanto es 100% biodegradable y compostable, por cuanto a diferencia de los aislantes derivados del petróleo (lana de vidrio o poliestireno), este producto es natural y libre de tóxicos.
Además es ignífugo (resistente al fuego), tiene capacidad higroscópica (absorbe humedad sin mojarse) y posee “memoria” para recuperar su volumen original, garantizando que no se aplaste con el tiempo.
Por añadidura, la lana no solo no contamina, sino que captura CO2, ayudando activamente a combatir el cambio climático.
Es decir que estamos ante un aislante térmico de performance excepcional –probado nada menos que en la patagonia argentina/chilena, donde se dan intensos fríos– con materiales que se producen en forma abundante en suelo uruguayo, como son la madera y la lana, y en el último caso, los productores de nuestra zona tienen el mismo problema de costos con los desechos para los que no vale la pena pasar por los costos de esquila.
Asimismo, es posible la utilización de materiales que se industrializan en emprendimientos uruguayos a partir de la madera, como eventualmente playwood de baja calidad, así como paneles y tirantes de madera. Como es sabido, uno de los bien fundados reparos que se formulan al rubro forestal en nuestro país es el muy limitado procesamiento que se le aplica dentro de fronteras, al ser exportado mayormente como materia prima. El proyecto para aislación térmica con la lana de descarte abriría la posibilidad de potenciar el uso de esta materia prima con valor agregado al generar un mercado local y eventualmente con perspectivas de exportación, para generar fuentes de trabajo y reciclar riqueza, a la vez de contribuir a la preservación medioambiental. Un circuito de ganar-ganar, una fórmula que tanto necesitamos en estos tiempos.

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